El presidente oscuro

Martín Moreno. 

 

  • Baldetti se burla de la opacidad de EPN.
  • Inexistente, el historial académico del presidente.     

 

La vicepresidenta de Guatemala, Roxana Baldetti, es una de las mujeres más poderosas de su país. Maestra, periodista y política, Roxana ahora es conocida en México por haberse mofado del presidente Peña Nieto porque, hasta hoy, no ha querido revelar el origen y los montos de su muy considerable fortuna personal.

Del presidente de México se burlan en Guatemala. Lo que nos faltaba… aunque razón no le falta a Baldetti al exaltar la opacidad de Peña Nieto.

Así como la ausencia de transparencia en sus bienes personales, la falta de cultura es una característica de Enrique Peña Nieto. Un político que no lee. Un político que confunde a Carlos Fuentes con Enrique Krauze. Un político de apagadas luces culturales. Un político hecho al estilo más de la grilla que de la academia. Un político más diseñado a la demagogia que a la preparación intelectual. Un político que apenas sabrá, sin temor a equivocarme, quién es nuestro Premio Nobel de la Paz o de Literatura.

¿De dónde proviene la ignorancia del presidente de México?

Un reporte del Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI) –al que erróneamente Peña confundió de nombre y trastabilló en su pronunciación–, nos alerta: ha declarado “inexistente” el historial académico del presidente de México.

Muchos secretos esconde este presidente sórdido.
Muchos secretos esconde este presidente sórdido.

Y alarma por una razón de fondo: un hombre inculto, sin preparación, está impedido, por naturaleza, de tomar decisiones acertadas para un país. Debemos desconfiar de aquél político que se guía sólo por su intuición, por lo que ha aprendido en “la grilla” y no en las aulas, en el estudio, en la lectura, en la escritura, en los libros, en la cultura.

Sí: por sus opacidades financiera y académica, el presidente de México es un personaje oscuro.

Pocos saben cómo hizo su fortuna personal Enrique Peña Nieto, un hombre forjado en los sótanos de la política mexiquense, a la sombra de los Hank, de los del Mazo –Alfredo del Mazo, ex aspirante presidencial, es su tío–, de los Montiel y compañía. Todos estos ilustres apellidos tienen un sello: el enriquecimiento inexplicable, la opacidad, el juego sucio. Y bajo estos parámetros creció y aprendió Enrique Peña Nieto.

Basta una estampa para conocer un poco más a Peña Nieto y sus prioridades de vida cuando era diputado local en el Estado de México (extraído del libro Los Suspirantes 2012, coordinado por Jorge Zepeda Patterson, en el capítulo “Enrique Peña Nieto, el Luis Miguel de la política”, escrito por Ignacio Rodríguez Reyna):

Recuerda el entonces diputado Emilio Ulloa que cuando ambos eran diputados locales, “en un insólito acto de sinceridad, Peña Nieto se le acercó y le dijo que estaba desesperado. ‘Mi mujer me quiere acusar con el gobernador Montiel…’.

-¿De qué lo iba a acusar?

-Pues de que andaba de mujeriego…

Hasta aquí la cita.

Esas eran las preocupaciones mundanas de Peña Nieto.

Y esta escena retrata la clase de ser humano que es el presidente de México a quien, en el Estado de México, nadie le recuerda una intervención brillante en la tribuna, impulsar una iniciativa en favor de una causa justa o denunciar corrupción o malos manejos. No. Esa línea no era para Peña Nieto.

A Peña le enseñaron a encubrir. A ocultar. Y eso sí hay que reconocérselo: lo aprendió a la perfección.

Allí está el encubrimiento al enriquecimiento escandaloso de su padrino político, Arturo Montiel, una de las vergüenzas de la política nacional.

Allí está el encubrimiento en torno a los más de mil feminicidios cuando era gobernador en el Estado de México.

