Un hamponzuelo en la presidencia

¿Y qué sucedió con Emilio Lozoya, ese prepotente y corruptazo ex director de PEMEX que negoció su libertad supuestamente a cambio de ofrecer información para que el gobierno lopezobradorista pudiera encarcelar a personajes de mayor rango político, como el ex secretario de Hacienda, Luis Videgaray, y el mismo ex presidente de la República, Enrique Peña Nieto?

Pues en realidad no sucedió nada en beneficio del pueblo de México, ya que Emilio Lozoya se convirtió en “testigo protegido”, un testigo no solo “protegido” por el gobierno del presidente López Obrador, sino por la mafia a la que pertenece, que cada vez que el inquilino de Palacio Nacional ejerce alguna presión para someterla filtra a los medios alguna fechoría cometida por éste o alguno de sus familiares, como el ya célebre video de Pío López Obrador, recibiendo bolsas de papel repletas de dinero ilegal o los contratos de la prima Felipa Obrador Olán en PEMEX, quien en los dos primeros años del gobierno de la 4T ha recibido más de 365 millones de pesos, un promedio de 500 mil pesos diarios.

Lo que estamos viendo en realidad es una batalla mediática entre varias mafias de poder que nada le aportan a la ciudadanía, pues hasta el momento ninguno de los personajes señalados por haber saqueado el erario nacional ha devuelto un solo centavo de lo que se han robado, para ser usado en beneficio de las mayorías: las grandes fortunas mal habidas de Emilio Lozoya, Luis Videgaray, Emilio Zebadua, Rosario Robles y Enrique Peña Nieto permanecen intocadas por el temible “Eliot Ness mexicano” del gobierno cuatrotero, Santiago Nieto Castillo, titular de la Unidad de Inteligencia Financiera de la secretaría de Hacienda, quien haciéndose de la vista gorda no solo ha solapado las corruptelas de los protagonistas mencionados, sino de muchos otros que inclusive pertenecen al gobierno lopezobradorista y a la familia del corrupto mandatario tabasqueño como Manuel Bartlett, director general de la Comisión Federal de Electricidad, que incumplió la ley ocultando 23 residencias y 13 empresas en su declaración patrimonial; su hijo, Manuel Bartlett junior, que en plena pandemia vendió al gobierno federal ventiladores respiratorios a sobreprecios millonarios y ha obtenido contratos en varias instituciones del gobierno cuatrotero que le han redituado ganancias superiores a los 162 millones de pesos.

La “zarina anticorrupción”, Irma Eréndira Sandoval, secretaria de la Función Pública, también ha sido sorprendida en serias anomalías por no declarar seis fastuosas propiedades y no coincidir sus ingresos ni los de su esposo, John Ackerman (uno de los principales propagandistas oficiosos de la 4T), con el costo de esas millonarias propiedades.

Los “testigos protegidos” solo han beneficiado los intereses políticos personales de López Obrador, no al pueblo de México. Quienes saquearon al país continúan sin devolver lo robado, mientras los amigos y la familia del mandatario corrupto tabasqueño amasan enormes fortunas haciendo negocios sucios al amparo del poder.

Otros pillos que llegaron al lado de López Obrador a servirse del poder para enriquecerse son el director del IMSS, Zoé Robledo, a quien el periodista Carlos Loret de Mola denunció por otorgar contratos millonarios y ventajosos a su hermano para la adquisición de materiales médicos de protección inservibles; el prepotente Pío López Obrador, exhibido en un video a nivel nacional recibiendo cantidades estratosféricas de dinero en bolsas de papel para financiar la campaña presidencial de su hermano Andrés Manuel; la cuñada, Concepción Falcón Montejo, ex síndico del municipio de Macuspana, Tabasco, tierra natal de López Obrador, destituida por el Congreso local de esta entidad por haber formado parte de un cuantioso fraude a este municipio que asciende a más de 200 millones de pesos; la prima, Felipa Obrador, que se ha vuelto archimillonaria recibiendo contratos de adjudicación directa en PEMEX, ISSSTE e IMSS. Hasta la fecha, ninguno de estos personajes sórdidos ha sido investigado ni mucho menos encarcelado por sus delitos.

