Después de un buen taco un buen tabaco

Anoche estuve conversando con mi cigarrillo… lo encendí muy lentamente, le di una fumada y al mirar el humo que en el espacio se volatizaba recordé tantas cosas que creí olvidadas, se las conté todas mientras lo fumaba.
(El cigarrillo. Ana Gabriel)

Fumar, una cuestión de prudencia y respeto. Cuando nos encontramos invitados en una casa es posible que nos den ganas de fumar en cualquier momento: mientras charlamos con otros invitados, cuando estamos almorzando o cenando, cuando estamos tomando una copa, etc. Como sabemos que el acto de fumar puede ser una molestia para muchas personas, hay que saber el momento oportuno para hacerlo sin olvidar las normas de la buena educación y la cortesía debida.

¿Cuándo se puede fumar?

Primero, debemos tener consideración con las personas que nos rodean. Hay que tener en cuenta que siempre prevalecen los derechos del no fumador (y cada vez más, incluso por ley que fue publicada en el Diario Oficial de la Federación el 30 de mayo de 2008 y entró en vigor a partir del 28 de agosto de ese mismo año). 

Ello no quiere decir que no haya una cierta capacidad de tolerancia y de diálogo, y en algunos lugares públicos permitan hacerlo.

Lo que siempre debemos tomar en cuenta es lo siguiente:

Antes de encender un cigarrillo (o un habano) debemos pedir permiso a todos los que están a nuestro lado (generalmente se pide permiso al dueño de la casa, pero por cortesía también a las personas que nos rodean). Si éstos aceptan, debemos ofrecer tabaco a todos los presentes, por si alguno de ellos fuma y acepta nuestra invitación.

Si nos encontramos en un sitio muy pequeño, o con niños, personas mayores o mujeres embarazadas, o en un lugar cerrado con mucha gente como en los “antros”, lo mejor es que nos olvidemos de pedir permiso o de sacar el cigarro, en estos casos no debemos fumar bajo ningún concepto.

Si nos van a presentar a alguna persona no es demasiado correcto acercarse fumando, es mejor que apaguemos el cigarrillo o bien que lo dejemos apartado un momento en un cenicero o que alguien cercano nos lo sujete.

Las cenizas y las colillas siempre deben ir a los ceniceros, nunca tirarlas al suelo, dejarlas entre las plantas o en cualquier otro lugar. Hay que utilizar los ceniceros que para eso están.

Si estamos sentados a la mesa no se debería fumar hasta después del postre. Aunque tengamos muchas ganas de fumar lo correcto es no pedir permiso antes de los postres. No sería muy correcto fumar entre plato y plato de una comida.

Si el anfitrión nos ofrece tabaco, obviamente suele ser una señal inequívoca de que se puede fumar en ese momento y en esa estancia. No obstante, podemos preguntar a nuestros compañeros de mesa, de tertulia o de aperitivo si es una molestia para ellos.

Cuidado al echar el humo, no hay que hacerlo en la cara de otras personas o cerca de ellas.

Al igual que con los cubiertos, no gesticular con un cigarrillo, un puro o un cigarro habano en las manos. Puede molestar e incluso quemar a otra persona.

Si otras personas de nuestro lado fuman les podemos ofrecer fuego (siempre a los fumadores de cigarrillos, los de cigarros habanos los encienden los propios fumadores). Se ofrece fuego primero a las señoras, luego a los caballeros de más edad y por último encendemos nuestro propio cigarrillo. Si nos ofrecen fuego, lo agradecemos y lo aceptamos.

Un último consejo: para evitar todas estas situaciones lo mejor es no fumar, ya que nuestra salud nos lo agradecerá, pero aún más y seguramente nuestro bolsillo.


 

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