Allí está el encubrimiento del caso Paulette, cuando Peña fue informado de que los padres de la niña, Mauricio Gebara y Lisette Farah, sabían dónde estaba Paulette desde su desaparición y nada se hizo para castigarlos. (Ver libros Paulette, lo que no se dijo y Abuso del poder en México, cap. “Ellos, los priistas”, Editorial Santillana/Aguilar, Martín Moreno).

Y esa opacidad que caracterizó la formación política de Peña Nieto también fue el sello de su llegada a Los Pinos.

En su declaración patrimonial hecha en enero de 2013, Peña incluyó nueve propiedades –seis casas y tres terrenos–, donadas seis de este total. ¿Quién le regaló tantos bienes al hoy Presidente de México? ¿A quién le debe tantos favores? ¿Acaso a Arturo Montiel?

¿Los mexicanos tienen derecho a saber quién le regaló tantas casas a su Presidente? La respuesta es sí. Por transparencia. Por ética. Por honestidad.

Pero Peña Nieto oculta quién se las “donó”.

Y oculta también quién le regaló “obras de arte” –muy difícil imaginar a Peña Nieto admirando una pintura de Vermeer o alguna obra de Francisco Toledo; vamos, ¿sabrá siquiera algo sobre ellos?–, o las “joyas” que dice tener bajo su peculio aunque, para ser francos, sí lo idealizamos con relojes de oro. Como los que usa Romero Deschamps.

La opacidad del presidente de México ha traspasado fronteras. Al menos, la frontera sur.

Hace unos días, la vicepresidenta de Guatemala fue interrogada respecto a sus propiedades. A la mente se le vino la palabra opacidad y, por tanto, irremediable, recordó a Peña Nieto. Dijo Baldetti a una emisora local:

“Allí está la (declaración patrimonial) de Enrique Peña Nieto. Léanla por favor, la que dijeron que era lo máximo. Yo tengo una copia de (la declaración) Peña Nieto, me da risa, porque yo sí digo dónde debo, a quién le debo, y en cuánto están hipotecadas mis casas”.

¡Tómala!

Pero lo grave del caso no es que Baldetti haya exhibido de esa manera al presidente mexicano. No. A final de cuentas es un asunto público.

Lo “Guatepeor”, es que Baldetti tiene razón. No miente.

Las pocas –o nulas– luces académicas y culturales del presidente de México; su falta de preparación; sus constantes destellos de ignorancia; sus evidentes medianías, comienzan a entenderse por un reporte que el IFAI dio a conocer: el historial académico del ciudadano Enrique Peña Nieto es “inexistente”.

Esto ocupa y preocupa.

Ocupa porque es el presidente de México. Así de simple.

Preocupa porque no es normal que se desaparezca el historial académico de una persona, sobre todo si es la que gobierna a un país. A menos, claro, que se tenga algo que ocultar. O algo de qué avergonzarse.

A la petición de un ciudadano para conocer el historial académico de Peña Nieto, la Unidad de Enlace de la Presidencia respondió con un seco y rotundo “NO”. (En el portal de la Presidencia se afirma que Peña es licenciado en Derecho por la Universidad Panamericana y tiene Maestría en Administración por el ITESM).

Al llegar dicha petición al IFAI, la respuesta fue: “Confirmamos la inexistencia que respondió Presidencia”.

¿Es el IFAI cómplice de ocultamiento de datos sobre el historial académico del presidente de la República, o simplemente carece de ellos para hacerlos públicos por ley, ante la solicitud de un ciudadano?

El cuestionado IFAI no ha aclarado este punto.

Por ello las muchas dudas sobre el desempeño académico de quien nos gobierna.

A la luz de la información pero, sobre todo, ante la escasa información sobre los bienes del presidente y su cuestionada preparación académica, política, cultural y profesional, queda, por lo pronto, una cosa clara: Enrique Peña Nieto se ha movido entre la opacidad, la nula transparencia y el ocultamiento de datos sobre su persona.

Un presidente oscuro, ciertamente.

Y ante su trayectoria nebulosa, sólo queda recordar una frase del vox populi: “Con Peña Nieto queda demostrado que, en este país, cualquiera puede ser presidente”.

(Twitter: @_martinmoreno).

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