La pobreza

Luis Leija.

La cantidad de pobres sigue en aumento en este patético país, la pobreza es vista en algunos círculos como una terrible y peligrosa enfermedad contra la que hay que vacunarse, haciendo hasta lo imposible para no caer en esta especie de epidemia que en México va ganando terreno día con día. Pero la pobreza es generada, fomentada y estimulada por el sistema económico en complicidad con la clase política, que se nutre de poder gracias a ella. Para el sistema económico es conveniente tener una enorme oferta de mano de obra; así, los salarios se mantendrán muy bajos, rosando el nivel mínimo de subsistencia. Con una baja demanda de trabajadores gracias a la automatización, se logra tener excelentes utilidades para los accionistas de las empresas.

La pobreza brinda muchos beneficios al sistema político que llaman “Democracia”, pues las personas en estado de pauperización no tienen cómo llevar alimento a sus familias y entonces se ven orillados a hacer “cualquier cosa” para satisfacer sus más indispensables necesidades; así, pueden ser fácilmente reclutadas, ya sea por las distintas fuerzas armadas gubernamentales, por el crimen organizado o delinquir por cuenta propia.

Al gobierno le preocupa en gran medida la opinión pública, especialmente la internacional, por lo que debe guardar las apariencias de tener un régimen político que aparente democracia, para lo cual surte a las clases marginadas de flamantes credenciales de última generación con fotografía para votar en cada campaña electoral, comprando su voluntad, ya sea con monedero electrónico, canastas alimenticias, bultos de cemento, láminas o en efectivo; con esto será suficiente para el periódico acarreo donde los candidatos desfilarán en las comunidades recibiendo aplausos, confeti, serpentinas y flores. La pobreza conviene a los partidos políticos, así reúnen el voto duro tan necesario para comprobar favorables, resultados o conservar su registro y así gozar del benéfico presupuesto para sus dirigentes.

A la pobreza va unida la ignorancia, la desnutrición, la enfermedad, la exposición a las inclemencias del tiempo, el vicio, la vagancia, la emigración, el crimen, el rompimiento del núcleo familiar, la desesperanza, el abandono y hasta el suicidio. Los gobiernos dicen combatir la pobreza, los discursos están llenos de buenas intenciones para acabar con este flagelo, pero en los hechos reales la fomentan sin ser capaces de reconocerlo, aunque las cifras hablan. Gritan a voz en cuello que gracias a las reformas impulsadas por la federación se van a generar millones de empleos de clase mundial, y de facto las empresas trasnacionales que llegan a instalarse en nuestro territorio gozan de toda clase de facilidades fiscales, laborales y jurídicas, pero los empleos que ofrecen son pocos y los de más baja categoría en la industria.

Los negocios que más trabajadores emplean son los pequeños y medianos, mismos que apenas sobreviven en los mercados saturados por las importaciones permitidas por el TLC y susceptibles de ser desplazados por las sucursales de las grandes empresas internacionales. El aumento del Producto Interno Bruto (PIB) no abate la pobreza, como apuntan los voceros oficiales del sistema; los beneficios del incremento de este índice, van directo a los bolsillos de quienes ya tienen de sobra. La creación bruta de riqueza regresa al capital, dejando solo migajas en su camino.

La función del estado tiene que ser equilibrar estos pesos, estas fuerzas tan asimétricas, en las que la inercia económica por gravedad fortalece más al fuerte y debilita más al endeble. Para conseguir una mejor distribución del ingreso y una mejora sustancial en la calidad de vida de más de cincuenta millones de mexicanos, tenemos que incidir en varios frentes simultánea e inmediatamente: Crear una cultura de respeto a la justicia, ir seriamente contra la impunidad y la corrupción que nos ahoga desde la cúspide del poder, nivelar las cargas fiscales gravando en saludable proporción las enormes utilidades de las grandes empresas, fomentar la creación de pequeños talleres familiares para la fabricación de artículos de uso interno y protegerlos de las importaciones, estimular la agricultura familiar con huertos e invernaderos productores de vegetales, verduras y frutas.

Generar campañas y dar apoyos para la producción de alimentos para la población más marginada, impedir que se sigan destruyendo los activos del país en aras de beneficiar a las inversiones extranjeras; educar, capacitar y entrenar a las clases más desprotegidas en actividades productivas viables, para que logren satisfacer sus más urgentes necesidades. Si la democracia es el gobierno de las mayorías y la mayoría de mexicanos está en pobreza extrema, son los pobres quienes tendrán que ser la fuerza política de México y no los archimillonarios, quienes hasta hoy han sido los únicos beneficiarios del sistema.

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