La pregunta

Luis Leija.

¿Por qué urge ordenar el mundo? Es un hecho que el desorden y la incongruencia que imperan en el mundo nos están llevando al caos, a la destrucción, como lo plantea la Teoría de Olduvai, de Richard C. Duncan.

El desorden lo hemos heredado de las miles de generaciones que nos han antecedido, hemos llegado al umbral crítico y ahora toca pagar las facturas de la cadena de errores e irresponsabilidades propias de la barbarie primitiva, con todas sus consecuencias.

La guerra en Siria tiene su origen en la ambición de Estados Unidos, Inglaterra e Israel para dominar el abasto de petróleo en esa región del mundo.
La guerra en Siria tiene su origen en la ambición de Estados Unidos, Inglaterra e Israel para dominar el abasto de petróleo en esa región del mundo.

Gran parte de nuestra creatividad la hemos invertido en la destrucción pues los grandes avances en ciencia y tecnología han sido desviados hacia la industria armamentista, y nos hemos desenvuelto en un arraigado contexto de desconfianza; lo que debiera ser herramientas, lo hemos convertido en armas cada vez más letales.

La infraestructura económica que sostiene al hombre en este clima de incertidumbre por el futuro, no funciona como sistema inteligente que resuelva la supervivencia armónica de la humanidad.

El capitalismo en el que estamos inmersos se fundamenta en el afán de lucro, la máxima ganancia, la especulación; lo que impide tomar distancia y ver el fenómeno completo, de manera holística y no reduccionista, como cada parte lo ve desde su trinchera.

Los acontecimientos que han sucedido y siguen sucediendo, nos demuestran que en el siglo XX se produjeron dos guerras mundiales que dejaron millones de muertos, heridos y víctimas, además de conflictos revolucionarios y políticos con su respectiva cuota de sangre y sufrimiento; hasta el día hoy no han cesado los conflictos regionales con graves consecuencias para el mundo.

Los grandes logros científicos y los avances tecnológicos nos han llevado a terrenos electrónicos asombrosos, pero las amenazas de la guerra y la violencia siguen pendiendo sobre la humanidad como la espada de Damocles.

Es necesario que el hombre como un todo, como ser universal, habitante de un planeta paradisíaco, se detenga un momento a reflexionar sobre su destino como especie dotada de conciencia y reconsidere su convivencia a largo plazo en la tierra, sus actividades armonizadas en una sinfonía única, que busque su preservación en los tiempos por venir.

No debemos prepararnos para la guerra, toda esa energía y eficiencia humana que se canaliza hacia la violencia, debe re-direccionarse hacia la paz y la concordia, la cooperación y la colaboración, aunque suene utópico; de lo contrario, vamos hacia el suicidio de nuestra civilización.

Sabemos perfectamente los daños que causan algunas de nuestras actividades y las intensificamos por inercia histórica; en vez de limpiar y aliviar nuestro hermoso planeta, cada vez lo ensuciamos y enfermamos más.

Conocemos que los combustibles fósiles son causa principal del deterioro ambiental y continuamos expandiendo la industria automotriz con motores de combustión interna, y como consecuencia proliferan sin medida vehículos por todo el orbe; las grandes ciudades se plagan de coches, convirtiéndose en estacionamientos enormes donde el hombre se ahoga en humo.

Seguimos transformando en páramos bosques y selvas, envenenamos las tierras con desechos tóxicos, acumulamos miles de millones de toneladas métricas de desperdicios y basura en los campos antes fértiles, arrojamos a ríos, lagunas y mares empaques, plásticos y sustancias que tardan siglos en degradarse; cometemos una serie interminable de errores que provocarán la catástrofe que ya se avecina.

Hay voces que gritan advirtiendo el peligro que significa este consumismo desenfrenado del que respira el capital y continuamos acelerando la carrera hacia el caos.

Nos dicen que debemos dejar de emitir gases, frenar el crecimiento demográfico, parar la proliferación de la ganadería, principal emisor de metano; nos advierten del inminente agotamiento de los recursos energéticos, del debilitamiento de la capa de ozono, del calentamiento mundial, del derretimiento de los polos, y no obstante la actividad económica sigue viento en popa, abriendo más fábricas de automóviles, con toda su secuela.

La industria armamentista es de las más prometedoras comercialmente, progresa con nuevas tecnologías cada vez más letales e infames.

¿Qué es lo que nos impide llegar a la edad adulta como humanidad, para comportarnos inteligentemente de manera holística, es decir, como conjunto de seres humanos sensatos, y obrar como unidad y no como egoístas individualidades? ¡Vaya pregunta!

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