¿Una nueva revolución?

1. A mediados del año 1910, en México sólo se pensaba en las tradicionales elecciones y en los engaños que éstas representaban desde que en 1824 se implantó el gobierno de la República. Porfirio Díaz, que gobernaba desde 1876 (hacia unos 35 años), se sentía muy fuerte, rodeado de prestigio internacional y del total apoyo de militares, hacendados, terratenientes, clero y afamados intelectuales. Sólo unos cuantos luchadores sociales como Ricardo Flores Magón se habían atrevido a publicar periódicos radicales, organizar círculos obreros y hacer huelgas. Pero aún se hablaba de “paz y progreso”, y hasta el mismo presidente había aflojado los amarres de la política para que otros pudieran aspirar a su cargo. ¿Por qué le estalló la Revolución sin enterarse?

2. La dictadura porfiriana, como todos los posteriores gobiernos, sólo protegía a los poderosos y mantenía a la población en una profunda miseria y hambre. ¿Quiénes pensaban en una rebelión o revolución? Eran realmente pocos, porque los ricos, los

Los partidos políticos, carteles delictivos que han dejado de ser una opción seria de gobierno para el pueblo de México.
Los partidos políticos, carteles delictivos que han dejado de ser una opción seria de gobierno para el pueblo de México.

profesionistas e intelectuales gozaban de todos los regalos y privilegios que el gobierno les daba. Pero la Revolución estalló (un poco con sorpresa, con espontaneidad) porque la población escuchó a los líderes que surgieron en la lucha y en seis meses se obligó a renunciar al dictador. Al parecer no se preparó la revolución por ningún partido, no siguió ningún programa. Si esto se registró en México, ¿puede repetirse un siglo después, aunque muchos lo descarten tal como lo hicieron los “intelectuales” de entonces?

3. ¿Puede estallar una revolución radical en el México de hoy? Sí puede, a pesar del millón de militares y policías fuertemente armados con que cuenta el gobierno desde que se puso nervioso en 1994 con el EZLN; también a pesar del tremendo atraso económico e ideológico en que se ha mantenido a la mayoría de la población. Ni Zapata, ni Orozco, Villa, ni Obregón y los sonorenses, ni Abraham González y el mismo Madero pertenecían a partido alguno ni se habían preparado para una revolución. El pueblo, cansado de tanta dictadura, tanta miseria e injusticia, se lanzó a la lucha sin partidos y con los líderes que el mismo pueblo creó. ¿Se dice que fue “espontáneo” porque ningún partido, ningún líder conocido entonces, dirigió la revolución?

4. Luego, la Revolución de 1910-1917 fue “traicionada” o aprovechada por la burguesía que pronto se adueñó de ella; pero al parecer no pudo ser de otra manera porque el capitalismo se había adueñado del mundo. Hoy no se puede decir que por falta de partido “proletario”, de organización o de dirigentes autoproclamados suceda lo mismo. El mismo Flores Magón –el personaje más luchador, valiente e inteligente de la época- fue derrotado, encarcelado y asesinado por esa poderosa clase burguesa –aliada al imperio- que se adueñó de la revolución. Por ello es posible pensar –viendo las movilizaciones espontáneas de hoy- que la nueva revolución en México está en marcha y no sabemos si la nueva “espontaneidad” será la determinante.

5. El México de hoy no ha cambiado mucho: Un primer gran problema de México es que hay algo así como 50 mil empresarios locales y de otros países con enormes ingresos, depósitos bancarios y propiedades que no pagan impuestos, que cotizan muy poco o pagan en especie. Esos mismos 50 mil poseen, además de su negocio principal, otras inversiones en México y otros países, cuentan con mucha fuerza y presencia en política nacional; como dicen aquí: son los “poderes fácticos”, y por ahí: la “casta”. ¿Quién podrá tocarlos si ellos controlan la economía, el gobierno, los medios de información, los partidos y las elecciones? Luego la gente se pasa culpando a sus títeres sin darse cuenta quiénes mueven los hilos del poder real.

6. Todos los años las poderosas empresas privadas (Walmart, Soriana, Teléfonos, Televisa, TV Azteca, Transportes) junto a sus dueños, informan de sus gigantescas ganancias, de la extensión de sus negocios, de la compra de otros y de sus inversiones. Los gobiernos, en vez de exigirles el pago de impuestos les hacen homenajes como si el saqueo en precios y salarios sean para aplaudir. El pretexto y la amenaza ha sido que si el gobierno no les garantiza libertad, ganancias y seguridad se van del país; sobre todo si les impone impuestos. ¿Qué hacen los gobiernos? Arrodillarse frente a ellas brindándoles apoyo para seguir saqueando el país. ¿Qué hacen otros sectores del gobierno? Pues simplemente apoyar esas políticas pro empresariales.

7. Por ejemplo, en la actual legislatura mexicana, con excepción de Monreal, Bartlett, Encinas y Padierna, hay unos 650 diputados y senadores de todos los partidos que sólo acuden al edificio de San Lázaro y de Insurgentes a justificar sus gigantescos salarios; la realidad es que no solo pasan lista, también votan, cuando les avisan con el timbre, por lo que les ordenan sus jefes. Pero no es de los años recientes, así ha sido siempre y parece que será en el futuro. ¿Qué harán los 50 diputados de López Obrador para demostrar en el país que son radicalmente distintos? ¿Se dedicarán a lloriquear porque los han “mayoriteado” como desde hace 40 años lo hace la llamada oposición mientras cobra sus altos salarios y compensaciones?

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