Cuando se presentan problemas en la sexualidad, ¿la relación deja de funcionar?

Ante esta interrogante, ¿la relación deja de funcionar? la respuesta inmediata del común de las personas es un rotundo sí. Respecto a los escritos del viejo Freud sobre la histeria femenina o la referencia a la mujer que supuestamente es hostil por no tener pareja, el imaginario popular y el académico coinciden en la idea de que si hay problemas en la sexualidad la relación no funciona, y las personas lo reflejan conductualmente.

Para algunas parejas el lecho matrimonial constituye el diván donde se plantean las diferencias y se dirimen los problemas, bajo la creencia que de presentarse una divergencia no existe nada que una buena caricia no resuelva. Sin embargo, el efecto puede ser contraproducente ya que los aspectos psicoemocionales pueden afectar la sexualidad en general y el ejercicio de la función sexual.

Si bien es cierto que los problemas en el área de la sexualidad ocasionan alejamiento físico y reducen la intimidad emocional, también los problemas de tipo relacional en la pareja repercuten negativamente en el ejercicio de la función sexual.

Lo que sí no admite discusión es que sin una sexualidad sana la pareja no funciona bien, porque esta implica aspectos biológicos, sociales y psicológicos que determinan en la pareja la capacidad de comunicarse y amar.

En lo cotidiano, si estamos de buen humor somos más tolerantes y abiertos a escuchar. Nuestra comunicación es más fluida, amorosa y respetuosa; adivinen por qué: el orgasmo, como punto máximo del placer sexual, produce un bombeo de endorfinas, las hormonas de la felicidad, por esto podemos inferir que una vida sexual placentera debe contribuir a una relación de pareja más armoniosa.

¿Esto quiere decir que si una pareja confronta problemas sexuales la relación se va al traste?

La respuesta es no. Según algunos estudios, por ejemplo en los EE.UU., el 20% de las parejas de más de cuarenta años manifestó en una encuesta no tener relaciones sexuales coitales, y sin embargo permanecen juntas en una relación de calidad. Esto quiere decir que hay otras variables que pueden compensar las necesidades afectivas y emocionales de la pareja: La complicidad, tener aficiones e intereses comunes y compartidos y tener prácticas sexuales distintas al coito, que les permitan conseguir placer y relacionarse sexualmente.

Evidentemente, en este último punto la comunicación, la comprensión y la tolerancia son elementos fundamentales para sobrellevar una situación en la cual por razones físicas o emocionales alguno de los miembros de la pareja o ambos presente problemas, tales como disfunción eréctil, vaginismo o eyaculación precoz.

Estas afecciones tienen causas físicas y emocionales que pueden mejorar con ayuda profesional de médicos o terapeutas, pero sólo se resuelven si son tratadas con respeto a través de una comunicación adecuada y dirigida a la solución de la situación, y el acompañamiento.

En conclusión, si somos seres sexuados durante toda la vida y la sexualidad es cambiante y evolutiva, debemos prepararnos para ello desarrollando adecuadas habilidades de comunicación y escucha efectivas.

Recomendaciones:

Como pareja debemos vernos desde lo individual y lo relacional para que las vivencias en cada etapa del ciclo de vida vayan ajustándose y nos engranemos adecuadamente.

Es preciso despojarnos de la “normalidad” y ver las necesidades y potencialidades de la pareja sin miedo o culpabilidad, explorando y disfrutando nuestra sexualidad.

Para solucionar cualquier problema de pareja es necesario que identifiquemos el problema y busquemos una solución concertada a través de la comunicación, que garantice el compromiso de ambos a su resolución.

Si no es posible hacerlo juntos, busquemos la ayuda profesional que sea necesaria para precisar el diagnóstico y conseguir la solución con un adecuado tratamiento.

(Editorial Phrònesis y elartedesabervivir.com).


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