Corrupción en la Dirección General de Transportes del Estado de Durango Y en la Policía Federal de Caminos

Guillermo Arce Valencia, director general de Transportes del Estado de Durango. El negocio redondo de los taxis piratas.

Carlos Cortez Guerrero.

Uno de los problemas a los que el gobierno estatal de Durango no le pone ningún interés es el relacionado con los taxis piratas, muchos de los cuales realizan su labor a un costado de las oficinas del sistema Estrella Blanca, por la carretera a Mazatlán.

Y es que ya se volvió muy común observar que este tipo de taxis prácticamente roben el pasaje a las unidades profesionales y legalizadas del sistema Estrella Blanca.

El desinterés de la Dirección General de Transportes del estado es tan marcado que ya en más de una ocasión pasajeros que abordan esos taxis han perdido la vida, han resultado gravemente lesionados en volcaduras y han sido despojados de sus pertenencias.

Pero en Durango ninguna autoridad actúa, y este tipo de comportamiento corrupto ya alcanzó a los mismos oficiales de la Policía Federal de Caminos, quienes dentro de su jurisdicción detienen a los taxistas que no cumplen con la reglamentación estatal y los dejan seguir laborando a cambio de dádivas. Negocio redondo de unos cuantos a cambio de poner en riesgo a la ciudadanía.

Este tipo de actitudes de los elementos de la Policía Federal de Caminos deja muy mal parado al titular de esta dependencia, Ramón Cerón, así como también pone en entredicho la ya de por si muy deteriorada imagen del Director General de Transportes del estado de Durango, Guillermo Arce Valencia, quien es evidente que está sometido a las decisiones de los líderes de los sindicatos de transportistas. Por tal razón, este funcionario público no hace absolutamente nada para poner orden en su área.

Y la  pregunta obligada es: ¿qué están haciendo los inspectores de Transporte? quienes, según datos proporcionados por mismos choferes de taxis, todos los días obtienen un promedio de mil pesos, producto de las dádivas que exigen a taxistas, muchos de los cuales son piratas, para que puedan seguir operando.

Y esto mismo hacen los perfumados de la Policía Federal de Caminos, quienes, según fuentes fidedignas, hasta escoltan a los taxistas para que no tengan ningún problema cuando desempeñan su ilícita actividad.

El grave problema de este tipo de actitudes putrefactas es que de seguir así las cosas un día va a suceder una tragedia por la inseguridad que representan este tipo de taxis y sus conductores.

Guillermo Arce Valencia y Ramón Cerón conocen perfectamente estas anomalías que se dan, no solo por la carretera a Mazatlán sino en distintos puntos de la ciudad, como en la misma Central Camionera, pero por alguna razón de peso (s) no intervienen para poner fin a esta problemática que tarde o temprano provocará la pérdida de la vida o la integridad física de algún ciudadano.

 

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