Las “artes” según el Festival Ricardo Castro

Miguel Ángel Burciaga Díaz, pianista y director orquestal.

El pasado sábado 19 de marzo tuve el desagrado de escuchar las declaraciones en televisión por parte del director del IMAC, donde él trataba de justificar su festival explicando su reducida concepción sobre el arte y la cultura, es por ello que decidí desarrollar este artículo a manera de protesta.

Para comenzar esta crítica, hago notar que el primer error notable consiste en llamar al festival Ricardo Castro, por la simple razón que en su gran programación de más de 100 eventos no se contempla para nada algo minúsculamente relacionado con la difusión de su obra o vinculado a su labor artística. Ante ese detalle, creo que es injusto llamar a un festival con el nombre de una persona distinguida si no se le pretende homenajear, puesto que no se trata de hablar de una marca registrada, y más lamentable es aún que este festival no sea un vehículo para que los duranguenses conozcamos la importancia de este artista duranguense.

Sobre la presentación del festival en la que se hace hincapié en las palabras “entretenimiento, diversión, espectáculo”, creo que no son los propósitos de un festival cultural, o perdón, corrijo lo dicho, festival de las artes, como confusamente trató de separar estas definiciones el director del IMAC en sus declaraciones. Que yo sepa, el entretenimiento y la diversión no tienen absolutamente nada que ver con las artes, y es tan particular el gusto de cada persona al respecto, que hasta donde yo sé no se considera una necesidad que deba ser subsidiada por el gobierno, y si acaso lo fuera, para ello ya tenemos las fiestas de la ciudad.

Lauro Arce Gallegos, director del Instituto Municipal del Arte y la Cultura de la ciudad de Durango. Muy ambiguo su concepto de la cultura en un Festival Ricardo Castro sin Ricardo Castro.
Lauro Arce Gallegos, director del Instituto Municipal del Arte y la Cultura de la ciudad de Durango. Muy ambiguo su concepto de la cultura en un Festival Ricardo Castro sin Ricardo Castro.

La función de una dirección cultural institucional no puede concebirse desde la definición general de cultura, que se refiere a que todo el conjunto de actividades, ideas y productos del ser humano son la cultura, como pretende el directivo del IMAC, ya que desde ese punto de vista todo es cultura, y sobre ello los juicios de valor no tienen validez, ya que como cultura tienen el mismo valor porque simplemente deben de ser algo vinculado con el ser humano, es decir, una sinfonía de Beethoven, el reggaetón, los zapatos que traigo puestos, las malas palabras, los tacos de la esquina y la gran muralla China, desde esta definición son igualmente válidos culturalmente.

Entonces, ¿cuál era originalmente la función de una institución cultural?, en teoría, difundir e impulsar en la sociedad las expresiones culturales más valiosas que tiene la humanidad, con el fin de fortalecer la ilustración y la educación de una sociedad, y para ello se pretende hacer hincapié en la difusión de la artes, sobre todo cuando estas pretenden mostrar una sublimación del pensamiento y la actividad humana. Actualmente, los directivos culturales están enredados, porque si bien no entendían este objetivo, todo se complicó a raíz de que en la UNESCO se puso en mesa de debate el término “inclusión cultural”, así que acá por nuestros rumbos decidieron que esta problemática se resolvía mezclando todo, fuese como fuese, para evitar ser tachados de discriminatorios.

Y que pasó, tenemos como resultado proyectos como el presente Festival de la Artes Ricardo Castro, donde el término “inclusión” se entendió como “supresión del control de calidad”, al menos en la mayoría de los eventos, y tenemos algo más parecido a una simple fiesta, y bastante diferente a un festival donde se plantea el diálogo entre las artes como medio para ilustrar a la sociedad.

Sobre esto se han defendido muchas veces diciendo que se tiene que darle gusto a todos los públicos, y por eso se trae de todo como en botica, para que queden satisfechos, ya que si no estarían excluyendo a la sociedad. Desde lo personal creo que dar por supuesto que una gran mayoría de la gente de nuestra sociedad no esté capacitada emocional o intelectualmente para apreciar expresiones artísticas de gran calidad, ya sean académicas o populares, es lo que verdaderamente es un acto de discriminación.

Ya ni para qué hablar de la promoción de eventos religiosos, que supuestamente está constitucionalmente prohibido que esto se haga a partir de instituciones de gobierno, o considerar que el turismo es un objetivo central en un festival cultural, lo que es tan absurdo como que se planteara la construcción de escuelas y hospitales con el propósito principal de ocupar lotes baldíos en la zona urbana.

 Poster del Festival Ricardo Castro. Lamentable elenco que pretende presentar el entretenimiento como cultura.
Poster del Festival Ricardo Castro. Lamentable elenco que pretende presentar el entretenimiento como cultura.

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