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Pareja de delincuentes, un Juez y un Pollero

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Valentín Cardona.

 

Ricardo Aguirre Méndez es quien representa al juzgado tercero de primera instancia de lo familiar en Saltillo, Coahuila, sus acciones se encaminan a empañar el nombre del Poder Judicial de esa entidad, de por sí sucio, y al que suma poner muy en alto el nombre de México en el mundo; sí, pero de ocupar los primeros lugares entre los países más corruptos de la tierra.

José Rubén Cruz Valle es un pollero de doble nacionalidad, se dedica a la vida sucia y a la putería. Cuando le conviene es gabacho y cuando le conviene mexicano. Usa documentos oficiales mexicanos o gringos dependiendo dónde esté y lo que esté haciendo. Usa un domicilio en Tulsa, Oklahoma, en la Unión Americana, en el que tiene como pantalla una empresa de “roofing”. Cruz Valle recluta “mojarras” o indocumentados, a algunos les ofrece trabajo en su empresa, a otros simplemente los legaliza mediante documentos falsos que le proporciona su madre.

Eso en USA… en México, Cruz Valle usa un domicilio en Saltillo para sus andanzas, también documentos oficiales mexicanos; ahí la pantalla es su tía. Es un caso visible y raro, de esos en los que muchas agencias de investigación gringas y mexicanas invierten millonadas en recursos y personal “buscando”, pero que nunca encuentran.

Karla Inés es una mujer joven que hoy vaga por el mundo para protegerse así y a su hijo. En efecto, se encuentra escondida con amigos muy lejos de su tierra natal. Pesan sobre ella las amenazas “te voy a matar y te voy a quitar al niño”. Las amenazas de Cruz Valle se podrían cumplir en cualquier momento, puesto que logró el apoyo incondicional, mediante cochupos, del juez Aguirre y del “procurador de Justicia” de Coahuila, Homero Ramos Gloria.

El juez corrupto, Ricardo Aguirre Méndez.

El juez corrupto, Ricardo Aguirre Méndez.

Luego de casi cuatro años de soportar insultos, amenazas, encierros en su propia casa, violaciones, una vida miserable pues, Karla se decidió a dejar ese mundo y buscar uno mejor para ella y su hijo. Vivía en Tulsa, Oklahoma, cuando advirtió el turbio negocio de su marido. Ella le reclamó: “no me pongas en riesgo, ni a tu hijo”. Él le contestó: “pues si no te gusta lárgate, si hablas, te mato y te quito al niño y nunca más lo volverás a ver”.

Karla se enamoró y casó en Saltillo, en 2008, y ahí se estableció el hogar conyugal. Cruz Valle vivía en Saltillo y frecuentemente viajaba a USA, prácticamente vivían

separados. Al avanzar el embarazo, Cruz Valle convenció a Karla: “vente conmigo a Oklahoma, aquí te daré una buena vida a ti y a mi hijo”. Karla aceptó y su hijo nació en Oklahoma, aunque poco tiempo después, también fue registrado en México.

El sueño americano para Karla fue un infierno, varias veces se separó de Cruz Valle y se refugió en casa de sus padres en Saltillo. En fin… en febrero de 2012 Karla interpuso una demanda de divorcio contra Cruz Valle, que por desgracia cayó en manos de un juez corrupto: Ricardo Aguirre Méndez. Al principio todo pareció caminar conforme a derecho. El juez otorgó a Karla la guarda y custodia de su hijo y fijó a Cruz Valle un porcentaje de sus ingresos para manutención. Pero con las argumentaciones inadmisibles de Cruz Valle, el juez cambió de parecer, al grado de otorgar al infame la guarda y custodia del menor, del que por cierto muy poco se ha ocupado como padre.

