Luis Leija.

Es intrigante el saber por qué el gobierno federal, encabezado por un individuo que una y otra vez ha dado muestras inequívocas de una ignorancia supina, una falta de cultura y educación, una rudimentaria formación académica y una deplorable habilidad verbal, se empeña obstinadamente en imponer una reforma educativa carente de contenido pedagógico y solo enfocada a despojar al gremio magisterial de su autonomía.

Este gobierno, al igual que los que le antecedieron a lo largo de los últimos años, toma decisiones sin consultar a los ciudadanos afectados por los cambios arbitrariamente propuestos y realizados. Es la forma de gobernar de un sistema que no considera al pueblo como el soberano y el eje rector en una “democracia”.

Aquí en México al ciudadano no se le toma en cuenta, así se trate de los sectores de salud, seguridad, energía, educación, agricultura, comercio, urbanismo, indigenismo, etc.

La Democracia es tener siempre presente a la ciudadanía en su compleja composición, pero donde la inmensa mayoría carece de recursos y solo es tomada como cliente electoral cada período electoral; el pueblo es el eje que da razón a los sistemas democráticos. ¿Por qué ese desprecio, esa desvaloración a la gente, a las personas a los mexicanos comunes y corrientes?

¿Cómo es posible que el presidente Peña Nieto, siendo un ignorante consumado, se atreva a juzgar a los trabajadores de la educación cuando él mismo no ha leído completo ni un solo libro?

¿No es esto absurdo, solo propio de un país surrealista?

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