Las auras del pueblito y Miguel de Cervantes Saavedra

Las Salitas del alacrán“Yo soy yo y mi circunstancia”, José Ortega y Gasset

Dr. Salvador Salas Ceniceros.

Cada mañana al  salir al jardín me pregunto: ¿Por qué motivo me acuerdo de Miguel de Cervantes Saavedra?

A 400 años de su fallecimiento (22 de abril de 1616) mucho y muy merecido se ha dicho del gran escritor, sin embargo poco sobre cómo escribió.

Su azarosa y atropellada existencia recuerda mucho a la de Pepe Revueltas pues buena parte de su vida la pasó en las cárceles, pero no son éstas las circunstancias a las que voy a referirme.

En una época en que difícilmente podía conseguirse papel, y menos si se encontraba preso, y que se tenían que utilizar plumas de ganso cuya punta se sumergía en el tintero para escribir finalmente, era complicado realizar obras literarias.

Y a estas circunstancias le agregamos su condición de “manco” de Lepanto (para no confundirlo con el de Celaya: Álvaro Obregón, quien presumía que como presidente de México su condición le permitiría “robar solo la mitad”. Todos los demás han tenido, para nuestra desgracia, dos manos).

Durante la batalla de Lepanto un tiro de arcabuz le lesionó gravemente el brazo  izquierdo, dejándolo manco “funcional” ya que su mano izquierda solo le servía de “pisa papel” para poder escribir. Se usaban plumas de ganso para escribir, lo más seguro es que tenía que conformarse con plumas modestas de aura, debido a su costo.

Quien esto escribe ha constatado las dimensiones de las plumas remeras de las antedichas aves luctuosas, llegando a medir hasta más de 40 cm.

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Había que usar navajas afiladas (cortaplumas) para lograr una punta fina, la cual se sumergía en el tintero para, en seguida, escribir, con seguridad unas cuantas palabras, y luego repetir los pasos anteriores.

Los artefactos modernos de escritura siguen conservando su nombre de plumas, con los diferentes apellidos: Pluma atómica, fuente, estilográfica, que heredó la palabra “stilo” con la que se referían los babilonios a las puntas de bambú con las que se realizaba la escritura cuneiforme por ellos inventada, usando los palimpsestos, que son tabletas (¿le suena el termino?) de barro. Finalmente Georg Biro inventó el Bolígrafo. El epónimo del inventor húngaro solo se usa en Argentina, le llaman “Birome”, lo que para nosotros es pluma atómica o bolígrafo.

Más de 400 años han pasado para que nosotros, en la comodidad de nuestro hogar, podamos pergeñar nuestras ideas en la computadora y pasar por internet nuestras colaboraciones.

Con mi grato recuerdo para el genio máximo de la literatura en español, traducido casi a todos los idiomas.

(drsalas_22@hotmail.com).

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