Pedro Echeverría V.

  1. México es un país tan democrático que cualquiera puede ser presidente de la República: un evidente imbécil, un explotador, un ladrón, un entreguista, un traidor. Dado que el voto de los electores mexicanos ha sido siempre producto del engaño y la manipulación, de las promesas y la demagogia, así como de la venta y la compra de votantes, quien logra triunfar es quien consigue reunir los apoyos de la clase empresarial, de los EEUU, de los medios de información y eso que han llamado los “poderes fácticos”. Si se revisara uno por uno los gabinetes de gobierno se podría ver que los conocedores, los honestos o los trabajadores no llegan, nunca han gobernado.
  2. Durante mucho tiempo salieron de la secretaría de Gobernación los candidatos presidenciales preparados por el presidente en funciones. El presidente, más que consultar a sus tres o cuatro amigos más cercanos y al embajador yanqui, había sopesado al personaje. Hubo por ahí un secretario del Trabajo, otro de Hacienda y de Programación, pero el hilo se rompió cuando Zedillo apoyó al panista Fox. ¿Algún tonto u oportunista puede decir que los votantes son libres olvidando que hay toda una estructura política, económica, de propaganda y de los medios de información que lleva a los votantes a las urnas para sufragar automáticamente por quien le han dicho?
  3. Los electores lo único que han hecho con sus votos es legitimar o legalizar lo que la clase en el poder ha preparado con sumo cuidado. ¿Saben cuántos miles de millones de pesos del presupuesto público dilapidan los partidos? En 2015 se repartieron: PRI: 1,376 millones; PAN: 1,158, PRD: 886, Verde: 444, y así hasta llegar a 10 partidos. Realmente un insulto, una mentada de madre a la población mayoritaria con un salario mínimo de 70 pesos diarios (cuatro dólares) por ocho horas de trabajo. Por ello en los mítines políticos -del partido que sea- acuden muchos para recibir un pequeño regalo, aunque sea una limosna, para saciar su hambre.
  4. El PRI impuso casi el 100% de sus políticas hasta mediados de los años 80, es decir, hasta que se introdujo con toda su fuerza el neoliberalismo privatizador. Si bien en los setenta, con los gobiernos de Echeverría Álvarez y López Portillo, aún se hablaba del “nacionalismo revolucionario”, el gobierno conservaba 1,500 empresas “paraestatales” y se confrontaban algunas veces con los empresarios, a partir de los gobiernos de De la Madrid (1982-88) y Salinas (1988-94) el PRI se entregó totalmente a manos de los empresarios y el PAN vio su oportunidad privatizadora y comenzó a prepararse para gobernar de manera directa.
  5. Hoy, el desprestigio de todos los partidos políticos es enorme porque nada han hecho a favor de la población y por las fabulosas cantidades que dilapidan en provecho propio. Pero los empresarios -siempre muy ligados al imperio de los EEUU y opositores a sectores empresariales de otras regiones- han metido una cuña política con la idea de “los independientes sin partido”. Me recuerda el enfrentamiento de 1975-76 entre los empresarios Garza Sada de Monterrey y el presidente Echeverría Álvarez que provocó muchas broncas y la devaluación monetaria. ¿Puede olvidarse que también aquellos empresarios se oponían a la CTM y a Fidel Velázquez?
  6. Ahora en Nuevo León hay un gobernador que pensé que le apodaban “El Bronco” porque estaba dispuesto a encabezar una revolución de trabajadores desde el norte. Mi decepción fue cuando me enteré que era un dócil instrumento de los empresarios, muy parecido al ex presidente Fox que declaró cínicamente que era un presidente “de los empresarios y para los empresarios”. Tengo la convicción de que si los partidos políticos han llegado al máximo de la corrupción institucional, los llamados “independientes” no son más que políticos al servicio de los empresarios,
    Amlo
    Andrés Manuel López Obrador y el viejo dogma, “si no estás conmigo estás contra mi”.

    de la derecha y del panismo. El pueblo no debería votar, pero lo va a hacer por quien le compre su voto.

  7. Parece que López Obrador le ha entrado a una discusión que se antoja “chismes de mercado”. No debería aceptar porque por su trabajo político está a una altura de diez metros sobre los demás; sin embargo, AMLO tiene la obligación de revisar las sanas críticas que ha recibido desde la izquierda. No se trata de mandar a todos al carajo, sino de ver -en la lucha de clases- de dónde viene. Si AMLO no es capaz de acercarse con sinceridad a las luchas sociales de la CNTE, de los padres de Ayotzinapa, zapatistas, teólogos de la liberación, electricistas, mineros, telefonistas, atencos y más grupos de trabajadores que han planteado batallas, entonces que no se queje.

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