Hay muchos otros ladronzuelos que forman parte del primer séquito del presidente López Obrador desde hace más de 20 años, y que se han enriquecido de manera brutal desde que el macuspano fue dirigente nacional del PRD y luego jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, y era abastecido de recursos ilegales por la mayoría de los jefes delegacionales (hoy alcaldes) de la Ciudad de México que pertenecían a ese partido. Dos de los principales operadores que aseguraban ese abastecimiento eran Martí Batres, actual senador morenista, y Francisco Garduño, actual director del Instituto Nacional de Migración.

De René Bejarano a Felipa López se ha revelado toda una estructura mafiosa alrededor del hipócrita y farsante pregonero de la “honestidad valiente” que hoy ocupa la presidencia, y todas las mañanas utiliza con alevosía el primer micrófono de México ubicado en Palacio Nacional para denostar a diestra y siniestra a periodistas, empresarios y hasta a ciudadanos que osan criticar a su gobierno.

A dos años de haber llegado al poder, los “izquierdistas” se han caracterizado más por su ineptitud, arrogancia, corrupción extrema y voracidad sin precedente para saquear el erario, además del mal manejo de la pandemia que ha ocasionado más de 120 mil muertes y una llamada de atención severa de la Organización Mundial de la Salud. Por lo demás, la falta de estrategia de seguridad a nivel nacional ha arrojado un saldo de más de 40 mil muertos, muy superior a los dos primeros años de las presidencias de Calderón y Peña Nieto.

Muchas preguntas hay que hacer al presidente totalitarista López Obrador y a su gremio de bribones, como por ejemplo:

¿Qué sucedió con los 279 mil 770 millones de pesos que el gobierno corrupto de Enrique Peña Nieto dejó en 2018 en el Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios (FEIP) y que supuestamente ocuparía el gobierno “izquierdista” para paliar la crisis económica provocada por el COVID19? Al fin de cuentas, López Obrador declaró con un cinismo inusitado que si quebraban los pequeños, medianos y grandes empresarios no era responsabilidad de su gobierno.

¿Dónde quedaron los 500 mil millones de pesos que el mandatario tabasqueño presumió haber ahorrado en los primeros 9 meses de su gobierno?

¿Dónde están los 5 créditos por 2 mil 130 millones de dólares que el gobierno lopezobradorista pidió al Banco Mundial?

¿Y los préstamos por 6 mil millones de dólares que el gobierno federal solicitó y recibió en los mercados internacionales en dónde quedaron?

¿Qué sucedió con el crédito de 61 mil millones de dólares que el Fondo Monetario Internacional le otorgó al gobierno de López Obrador en 2019?

Lo único que sabemos es que hoy atravesamos la peor crisis sanitaria y económica en la historia contemporánea de nuestro país, en medio del total abandono gubernamental, pues esas cantidades descomunales de dinero hoy están ocultas en algún lugar esperando ser entregadas a millones de electores, a manera de migajas, para la compra de votos a favor del partido en el poder: Morena.

Porque para eso llegan al poder la mayoría de los políticos, para robar el presupuesto público, solventar sus próximas campañas electorales, obtener triunfos, hacer millonarios negocios particulares con presupuestos públicos y seguir metiéndole las manos en los bolsillos a la ciudadanía.

Si de algo ha servido el que Andrés Manuel López Obrador haya llegado a la presidencia de la República, fue para darnos cuenta de que no es más que un vulgar hampón y hábil vendedor de mentiras. Un hamponzuelo al que con la fuerza popular del voto razonado podríamos comenzar a enviarlo a su lujoso rancho de Palenque en las elecciones de 2021, y revocarle su mandato en 2022.


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