Más miedo a protestas que a los feminicidios

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Más miedo a protestas que a los feminicidios

Víctor Montenegro

En Durango, el debate previo al 8M y la marcha de las mujeres deja algo inquietantemente claro: para el poder, la prioridad no ha sido la violencia de género en todos estos años, sino la protesta que la denuncia. Al gobernador Esteban Villegas y al presidente municipal Toño Ochoa parece preocuparles más una pared pintada que una mujer asesinada.

A días de la manifestación, el mandatario advirtió -por no decir que amagó- que serán detenidas las mujeres que incurran en actos de iconoclasia y en lo que como autoridad se considere vandalismo. El Alcalde secundó la postura y anunció coordinación policiaca para “proteger el patrimonio”.

Se habla de infiltradas, de encapuchadas que “no son de aquí”, de la necesidad de resguardar edificios y de evitar pintas en el Centro Histórico. Sin embargo, hay un dato que debería pesar más que cualquier muro intervenido: Durango lleva siete años y tres meses bajo Alerta de Violencia de Género.

De las 33 medidas dictadas por la autoridad federal, apenas una ha sido cumplida. El 82 por ciento permanece sin atender. No se han fortalecido albergues en las cuatro regiones del estado. No se ha garantizado cobertura integral. No se ha logrado revertir la tendencia. Eso, ya lo hemos señalado en reiteradas ocasiones, sin que haya mínimo eco.