Estábamos mejor cuando estábamos peor

Con Enrique Peña Nieto se han dado los niveles más bajos de crecimiento económico de los últimos 50 años.

Es mucho lo que la partidocracia mexicana le debe al pueblo, y lo más penoso de esto es que día a día lo hunde más en la pobreza y corrupción.

En esta campaña electoral mediocre, a la mayoría de los ciudadanos nos indigna escuchar a los principales aspirantes a la presidencia de la República diciendo que, de llegar al poder, van a arreglar de inmediato las principales problemáticas que padecemos, como si no supiéramos que precisamente ellos han participado directa e indirectamente para que nuestro país sea uno de los peores de América Latina en cuanto a desarrollo social y esté considerado como una de las naciones más corruptas del mundo.

Según la casa encuestadora y de análisis sociales “México Analytics”, al 41% de los trabajadores mexicanos no les alcanza su salario para comprar la canasta básica. El PRI gobierna el 50% de los estados donde los empleados tienen el peor sueldo, el PAN el 20%, el PRD otro 20% y el PVEM el 10%.

Otro partido, no contemplado en esta estadística, es el partido Morena, que gobierna 5 delegaciones en la Ciudad de México (Azcapotzalco, Cuauhtémoc, Tláhuac, Tlalpan y Xochimilco) en las que de igual manera prevalece la pobreza y la corrupción, así como el saqueo de sus jefes delegacionales.

Por otro lado, todos los servicios públicos han aumentado sus tarifas de cobro, como el predial, el agua y la energía eléctrica; y las gasolinas, en este último sexenio, han aumentado en promedio 60 y 70% echando por tierra los “beneficios” de la infame reforma energética.

Si a esto sumamos los saqueos que el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto a perpetrado en las secretarías de Desarrollo Social, Desarrollo Territorial y Urbano y Hacienda, gracias a los cuales miles de millones de pesos han dejado de llegar a los sectores más pobres para beneficiar al partido en el poder y a unos cuantos ladrones, nos estaremos convirtiendo en la peor generación de gobernantes y gobernados que ha existido en toda la historia de nuestro país, ya que en otras naciones, inclusive de nuestro continente, que aparentemente son “menos desarrolladas” que nosotros económica y políticamente, sus gobiernos han encarcelado a presidentes y funcionarios por mucho menos de las atrocidades que aquí cometen nuestros gobernantes.

¿En qué momento nos convertimos en una sociedad valemadrista? ¿En qué instante empezamos a dejar las riendas de nuestro país en manos de personajes cada vez más viles y vulgares?

Hoy, no hay duda de que estábamos mejor cuando estábamos peor pues si revisamos un poco las hemerotecas y registros socio históricos, con cierta sorpresa y quizá hasta con nostalgia, podemos ver que los presidentes más nefastos de aquellos tiempos hacían todo lo posible por mantener hasta donde les era posible nuestra dignidad como nación frente al detestable y abusivo vecino del norte, y vaya que lo lograban si recordamos a un Luis Echeverría exigiéndole al gobierno estadounidense respetar a los pueblos latinoamericanos al mismo tiempo que otorgaba asilo político a cientos de hermanos perseguidos por las dictaduras militares de Chile y Argentina; y lo mismo sucedió con José López Portillo, quien en lugar de decirle al presidente cubano Fidel Castro “comes y te vas” lo invitaba a nadar en la piscina de alguna de sus mansiones en donde ponía al tanto al mandatario caribeño sobre el último libro de Derecho que había escrito.

Cuando el régimen mexicano todavía conservaba la dignidad frente a los gobiernos estadounidenses.
Impensable, pero Luis Echeverría se enfrentó a las dictaduras de Franco, Videla y Pinochet, protegidas por los regímenes estadounidenses. En la foto es aclamado en Chile.

Ahora simplemente nos avergüenza la postura retardada de un Vicente Fox utilizando la red social de Twitter para insultar a López Obrador escribiéndole “Uleroooo!! Uleroooo!!! Ulerooooooo!!!”, solo porque éste se rehúsa a debatir con Ricardo Anaya y José Antonio Meade. Y ni qué decir de Enrique Peña Nieto quien, como quedó de manifiesto en su campaña electoral, no es capaz de recordar tres títulos de libros que haya leído y, por alguna razón de peso, se ha tenido que tragar todas las humillaciones que le ha hecho el paranoico presidente estadounidense Donald Trump.

Por desgracia, este es el nivel intelectual de quienes han portado la banda presidencial en nuestro país.

Algo anda muy mal en un país en donde esta clase de políticos son los que deciden el destino de un pueblo que ante contingencias graves demuestra ser unido. ¿Qué nos hace falta para dar ese paso que nos libere de la horrible comezón que nos provoca tener una clase política insaciable y baja?

Dice el brillante escritor e intelectual Paco Ignacio Taibo II que como nación “necesitamos que nos chinguen más, necesitamos ver a nuestros hijos muriéndose de hambre para despertar y cambiar las cosas en nuestro país”. ¿En verdad queremos llegar a esos extremos?

Sea lo que sea, seguimos exigiendo la aparición de los 43 de Ayotzinapa, seguimos exigiendo que cesen las desapariciones forzadas y homicidios de activistas sociales y periodistas, seguimos exigiendo que el Estado o lo que queda de éste actúe enérgicamente para combatir los feminicidios, seguimos exigiendo a los gobiernos federal y estatales el respeto pleno a la libertad de expresión y que cumplan con su obligación de otorgar servicios decorosos de salud, educación y seguridad.

Ya se acerca el momento de acudir a las casillas electorales y votaremos por los menos peores, porque son contadísimos los ciudadanos honestos que logran penetrar la poderosa mafia de la partidocracia, aunque ahora tenemos la opción de votar por algunos candidatos independientes auténticos, y será un hecho importante, pero más importante será estar atentos a lo que todos y cada uno de esos elegidos hagan una vez que nos representen para, en caso de que nos traicionen como generalmente acostumbran hacerlo, exigirles en las calles, de manera enérgica, sus renuncias.

Como sociedad, como mexicanos, como patrones que pagamos excelentes sueldos a nuestros gobernantes, no debemos conformarnos de ninguna manera con lo que hasta el momento nos han dado. Si resultan ladrones, si se comportan de manera vulgar, si son despóticos e irrespetuosos, debemos pedirles sus renuncias de inmediato y mandarlos a sus casas o a la cárcel.

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