Corazón de Villa

“En esta época hay muchos políticos ambiciosos que ningún bien hacen a mi raza; pasan el tiempo discutiendo tonterías y robándose el dinero que le pertenece al pueblo”, esta es una de las tantas frases dichas por “El Centauro del Norte”, nacido en San Juan del Río, Durango, en 1878, y asesinado en Parral, Chihuahua, en 1923, frase que sin lugar a dudas sigue estando vigente por lo que hoy en día vivimos a nivel nacional.

José Doroteo Arango Arámbula, mejor conocido como “Pancho Villa”, fue como todos sabemos un revolucionario que lideró, junto con Emiliano Zapata, el sector agrarista en la revolución mexicana. Era un campesino pobre, huérfano y de escasa formación familiar y educativa; al estallar la revolución gozaba de gran admiración y popularidad entre los campesinos por sus acciones contra los ricos hacendados.

Y bueno, quise recordar esos datos ya que muchos jóvenes, aún con toda la tecnología, no han conocido lo importante que es este personaje duranguense, cuyo apellido es muy bueno para ponerlo como nombre de un restaurante local, ya que don Pancho hacía las cosas porque le nacía hacerlas, de ahí me imagino que nace el nombre del comedor “Corazón de Villa”, establecimiento que está en la calle Pino Suarez Núm. 519 y que abre desde muy temprano.

“Corazón de Villa” es un lugar con una decoración tipo minimalista, con mesas pegadas a la pared y unos sillones a los lados bastante cómodos, desde donde puedes ver el área de cocina y observar cómo van preparando los alimentos.

La atención es muy mala, sigo sin entender cómo esa importante capacitación para su personal no le sea impartida, por lo que el servicio es bastante deficiente; van, dejan el menú, se retiran, regresan, toman la orden, dejan los alimentos y ya no regresan hasta que pides la cuenta, tienes que andar buscando al mesero para pedirle que te lleve servilletas porque no están montadas en la mesa.

Cuenta con dos áreas, la segunda está al aire libre, y los dos espacios son muy cómodos; sus baños están un poco sucios, aunque cuentan con lo necesario para el servicio.

Su ambientación es muy agradable al igual que su musicalización, el volumen del sonido es apacible, puesto que en las dos áreas se escucha muy bien y puedes platicar sin alzar la voz.

En cada una de las seis-siete mesas que están junto a la pared se encuentran enchufes por si se tiene la necesidad de conectar una laptop, ipad o celular, y al momento de pedir la clave wifi te la proporcionan sin ningún problema.

Me decidí por un buen omelette relleno de carne de res, bañado con una salsa mexicana y con su guarnición de frijoles refritos, con sus totopos que no pueden faltar; los frijoles estaban comibles, pero el sabor a pimienta prevalecía, la carne con la que iba relleno el huevo es muy deliciosa al paladar.

En lo que llevan tu platillo te dejan en la mesa trozos de pan y mermelada, y como bebida no puede faltar el café de olla, que estaba en su punto exacto de temperatura y de ingredientes, pero el cual tristemente no tiene “refill”.

Los costos son altos para el servicio (mal servicio, lo vuelvo a repetir) y la cantidad de alimento que te sirven, por lo que le daré tres tenedores.


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