Corruptos, hunden a México

En el aspecto principal, que es el económico -y del cual derivan todas las vertientes políticas y sociales-, México no avanza, por el contrario, los resultados que el gobierno federal oculta a la ciudadanía son más que desalentadores. Las reformas laboral y hacendaria, llevadas a cabo por el gobierno de transición peñanietista en complicidad con la partidocracia, no reflejan para nada resultados positivos en los bolsillos de la ciudadanía. Los índices de crecimiento económico y del Producto Interno Bruto lejos de estancarse van a la baja. Y es que las contrarreformas hacendaria y fiscal han provocado que la economía nacional se contraiga ante el aumento de impuestos abusivos y las trabas burocráticas para cumplir con las obligaciones tributarias. Ahora, hay menos circulante de efectivo y menos inversiones privadas, lo que implica que el empleo a su vez sea mucho más escaso.

La apatía del pueblo, el mejor alimento de la partidocracia corrupta.
La apatía del pueblo, el mejor alimento de la partidocracia corrupta.

Pero en medio de esta delicada crisis, la clase política nacional parece no preocuparse, en parte por la incapacidad inconsciente que manifiesta, y en parte por los elevados niveles de corrupción que ha alcanzado y que le permiten vivir en la opulencia, sin los apuros cotidianos que padece la mayoría de la población. Recordemos que ellos mismos, los integrantes de la partidocracia, son los que se protegen unos a otros, sin importar el color de su membresía política, para permanecer impunes de los saqueos que cometen, y ellos mismos son los que se autorizan sueldos y “prestaciones” insultantes, que, en los hechos, también representan una modalidad de robo a los contribuyentes.

Así, en medio de la desolación económica en que nos encontramos gracias a la ineficacia y corrupción de los titulares de los poderes Ejecutivo y Legislativo, se suma la inseguridad y violencia extrema ejercida por el crimen organizado, del cual forman parte ya numerosos cuadros incrustados en los gobiernos federal, estatales y municipales, y no son pocos los secretarios de Estado, gobernadores, presidentes municipales, diputados y senadores que pertenecen a carteles delictivos o mantienen oscuros acuerdos con estos. Por lo anterior, no sorprende, pero si indigna, que a estas alturas del sexenio los números de ejecuciones, desaparecidos y actos de violencia extrema sean muy superiores a los que se dieron en el sexenio anterior, por más que la Secretaría de Gobernación pretenda maquillar las cifras al respecto.

El otro poder, el poder Judicial, simplemente no funciona, y cuando funciona es para ponerse al servicio de la mafia dominante que pretende saldar alguna afrenta política. La mayoría de los políticos saqueadores del erario, altamente peligrosos, gozan de libertad e impunidad.

Hoy, en materias política, económica y social, todo está putrefacto, no solo por los agravios de la mala conducción del país en los terrenos financiero y de seguridad, sino por los asaltos descarados y desfalcos millonarios al erario, como el de la inservible línea 12 del Metro de la ciudad de México, gobernada por los perredistas, en el que, como en muchos otros casos, no hay ni habrá responsables. Y si algún grupo de ciudadanos se atreve a protestar por este atraco en despoblado, realizado por el ex jefe de gobierno Marcelo Ebrard, pues lo más seguro es que amanezca en prisión y tundido por las hordas policíacas del sátrapa neofascista “izquierdista” que gobierna en la capital, Miguel Ángel Mancera Espinosa, también perredista. En el caso Oceanografía, que salpica de suciedad a los dos sexenios federales panistas y al actual priísta, por lo que se ve también habrá impunidad absoluta.

Ya como colofón, a todo esto se agrega la cereza del pastel, que en este caso la está poniendo el PRI-DF al haberse hecho más público lo que ya muchos sabían: la red oprobiosa de trata de personas que funcionaba dentro de las instalaciones de este partido, y que era comandada por su dirigente estatal, el líder de los pepenadores o “príncipe de la basura”, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, personaje nefasto que desde hace más de una década ha venido degradando no solo la política mexicana sino la condición humana de infinidad de mujeres que han tenido la desgracia de caer en sus garras. Pero no hay que dejar desapercibido que Cuauhtémoc Gutiérrez jamás ha actuado por cuenta propia; siempre, aunque lo nieguen y se deslinden, ha estado protegido por la alta cúpula nacional del priísmo y por las más altas autoridades del país.

Ante todo esto, quizá lo más doloroso y frustrante sea la apatía nacional, el desinterés casi total que la ciudadanía tiene para ocuparse de los asuntos políticos, que son los que la están golpeando directamente en los bolsillos y en su dignidad. Mientras seamos apáticos, las cosas no solo no van a cambiar sino van a empeorar aún más.

Por eso es urgente que el pueblo reflexione y comience a organizarse para buscar otras opciones de gobierno… otras muy distintas a las que nos ofrecen los carteles delictivos que conforman los partidos políticos. Otras alternativas en las que los ciudadanos seamos los principales protagonistas como eficaces servidores públicos y como enérgicos mandantes.

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