La educación no es una moda pasajera, y menos en la mesa

La mesa es uno de los lugares donde más clara y prontamente se revela el grado de educación y de cultura de una persona.

“No pongas los codos en la mesa o no hables con la boca llena, no se levanta de la mesa hasta que termina el último invitado o familiar”, son algunas de las frases que nuestros padres nos decían y nos inculcaban, y hay de aquél que no hiciera caso; claro, eso era en “otros tiempos”, hoy las épocas han cambiado y esas reglas de etiqueta y de buenos modales van quedando en el olvido, porque ya ni para sentarnos a comer como “dios manda”, dirían las abuelas, tenemos tiempo. 

Pero la educación no es una moda pasajera, y menos en la mesa. Los buenos modales son un pilar básico en la formación de cualquier persona. Da lo mismo el estatus económico, los estudios realizados o la posición que tenga una persona. La cortesía debe ser un ejercicio a realizar por todo el mundo esté donde se esté. Es bueno para uno mismo y para los demás. Hay que practicar la cortesía de manera cotidiana. Los buenos modales son nuestra tarjeta de visita. Y en la mesa… son imprescindibles.

Si hay un momento y lugar en donde podemos demostrar nuestra buena educación es a la hora de sentarnos a la mesa, y esa es la hora de la comida; sea esta del tipo que sea, social, familiar o laboral, pone a prueba los conocimientos de una persona sobre las más elementales normas de educación.

Antes de sentarnos a la mesa, debemos ayudar a nuestros compañeros de mesa a facilitarles su asiento, dejando espacio, acercando su silla y con cualquier otra maniobra que facilite su incorporación a la mesa.

Estando sentado a la mesa, debemos de retirar la servilleta y extenderla sobre nuestro regazo. 

Los cubiertos debemos dejarlos en su sitio hasta que nos traigan la comida.

En cuanto a los alimentos, no debemos introducir en la boca porciones muy grandes que nos hagan abultar sobremanera la boca, tampoco hay que introducirnos alimentos demasiado calientes que nos hagan realizar gestos raros e incluso hasta decir algo inadecuado.

Las manos nunca se meten en el plato por ninguna razón, para eso tenemos los cubiertos. Por lo tanto, no se te ocurra limpiar el plato con un trocito de pan (aunque eso lo realices en casa y sea delicioso). Tampoco los dedos se llevan a la boca, y mucho menos debe uno chupárselos. Para eso tenemos la servilleta.

Las tareas de higiene personal se hacen en el baño. Nada de utilizar la servilleta para quitarse una mancha, arreglarse el cabello, utilizar el tenedor para sacarte algo de entre los dientes y otras acciones similares.

No se cambia comida entre los platos, bebida entre los vasos ni se utilizan los cubiertos o copas de otra persona. Si quieres un cubierto o una copa debes pedirlo. Y si cae al suelo, tampoco debes utilizar ese cubierto o tratar de limpiarlo con la servilleta.

Cuando te solicitan algo debes darlo sin pasar el brazo por delante del cuerpo de esta persona o de cualquier otra. Si no alcanzas deberás pasarlo a la persona que esté en medio. Tampoco debe pasarse un cubierto u otro utensilio agarrándolo por el lado utilizado para comer, que hace contacto con los alimentos, hay que tratar de agarrarlo por su mitad para entregarlo por el mango.

Las copas se toman por el tallo y los cubiertos por el mango. Las copas no se llenan hasta los bordes sino, dependiendo del tipo de bebida, una parte proporcional de éstas. En el caso de los vinos, un poco más de la mitad es más que suficiente. En el caso de agua, zumos y refrescos, pueden llenarse las copas hasta dos tercios de su capacidad.

Si te solicitan un salero, una vinajera, una aceitera, etc., no te sirvas primero y luego lo pases. Debes pasarlo al momento que se te solicita y esperar si aún no lo has utilizado. 

Si deseas sazonar un plato no debes agitar el salero, solo dale unos golpecitos sobre la base. Y si no hay salero, por aquello de que ya se prohibieron en los restaurantes, tendrán algún tipo de platito con la sal y esta no debe tomarse con los dedos, sino con la punta del cuchillo, siempre y cuando esté limpio.

Al terminar de comer, los cubiertos nunca vuelven al mantel, deben reposar en el plato. La servilleta lo mismo, aunque haya autores que indiquen la silla como el lugar ideal para dejar la servilleta. Es imperativo esperar a que terminen de comer tus compañeros de mesa. No es muy correcto levantarse de la mesa mientras ellos se terminan el postre.

Estas son algunas de las reglas que independientemente de que estemos en nuestro hogar y por mucha confianza que se tenga debemos y tenemos que seguir.

Este tema es muy apropiado para comentarles que en nuestras próximas colaboraciones haremos uno que otro comentario de aquellos lugares a los que acostumbramos ir, ya sea para desayunar, comer, cenar o simplemente para ir a charlar con los amigos, y hasta ¿por qué no? cerrar algún trato laboral; en este espacio hablaremos sobre cómo nos atienden, del sabor de los alimentos, de la higiene de los baños, la ambientación, ubicación, ¡¡del por qué sí y por qué no acudir a ese lugar…!! y un largo etc, etc. Se aceptarán sugerencias y nosotros acudiremos. ¡¡No te lo pierdas!!


 

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