“¿Quién reparará el daño y la tortura?”: Dulce, casi 20 años presa e inocente
A Dulce María Obregón le robaron casi dos décadas de su vida. Para ella, rememorar lo que implicó estar 19 años presa por un delito federal -uno que no cometió y que hasta finales de noviembre de este año fue absuelta tras no encontrar ni una sola prueba que comprobara su culpabilidad en el secuestro del hijo de su ex jefe- es doloroso pero necesario pues contar su historia es recuperar su dignidad en la búsqueda, ahora en libertad, de justicia y reparación del daño.
TORTURADA Y PRIVADA DE LA LIBERTAD
La historia comenzó en 2002 cuando Dulce tenía 28 años y trabajaba en una empresa textil en el Estado de México. El hijo de su jefe, el empresario Salomón Yedid, había sido secuestrado. Dulce estaba laborando en la empresa y junto con otros trabajadores atestiguó los hechos y posteriormente se presentó en varias ocasiones a ratificar su declaración.
Sin embargo, en el 2004 su caso dio un giro importante cuando minutos después de dejar a su hijo de 5 años en el kinder, hombres armados no identificados la detuvieron sin una orden de aprehensión. Posteriormente supo que fue trasladada a las oficinas de la extinta AFI (Agencia de Investigación Federal) y en ese lugar pasó varias horas siendo torturada, golpeada y amenazada por el propio Yedid y los agentes.
En el Estado de México, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (ENPOL) realizada por el INEGI en 2021, el 28.7% de las personas privadas de la libertad señalaron que fueron detenidas en la calle sin una orden de detención.
A partir de ese momento, su vida no volvió a ser la misma: la culpaban por los delitos de delincuencia organizada y secuestro, algo que no había cometido, no había pruebas y los agentes estaban obligándola a declarar que estaba detenida por ser una secuestradora.
“Me dijeron que había una persona que me estaba mencionando y que yo tenía que confesar lo que había hecho. Me negué todo el tiempo a decir algo que yo no había hecho ni sabía por qué me tenían ahí así que me bajaron a las calderas y me amenazaron para que firmara una declaración que quién sabe qué decía“, recuerda.
Desde el 16 de febrero de 2004 y durante tres días, Dulce permaneció incomunicada salvo una única llamada el día que fue detenida en la que pudo llamar a su abuelita para pedir que fueran por su hijo al kinder, ésto sin decir en dónde estaba porque un agente estaba a su lado.
“Tenía unos años que me había separado y estaba sola, éramos solo mi hijo y yo, me angustiaba mucho en ese momento qué iba a pasar con él”, relata.
Las versiones comenzaron a chocar. Contrario a la realidad de Dulce, mientras ella era torturada, agentes le dijeron explícitamente que si ella estaba ahí en las calderas era porque aún no tenían detenido a algún culpable y lo necesitaban ya para cobrar el seguro.
Mientras que la versión que los agentes asentaron en las actas era que supuestamente habían recibido a partir de los dichos de un tercero era que Dulce andaba con un hombre apodado como “El Moles” y como ella era la secretaria, sabía el flujo de dinero que había en la empresa y planeó el secuestro.
Pero no era cierto. “Yo le decía a mi abogado de ese momento que mi prueba más grande era que en el Seguro Social estaba inscrita como ayudante en general, yo nunca fui su secretaria como tal. Tenía unos meses que mi jefe (Salomón Yedid) me había dicho que si quería ser secretaria, entonces estaba apenas tomando ese papel pero las cosas personales, cuentas y todo yo no lo llevaba, era muy poquito tiempo”, recuerda Dulce.
De los actos de violencia señalados por la ENPOL, Dulce fue incomunicada, aislada, amenazada con cargos falsos y amenazada con hacerle daño a ella y a su familia.