Desde las burbujas del poder

¿Dónde está la oposición?

Luis Alfredo Rangel Pescador

Desde hace tiempo se escucha con insistencia una pregunta entre los duranguenses: ¿Dónde está la oposición?

No necesariamente la oposición de discursos incendiarios, de ocurrencias o de descalificaciones. Se habla de algo mucho más importante: una oposición política capaz de ejercer el contrapeso que necesita cualquier gobierno democrático.

Porque cuando un gobierno tiene enfrente un Congreso que cuestiona, fiscaliza y exige cuentas, el poder tiene límites.

Pero cuando el Congreso se convierte en una ventanilla de trámite para las solicitudes del Ejecutivo, la división de poderes comienza a convertirse en una simulación.

Y esa es precisamente una de las grandes interrogantes que deja el cuarto informe de Esteban Villegas Villarreal.

El Congreso local cuenta con una presencia importante de diputados de Morena y otras fuerzas políticas. Sin embargo, durante esta administración no se ha percibido una oposición legislativa suficientemente firme frente a asuntos fundamentales para las finanzas y el desempeño del gobierno estatal.

Los créditos se autorizan. Las cuentas públicas avanzan. Las explicaciones oficiales suelen encontrar poca resistencia.

Y cuando aparecen señalamientos, muchas veces terminan diluidos entre declaraciones políticas, acuerdos y negociaciones.

Por eso la próxima glosa del cuarto informe representa una oportunidad, pero también una prueba.

El Congreso acordó que 15 funcionarios comparezcan del 21 al 25 de septiembre. Cada uno tendrá 20 minutos para exponer y posteriormente habrá dos rondas de preguntas de los diputados.

En el papel, parece un ejercicio serio de rendición de cuentas.

Ahora habrá que ver si realmente lo es.

Porque tres minutos de preguntas pueden convertirse en una verdadera fiscalización si el diputado llega preparado, con documentos, cifras, auditorías y preguntas concretas.

Por el contrario, si las tarjetas se elaboran de acuerdo al Secretario en turno, para que luzca, el legislativo se convierte en cómplice.

Pero también pueden convertirse en un simple trámite si se utilizan para hacer preguntas cómodas, permitir respuestas generales y terminar con felicitaciones.

La propia diputada Georgina Solorio, de Morena, ha dicho que la glosa debe ser un ejercicio serio de revisión, análisis y fiscalización, y que deben contrastarse las cifras del gobierno con la realidad que enfrentan las familias.

Bienvenida esa posición.

Ahora falta demostrarla.

Porque la oposición no se demuestra diciendo que se es oposición; se demuestra votando, cuestionando y fiscalizando cuando el interés público lo exige.

Y lo mismo vale para cualquier partido.

No se trata de que Morena ataque al gobernador por ser Morena, ni de que el PAN lo defienda por formar parte de una coalición política. Se trata de que cada diputado recuerde que su compromiso fundamental no es con el gobernador, con su partido ni con su grupo político.

Es con los ciudadanos.

Durango necesita saber cuánto se ha endeudado, para qué se ha utilizado el dinero, cuánto costará finalmente, qué obras se terminaron, cuáles están pendientes, qué inversiones realmente llegaron, cuántos empleos se crearon y cuáles de los grandes anuncios gubernamentales siguen esperando convertirse en realidad.

También necesita saber qué dicen las auditorías y qué se ha hecho para corregir las observaciones, sobre todo las observaciones de La Auditoría Superior de la Federación

Ese debería ser el verdadero contenido de la glosa.

No un desfile de funcionarios.

No una sucesión de discursos.

No una fotografía de cortesía entre diputados y secretarios.

Una rendición de cuentas.

El año pasado, durante la glosa del tercer informe, el propio Congreso presentó las comparecencias como un mecanismo para revisar avances, retos y aplicación de recursos públicos.

Entonces la pregunta es inevitable:

¿Qué resultados concretos produjo aquella fiscalización?

Porque si después de cuatro años seguimos escuchando las mismas promesas, los mismos pendientes y los mismos argumentos, entonces algo está fallando.

Y quizá el problema no sea solamente el Ejecutivo.

Quizá también sea un Legislativo que no ha sabido o no ha querido ejercer plenamente su responsabilidad.

El cuarto informe de Esteban Villegas ya está presentado.

Ahora viene lo verdaderamente importante.

Que los diputados hagan su propio informe: el informe de lo que encontraron.

Que digan qué está bien.

Qué está mal.

Qué no se comprobó.

Qué se debe corregir.

Qué funcionarios deben responder.

Y, sobre todo, qué compromisos del gobernador siguen sin cumplirse.

Porque Durango no necesita un Congreso que simplemente escuche al gobernador. Necesita un Congreso que lo cuestione.

Y si después de la glosa todo termina en felicitaciones, fotografías y buenas intenciones, la pregunta con la que iniciamos esta columna seguirá vigente:

¿Dónde está la oposición?

Pero quizá entonces la pregunta correcta sea otra:

¿Dónde está el Congreso?