
La ambición política frente a la realidad comercial: el caso CANACO y el Pasaporte del Café.
LUPITA MAYA
Mientras los reflectores de las cúpulas empresariales apuntan hacia la renovación de liderazgos, el comercio local en Durango camina sobre la cuerda floja. El trasfondo del reciente conflicto en torno a la tercera edición del Pasaporte del Café MásDurango desnuda una verdad incómoda: el interés por el control institucional y las aspiraciones personales parecen importar más que el verdadero impulso a los emprendedores independientes, justo en medio de uno de los momentos más complejos para la economía del estado.
Resulta evidente que el actual presidente de la Cámara Nacional de Comercio (CANACO) en Durango, Sergio Sánchez López, mantiene la mirada fija en un objetivo estrictamente político: convertirse en el próximo presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) de Durango. Sin embargo, esta legítima aspiración de poder contrasta severamente con lo que se vive en las calles y los mostradores del Centro Histórico y las colonias duranguenses. Para las dirigencias, los números macroeconómicos o los discursos de unidad sirven como moneda de cambio, pero la realidad de los pequeños comercios dista mucho de las narrativas oficiales.
De acuerdo con datos recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la actividad económica del estado ha enfrentado severas complicaciones en su histórico reciente. Aunque el cierre de 2024 mostró un repunte del 4.7% en el PIB, el dinamismo se frenó drásticamente en los semestres subsecuentes. El Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE) documentó una contracción del 3.6% a tasa anual hacia el cierre del tercer trimestre de 2025, arrastrado por una caída de más del 10% en las actividades secundarias. A nivel de piso, organismos comerciales locales confirman de manera unánime que las ventas se han desplomado hasta un 30% debido a la falta de liquidez y al encarecimiento de la canasta básica. Las empresas duranguenses, lejos de la bonanza, están viviendo una auténtica crisis de supervivencia.
Es en este contexto de asfixia económica donde la controversia del Pasaporte del Café cobra una relevancia sintomática. Este proyecto nació originalmente como una iniciativa creativa e independiente de David Anaya y la Revista MásDurango. Sus primeras ediciones contaron con la colaboración de CANACO en un periodo en el que existía una afinidad constructiva con la presidencia de aquel entonces. Tras diversificar la iniciativa junto a la CANIRAC para su segunda edición, los creadores buscaron mantener esa misma alianza para la tercera entrega, sin dejar de reconocer el valor de todos los gremios.
El conflicto escaló de forma inexplicable cuando Zaira, una emprendedora que formaba parte activa de CANACO por más de un año, intentó tender puentes compartiendo en el grupo oficial del gremio una invitación con descuento especial para que otros emprendedores se sumaran al proyecto. La respuesta institucional no fue el apoyo, sino la censura: el mensaje fue borrado por la administración, se cuestionó su identidad y, posteriormente, fue expulsada del grupo.
Poco después de este incidente, la dirección de CANACO se comunicó con los editores de la revista para reclamar la autoría del proyecto, alegando que la cámara ya tenía registrado el concepto para lanzarlo por su cuenta, confundiendo las colaboraciones institucionales previas con la titularidad de una idea creativa. El desenlace dejó en claro la postura hostil del gremio actual: tras solicitar la reincorporación de Zaira por su derecho como agremiada, los representantes de la revista también fueron removidos de los canales de comunicación de la cámara. Días después, la propia expresidenta de CANACO tuvo que salir a aclarar y ratificar públicamente que la idea original y creativa pertenece estrictamente a Revista MásDurango.
¿Por qué una iniciativa ciudadana orientada a reactivar el consumo interno y conectar cafeterías locales con nuevos clientes termina envuelta en bloqueos y disputas de derechos por parte de una cámara empresarial? La respuesta apunta de vuelta a la agenda de Sergio Sánchez López en su carrera por la dirigencia del CCE Durango. Cuando las instituciones se enfocan en acumular méritos artificiales, registrar proyectos ajenos y cerrar las puertas a las propuestas independientes de sus propios agremiados, se desvirtúa el verdadero propósito de los gremios.
Las cámaras empresariales existen para blindar y potenciar al comercio local frente a las malas rachas que dictan los números del INEGI, no para canibalizar el esfuerzo de los creativos independientes. Contrastar las versiones y documentar este caso es indispensable, pues se vuelve urgente recordar a los líderes patronales que la fortaleza económica de Durango se construye apoyando a las marcas locales, no usándolas como peldaños para las ambiciones políticas de sus dirigentes.
Ante este panorama, quedan en el aire dos preguntas obligadas para la postergación de la transparencia: ¿Para quién trabaja realmente el presidente de la cámara, para defender el bolsillo de sus agremiados o para construir su propio trampolín político? Y peor aún, ¿será verdad que los hilos de sus intereses se mueven e instrumentan directamente desde las oficinas del Gobierno del Estado? Durango merece respuestas claras, no simulaciones corporativas.
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