Ante el sospechoso cambio de conducta de Aguirre, los abogados de Karla interpusieron diversos recursos legales contra el ilegal proceder del juez, pero nada pasó, el corrupto juez pesa y mucho en Saltillo. Para sus tropelías, Aguirre Méndez hace mancuerna con Cristina Aguirre Martínez, la secretaria del juzgado y su incondicional. En Saltillo la conocen literalmente: “Es una perra para los billetes”.

Un mal día Karla recibió por paquetería y en su domicilio un documento en idioma inglés. Se trataba de una notificación para que se presentara en un juzgado de Tulsa, Oklahoma, para atender una amañada demanda de divorcio interpuesta en esa ciudad en su contra por Cruz Valle, quien para este caso utilizó su identidad gabacha. Karla buscó ayuda en los consulados mexicanos en Torreón, Coahuila, y en Little Rock, Arkansas. Nada obtuvo.

Es curioso, para voltear la tortilla, a Cruz Valle le bastó presentar a Aguirre Méndez documentos de identidad gabachos y negar así nomás su residencia en Saltillo. Y para ganar un sucio juicio en USA a Karla, le bastó una notificación en inglés y por correo. Para la turbia mentalidad de Aguirre Méndez esto es correcto, no existen los tratados ni los derechos internacionales, y mucho menos los derechos constitucionales para los mexicanos. Enfermo, el cerebro del juez razonó: “Cruz Valle no fue notificado legalmente, Karla sí fue notificada legalmente”.

En Oklahoma, los notarios públicos pueden certificar documentos sin tener los originales a la vista, sí. No existió exhorto legal para notificar a Karla el proceso gringo en su contra, pero sí para presentar al juez mexicano la sucia sentencia oklahoniana. Cruz Valle acudió con un amigo notario igual que él -gabacho y mexicano- a que certificara documentos cuyos originales están en posesión de Karla. Enfermo, el cerebro del juez razonó: “si viene del gabacho todo es legal”. Pues se equivocó, claro, a su conveniencia.

Acostumbrado a moverse en la podredumbre, a Cruz Valle no le bastó corromper parte del aparato judicial de Coahuila. También se incrustó en el putrefacto sistema de procuración de justicia en esa entidad. En Coahuila se cuentan por miles los

desaparecidos, diario hay decenas de ejecutados, cientos de robos a particulares, a casas habitación y de automóviles. El crimen organizado opera y crece a sus anchas bajo la dictadura de la familia Moreira. No hay agentes del Ministerio Público ni policías judiciales que alcancen, dicen. Pero eso sí, Cruz Valle se hace acompañar de dos judiciales permanentemente, quienes amedrentan y acosan a la familia de Karla para que la entregue, igual que a su menor hijo. “Son ordenes del procurador (Homero Ramos Gloria)”, amenazan los judiciales.

Otra curiosidad. En diciembre de 2012 Cruz Valle acechaba a Karla y ella no lo sabía. Iba llegando a su casa con su hijo de la mano cuando intempestivamente un auto le cerró el paso, del carro bajó corriendo Cruz Valle y le arrebató a su hijo, llorando el niño lo subió al carro y se dio a la fuga. La mujer que la hizo de chofer y cómplice es una prostituta de Saltillo que se prestó a delinquir. Rápido se dio aviso del secuestro y de los datos del vehículo a la Policía Municipal. Los municipales detuvieron el carro rumbo a la salida a la ciudad de Monterrey y llevaron a los presuntos secuestradores ante el Ministerio Público.

Para lograr su libertad, Cruz Valle se ostentó como padre del menor y como gabacho: “no me pueden tocar, soy ciudadano americano”, dijo al MP. Luego, pagó su fianza y la de su amante. El proceso quedó abierto y hasta la fecha, sigue el camino hacia la impunidad…

Esta parece una historia de ficción y de terror, no lo es. Hoy Karla se encuentra fuera de Coahuila luchando. Busca reivindicar su vida y la de hijo. A pesar de que Coahuila se encuentra sumergida literalmente en la caca en las materias mencionadas, es seguro que algún día lo logrará.

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