San Bartolo Ameyalco y Monterrey VI, la guerra del agua

    La disputa por el agua, causa de estallidos sociales si los gobiernos no respetan las decisiones de los pueblos.

     

    Sanjuana Martínez.

    La guerra por el agua llegó a México. Los conflictos por el vital líquido se multiplican, sin que el gobierno federal tenga proyectado un plan de abastecimiento equitativo para todas las comunidades. Los focos rojos se prenden en Veracruz, Coahuila, Nuevo León y en el Distrito Federal. “Lugar donde brota el agua”, es el significado de Ameyalco, una de las comunidades más antiguas del Distrito Federal y México, donde existe un manantial que el gobierno de Miguel Ángel Mancera y el delegado de Álvaro Obregón, Leonel Luna, quieren empezar a repartir, particularmente a los ricos de Santa Fe.

    Los políticos en México han descubierto que repartirse el pastel energético no es suficiente. Del oro negro del petróleo, pasan al oro cristalino. El agua es un gran negocio que está haciendo millonarios a los políticos y a la misma cúpula del poder que se llena los bolsillos con el saqueo de nuestros recursos naturales. Y San Bartolo Ameyalco es un suculento botín. Sus propiedades hídricas de antaño han provocado que su comunidad esté íntimamente ligada al agua, con ríos, manantiales e incluso, una laguna en Xaxalapa. Su fundación se remonta a 1535, y cuando llegaron los españoles ya existía registro de habitantes en esa zona, poblada en sus orígenes por el pueblo guerrero de los tepanecas. Una muestra del carácter de sus pobladores la vimos hace días, cuando los excesos policiales nuevamente criminalizaron la protesta social, muy al estilo de Mancera y los suyos, con un saldo de 110 personas lesionadas y una decena de detenidos. Ya sabemos que el estilo de gobernar de estos perredistas es a base de represión. Primero golpean y luego averiguan.

    En lugar de planear la obra hidráulica para ampliar el sistema Cutzamala, el delegado prefirió el uso de la violencia. Es más fácil para él mandar golpear a los pobladores que defienden sus recursos naturales que analizar los posibles escenarios del conflicto y abrir una mesa de diálogo con los ciudadanos. El autoritarismo es la tentación de los débiles.

    El delegado Luna se opone a trabajar respetando la voluntad individual y colectiva de los habitantes de San Bartolo Ameyalco, que no están dispuestos a dejarse pisotear, ni robar lo único que tienen. Pero el delegado prefiere construir sus proyectos con 2 mil granaderos de la Secretaría de Seguridad Pública (SSPDF), un proyecto que avanza y finalmente concluyó la instalación de un tubo de una red de agua para repartir el vital líquido del sistema San Bartolo a Cutzamala para supuestamente beneficiar a 20 mil habitantes.

    La oposición de los pobladores está bien fundamentada: al extraer el agua del manantial, para el sistema Cutzamala, se contaminaría al mezclarse. La zona tiene problemas de abasto de agua desde hace más de 20 años, pero el delegado reduce el problema de la oposición ciudadana a unos “piperos” enojados porque disminuirán sus ingresos.

    El delegado Luna prefirió la “solución” policiaca a la política. ¿Dónde está la consulta, la conciliación de los intereses de ambos bandos? ¿Que necesitan los políticos y representantes del PRD para hacer bien su trabajo?

    La falta de preparación y efectiva gestión de nuestros políticos es infame, particularmente por los costos que genera la violencia del Estado, siempre inadmisible. El problema de abastecimiento de agua de San Bartolo Ameyaco debería ser solucionado de una vez por todas bajo las condiciones de la concertación con los pobladores. De lo contrario, la gente que habita en esa zona tendrá que seguir recibiendo agua en pipas que a veces cuestan hasta mil pesos.

    Por lo pronto, será la Comisión de los Derechos Humanos del Distrito Federal la que determine las consecuencias de los excesos policiacos, siempre y cuando, se lo permita el PRD. Es en estos casos, donde esperamos la independencia de esta institución.

    La guerra por el agua está generando auténticas batallas. La voracidad de funcionarios, políticos y empresarios no tiene límites. Y para demostrarlo, allí está el proyecto de Monterrey VI, un auténtico ecocidio con la construcción de un acueducto de 372 kilómetros de longitud y 2.13 metros de diámetro desde San Luis Potosí, atravesando Veracruz y Tamaulipas. El gobernador Rodrigo Medina, cuestionado por corrupción en múltiples casos, dice que el acueducto dotará de agua al área metropolitana de Monterrey durante los próximos 50 años, pero en realidad el proyecto hidráulico anunciado como el “más largo de América Latina”, con una inversión de 17 mil millones de pesos, tiene una parte oscura que la propaganda oficial no menciona.

    El mega acueducto, que supuestamente traerá el agua desde el río Pánuco, esconde un desastre ecológico, el daño directo a más de 7 mil trabajadores de caña de azúcar del ingenio de Pánuco, con sus 17 mil hectáreas en ambas márgenes, y la afectación a miles de habitantes de esa zona. Los especialistas de la  Asociación de Usuarios de la Cuenca Hidrológica del Río Pánuco ya advirtieron al gobierno que el proyecto Monterrey VI está condenado al fracaso y es inviable. Más aún, desde la Cámara de Diputados y el Senado, el PAN ha solicitado la suspensión del plan hasta que el gobernador priísta aclare de dónde saldrán esos 17 mil millones de pesos, aunque algunos empresarios y funcionarios ya se frotan las manos y su avaricia brilla en las oscuras intenciones.

    Tampoco los nuevoleoneses saben para qué será utilizada el agua del Pánuco, primero el gobierno dijo que sería para el fracking, es decir, para la extracción de gas shale en la cuenca de Burgos, y luego, cuando surgieron los temblores y la alarma ciudadana, lo negó. Lo cierto es que Monterrey VI y la obra hidráulica de San Bartolo Ameyalco, son dos ejemplos claros de que la próxima guerra en México, no será por drogas o petróleo, será por agua.

     

    (sinembargo.mx).

    COMPARTIR