Pánico sin cundir

Cada día hay más protestas en el mundo por la miseria y la carencia de empleos, pero para la oligarquía y los gobiernos no pasa nada, todo va bien.

 

Luis Leija.

El mundo se colapsa y todo parece  indiferente, la atmósfera que como escudo natural protege la vida se va desvaneciendo velozmente hasta hacerse un ligero velo, las selvas y los bosques desaparecen al avance de las hachas, las motosierras, los caterpillar y el cemento; las aguas de los mares muestran alarmantes signos de deterioro; fuentes, manantiales y pozos aparecen con manchas y hedor, los suelos se resecan, la tierra herida de cansancio exige una tregua.

El clima varía errático, las estaciones se traslapan confundidas, torrenciales precipitaciones inundan regiones completas, sucumben bajo el lodo caminos, aldeas, rancherías, pueblos y suburbios; el calor derrite las frescas esperanzas de comarcas enteras en los cinco continentes; el frío congela el ambiente con polar crudeza.

Se agotan los energéticos, las placas tectónicas se impactan, la radiación escapa de sus celdas; yacimientos y reservas se terminan. La gustosa economía global se frena; el agua limpia se vuelve más cara que el oro; del petróleo casi nada queda.

La sed y el hambre son una pandemia, los planes de desarrollo y crecimiento arden en llamas, los cataclismos se suceden con inusitada frecuencia y creciente intensidad; pero los agoreros del naufragio siguen perseguidos por pesimistas y escandalosos, para ser condenados al fuego eterno.

Los políticos globales continúan discutiendo áreas de influencia, adhesiones, bases militares, alianzas estratégicas, membrecías, bloques y extensiones territoriales.

El presidente enano sonríe frente a los cortesanos que aplauden sus reformas y en el último arrebato de la telenovela donde finge ser héroe inaugura monumentos de cartón, infraestructuras de bambalina y corta listones con los dientes, para estrenar tramoyas de organdí.

Desde el norte, las fábricas de armamento a toda su capacidad se preparan para el gran negocio de la guerra; los líderes no les deben fallar, tienen que cumplir su promesa, las inversiones necesitan redituar.

Las bolsas de valores gritan sus apuestas, cotizaciones a la alza y a la baja cruzan los pronósticos, se intercambian millones de acciones, se venden bonos de deuda, se subastan certificados de tesorería, se mueven los rendimientos.

Anuncian la pujanza de la democracia en África, Asia, Oceanía y Latinoamérica; ya están saliendo del retraso, pregonan los miembros de la OTAN.

Congresistas y militantes celebran el triunfo de sus bancadas, las contiendas electorales se perfilan para amargar la vida ciudadana y los capitales proclaman su apogeo.

El papa se recoge las enaguas para subir al altar donde dios se esconde dentro del tabernáculo divino, los cardenales se maquillan y arreglan  sus caireles para asistir a la canonización del pederasta sagrado.

La tierra sigue girando con su eterna inercia, con su bamboleo infinito; los animales jadean empalagados de hambre, la sed es una plaga sin vacuna, el mundo se precipita al vacío, nadie lo ha notado, que no cunda el pánico.

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