La Condesa. El corredor de la muerte

Héctor de Mauleón. 

La madrugada del domingo 2 de junio, Marco Antonio Cardona Utrilla salió del bar del que era propietario, el Life, ubicado en la esquina de Alfonso Reyes y Saltillo, en la colonia Condesa. Un valet le acercó su Mini Cooper a las puertas del establecimiento. Cardona lo abordó en compañía de su novia, una muchacha cubana de 27 años de edad. Entonces, una camioneta Lobo con rines cromados le cerró el paso.

Una cámara de vigilancia ubicada a media cuadra captó el momento en que un hombre disparaba contra Cardona y corría hacia la camioneta Lobo, en la que lo aguardaba un cómplice. El vehículo dio vuelta en Ometusco. Diez segundos más tarde, en una segunda cámara se le vio atravesar Benjamín Hill.

Según un hermano de la víctima, dos semanas antes Cardona se había negado a pagar “derecho de piso” a extorsionadores. “Lo amenazaban continuamente, pero no hacía caso”, declaró.

El procurador capitalino, Rodolfo Ríos Garza, aseguró que en la dependencia a su cargo no existen denuncias que señalen “algún tema de extorsión” en la colonia Condesa.

Se aclaró, de todas formas, que las autoridades estaban abiertas a seguir cualquier línea de investigación. Por lo pronto, quedaron abiertas tres: extorsión, problemas sentimentales y dificultades de dinero -con clientes que le debían fuertes cantidades en otro de sus negocios: la venta de ordenadores en un local del Centro Histórico-.

En mayo de 2013 otro hombre fue asesinado muy cerca de ahí, en calles de la Condesa. Se llamaba Horacio Vite. Le dieron un tiro en la cabeza a las puertas del bar Black y su asesinato desató, por un presunto cobro de cuentas entre narcomenudistas, el multihomicidio del bar Heaven de la Zona Rosa (13 jóvenes secuestrados, asesinados y calcinados).

Ese año la opinión pública se enteró de que en los antros del corredor Roma-Condesa operaba un grupo dedicado al narcomenudeo, cuyo centro de operaciones se encontraba en Tepito: La Unión Insurgentes. En marzo de 2011, ese grupo había sacado a un hombre de otro bar de la Condesa, el Zíngaro: su cadáver apareció con dos balazos en la colonia 7 de Julio.

Según la versión de uno de los detenidos por el caso Heaven, La Unión había logrado apoderarse del corredor Roma-Condesa asesinando a los antiguos jefes, conocidos como Los Malandros. El líder máximo de La Unión Insurgentes, de acuerdo con la averiguación DGAUD/CAPET/T3/00914/13-05, es Edwin Jiménez Cabrera, conocido como El Antuán. Aunque El Antuán es buscado por los crímenes del Heaven, se encuentra prófugo de la justicia.

Un primo suyo, Luis Felipe Chávez Cabrera, cuyo apodo es El Pavo, fue detenido en febrero pasado en otro bar de esa colonia. Se le señala como “líder de narcomenudistas en la zona”. El Pavo estuvo escondido en el Estado de México luego de la matanza del Heaven, pero un año más tarde regresó a hacerse cargo de la venta de droga en el corredor. Fue acusado, entre otras cosas, de amedrentar a los dueños de los antros para que permitieran que sus dealers vendieran droga en el interior de éstos.

El mes en que El Pavo fue detenido, el propietario de otro bar reveló a las autoridades -según Reforma la denuncia se halla contenida en la averiguación FAST/T3/34/15-02- que la Unión estaba exigiendo a los “antreros” cuotas de hasta 20 mil pesos al mes.

Cuatro meses más tarde, integrantes de la Asociación Nacional de la Industria de Discotecas, Bares y Centros de Espectáculos relataron al reportero David Fuentes, de EL UNIVERSAL, que además de amagar a los propietarios para permitir el ingreso de vendedores de droga, los narcotraficantes colocaban a un hombre junto a la caja registradora para que al final de la noche recabara un porcentaje de la venta total: de 15 a 40% de las ganancias.

Los propietarios declararon que “en el primer semestre de 2015 cuatro negocios cerraron en este corredor comercial porque les fue imposible pagar la extorsión”. Declararon también que los extorsionadores pertenecían al Cártel Jalisco Nueva Generación “y compartían la zona con un grupo delictivo que opera en Tepito”.

Un vecino que atraído por el ruido vio aquella madrugada el cuerpo de Cardona balaceado dentro del auto, me describe la vida en la nueva Condesa: “Alcohol, drogas, giros negros disfrazados de afters, lugares clandestinos al por mayor, valet parking sin control, autos con vidrios polarizados haciendo intercambio de maletas”.

Pero el procurador sostiene que en la dependencia a su cargo no existen denuncias que señalen “algún tema de extorsión”.

(El Universal).

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