Los laberintos de López Obrador

Mal comienza la semana para el que ahorcan en lunes. Aunque no es precisamente el caso del presidente Andrés Manuel López Obrador, lo cierto es que luego de los primeros tres meses de este año los problemas del país, las estrategias para mitigarlos y, sobre todo, los nuevos campos de batalla no dejan de aparecer. Lo mismo en el escenario de la pandemia y la estrategia nacional de vacunación con todas sus repercusiones; en la arena electoral con las malas decisiones y apoyos a personajes impresentables; la pésima lectura del movimiento feminista que recorre cada vez con más fuerza el país entero; y el nuevo enfrentamiento con el Poder Judicial.

Un laberinto es un lugar formado por calles y encrucijadas, complejo por naturaleza para confundir a quien se adentre en él; es difícil orientarse en sus senderos, el tránsito es complejo y la salida lejana. Pocos laberintos se forman de un solo camino y resultan de fácil acceso y salida; la mayoría son laberintos multivarios con muchos caminos y salidas probables. Los laberintos mexicanos donde está metido el gobierno de la 4T son de los llamados barrocos, con varias vías muertas y caminos sin salida. Lo que estamos viviendo no deja margen de duda.

La peor decisión de esta última temporada de acontecimientos tiene que ver con la pésima forma de atender las legítimas e históricas demandas de las mujeres para acceder a una vida libre de violencia. Frente a la ignominiosa situación que viven las mujeres en nuestro país, la respuesta del presidente se significa como una ofensa más a la ya de por sí violenta situación femenina. Insistir que los feminismos varios son emisarios del pasado y son financiados y patrocinados por los adversarios conservadores de la 4T, muestra una miopía, una falta de sensibilidad y una nula empatía en la lectura política de las manifestaciones y reclamos sociales a consecuencia de los disparates gubernamentales del pasado y del presente; además de reducir la causalidad social del enfurecimiento de las mujeres.

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Muy caro le va a costar al presidente López Obrador el apoyo que está dando a su compadre Félix Salgado Macedonio, pues en estas elecciones intermedias podría caer su “Cuarta Transformación” por haberle dado la espalda a las mujeres mexicanas.
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Basilia Castañeda Maciel, víctima de violación por parte de Félix Salgado Macedonio, acudirá a tribunales internacionales para denunciar al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, por la protección a ultranza que ha otorgado a su agresor.

En tanto las mujeres no sean tomadas en cuenta de manera seria y consistente para el diseño de políticas públicas, y se siga pensando que con el solo hecho de tenerlas en el gabinete federal se les garantiza un mejor lugar para vivir, seguiremos experimentando la simulación, no solo en los gobiernos de los tres niveles, sino también del resto de la sociedad.

Otra de las salidas del laberinto que no atina encontrar el presidente López Obrador es la designación de Félix Salgado Macedonio como candidato por Morena al gobierno del estado de Guerrero. Más allá de la absurda narrativa de las encuestas y la popularidad del político con sus paisanos, resulta increíble que desde Palacio Nacional se mantenga esa candidatura. Frente a ello, lo único que tenemos son preguntas sin respuestas: ¿Qué gana AMLO con esa postulación? ¿De qué tamaño es la deuda de AMLO y Morena con Salgado Macedonio? ¿Realmente se sienten tan seguros los morenos para pensar que ese candidato les hará lo que el viento a Juárez? Si todas las encuestas señalan que Morena ganará en Guerrero, ¿por qué no mandar a otro candidato? ¿Cuál es el precio que están dispuestos a pagar con su sordera frente a las denuncias existentes contra el senador morenista? Más allá de ganar la gubernatura guerrerense, el partido Morena y el presidente deben valorar el impacto nacional que puede tener el aferrarse a la candidatura de Félix Salgado. Nuevamente querer encontrar la mejor salida a ese laberinto, solamente pensando desde el estado del sur, es mirar por un ojillo demasiado pequeño la realidad nacional. Las elecciones en Guerrero y la movilización femenina pueden significar una sacudida electoral con repercusiones en el Congreso Federal y en el mismo proyecto de transformación de López Obrador.

Otro laberinto tiene que ver con la reforma al sector eléctrico. Como era de esperarse se aprobó sin moverle ni una palabra; asimismo, los amparos y las denuncias del sector privado no se hicieron esperar. Frente a ello, el presidente Andrés Manuel López Obrador solicitó a la Suprema Corte de Justicia que haga una revisión de la actuación de los jueces vinculados a expedientes del sector energético porque sería el colmo que el Poder Judicial del país estuviera al servicio de particulares.

Todo ello, a consecuencia de la actuación de un juez que dio entrada a los amparos interpuestos y que por vía de mientras han detenido la entrada en vigor de la reforma en cuestión. De cara a la petición de AMLO, no podría ser de otra manera, el ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar, salió en defensa de sus representados. Hizo alusión a la independencia y autonomía de los poderes y a la calidad de los fallos emitidos por los jueces. Sin duda, es otra mala lectura del presidente de la República que no abona a la democracia del país. Bajo ninguna circunstancia el camino a seguir debe ser la presión sobre un poder autónomo para que falle a favor del Ejecutivo. Sin negar las conocidas prácticas de maridaje entre algunos juzgadores y los intereses particulares en contra de la nación, no podemos permitir que el Ejecutivo pretenda estar sobre el Legislativo y Judicial, no olvidemos que esa es una de las situaciones que quisimos cambiar a partir de las elecciones de 2018.

Encontrar la salida a los laberintos se torna cada vez más complejo, y como si eso no fuese suficiente, en días recientes el inquilino de Palacio Nacional echó a andar las especulaciones electorales para la sucesión presidencial. Aún no pasamos las elecciones intermedias y ya metió ruido hablando del relevo generacional en la Cuarta Transformación. Inmediatamente la lista de suspirantes se comenzó a formar: Marcelo Ebrard, Claudia Sheinbaum, Tatiana Clouthier, Rocío Nahle e Irma Eréndira Sandoval son algunos nombres de quienes encabezan la tan añeja y desgastada tradición del sistema político mexicano, llamada “el tapado”.

A querer o no, son muchos los laberintos en los que se encuentra metido López Obrador y con él una buena parte de la sociedad. Es urgente que entiendan en Palacio Nacional que la mejor salida de los vericuetos laberínticos no puede basarse en la popularidad del presidente y las encuestas que favorecen a Morena con miras a la elección de este año. Seguir pensando así, es reducir el horizonte de opciones para elegir los caminos que debemos recorrer por el bien de la República.


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