Fomentar la lectura

Hace quince días el gobierno federal de Andrés Manuel López Obrador presentó en Mocorito, Sinaloa su estrategia para fomentar la lectura entre los habitantes de la República. El programa se estructura sobre la base de tres ejes rectores, a saber: Eje de carácter formativo, centrado en fortalecer el hábito de la lectura como actividad cotidiana alejada de la obligatoriedad educativa que supone la lectura en la etapa de la formación académica. Eje de carácter sociocultural, centrado en aumentar la asequibilidad de los libros a través de dos estrategias: reducir el costo de los libros y ampliar la red de bibliotecas y librerías. Eje de carácter comunicativo, que busca establecer una agresiva campaña para promover la lectura entre la población en general.Image result for fomentar lectura mexico

Si atendemos a los resultados de la Encuesta Nacional de Lectura de CONACULTA realizada en 2015, el tamaño del reto es mayúsculo. Podemos afirmar que seguimos siendo un país no solo de pocos lectores, sino con prácticas lectoras débiles. Mirar la televisión se significa como la principal actividad recreativa de la mitad de la población, mientras que leer es la quinta actividad más mencionada apenas por 21% de los encuestados. En cuanto a la posesión de libros, 79% declara que cuenta con libros impresos en su casa, y a nivel nacional el promedio de libros impresos en el hogar es de cuarenta, 48% de los hogares que cuentan con libros impresos poseen entre 9 y 74 ejemplares, sin contar los textos escolares. Sin embargo, una tercera parte de la población posee cinco o menos libros impresos en el hogar. Por mucho, el libro de texto es el más común en los hogares mexicanos, pues se encuentra en 45% de los hogares. Los tipos de libros que más se tiene en las casas son religiosos, de cuentos, enciclopedias y de historia. En lo que respecta a los motivos para leer un libro, 47% de las personas encuestadas acepta que únicamente lee cuando se ve en la necesidad de hacerlo, y 70% de la población afirma no leer por falta de tiempo. Sin duda, en estos dos últimos datos encontramos la explicación de por qué en México se leen en promedio 5.3 libros al año por habitante.

Para hacer frente a esta pesada realidad, se han puesto en marcha a lo largo de los sexenios diversos programas de apoyo a la lectura y a la industria editorial, los cuales por diversas razones no han logrado despertar el interés lector de la población mexicana. El poco éxito que han tenido los programas anteriores lejos de ser una justificación para no poner en marcha una nueva estrategia que atienda y resuelva el desinterés manifiesto por leer de los mexicanos, se convierte en la razón fundamental para hacerlo.

Si bien, acercar los libros a la población, reducir el precio de los ejemplares, abrir más librerías y bibliotecas, poner en marcha una campaña para incentivar a la gente a que lea, no garantiza que la población incremente de manera sustantiva la cantidad y calidad de su lectura, lo que nos lleve a convertirnos en un país de lectores, es evidente que sin fomento a la lectura las posibilidades de éxito se reducen considerablemente.


 

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