Otra más del presidente corruptazo

[dropcap]E[/dropcap]n países como Islandia y Honduras los ciudadanos han obligado a sus presidentes a renunciar de inmediato cuando han sido sorprendidos haciendo transacciones turbias aprovechándose de los altos cargos que tienen, es decir, cuando han querido pasarse de listos haciendo negocios particulares con recursos públicos. También, en Estados Unidos, por ejemplo, los políticos que han incurrido en conflictos de intereses difícilmente han podido recuperar su prestigio. Pero en nuestro país, por desgracia, no sucede nada

En lo que va del sexenio, los mexicanos hemos tenido que soportar infinidad de pifias del presidente Enrique Peña Nieto, que van desde públicas muestras de evidente carencia de cultura hasta exhibiciones vergonzosas de su enriquecimiento ilícito.

Descendiente de familias de abigeos asesinos que asolaron los municipios de Acambay y Atlacomulco, en el Estado de México, desde principios del siglo pasado (libro Los Golden Boy de Francisco Cruz Jiménez, pág. 31), Enrique Peña Nieto parece traer en su sangre los genes de la depredación.

A la fecha son muchas, muchísimas las denuncias documentadas que han hecho algunos medios de comunicación nacionales y extranjeros de indudable prestigio de los saqueos que ha cometido Peña Nieto y su selecta gavilla de colaboradores cercanos y empresarios “favoritos”, tropelías que han significado verdaderos asaltos al erario nacional; robos pues, que ascienden a una cantidad incalculable de miles de millones de pesos.

Así, al escándalo mundial de La Casa Blanca ahora se suma el desaguisado de El Departamento de Miami, inmueble propiedad del Grupo Pierdant que la esposa del presidente, Angélica Rivera, ocupa desde el año 2009 en Key Biscayne, Florida, E.U. Al respecto, la revista Forbes publica:

“La investigación del periódico The Guardian reveló que el departamento propiedad del Grupo Pierdant usado por la primera dama es el número 404 del Ocean Club Tower One, y que está ubicado en el piso superior del número 304, que es propiedad de Rivera y que funciona como una sola unidad. En 2009 Pierdant compró la unidad 404 a través de la empresa Biscayne Ocean Holdings, aparentemente creada para ese propósito.

Angélica Rivera, la esposa del presidente. Cadena de escándalos que parece no tener fin.
Angélica Rivera, la esposa del presidente. Cadena de escándalos que parece no tener fin.

“En marzo de 2014 la empresa de Pierdant profundizó el vínculo al pagar el impuesto predial no sólo del departamento 404, sino también del 304, el pago de este último ascendió a 29,703 dólares”.

El Grupo Pierdant, propiedad del empresario Ricardo Pierdant Grunstein, “casualmente” participará en varias licitaciones para desarrollar puertos marítimos en México, pero tanto este empresario como su hermana Aurora ya han sido beneficiados con contratos millonarios en varias dependencias del gobierno federal.

Lo anterior debería de sorprendernos, pero conociendo el historial de nuestro presidente podemos decir que, como el alacrán, esa es su naturaleza: beneficiarse de manera personal utilizando las instituciones públicas. Esto precisamente es lo que Enrique Peña Nieto ha venido haciendo desde que era secretario de Finanzas de su pariente ladrón, Arturo Montiel Rojas, ex gobernador del Estado de México, y esto es lo que hizo siendo gobernador de esta entidad. ¿Por qué debería de comportarse de otra manera siendo presidente de la República?

Hoy, a los únicos que les está yendo muy bien en nuestra nación es a este presidente y a su élite de voraces saqueadores y, por supuesto, a la partidocracia en su conjunto, esa partidocracia siempre tan “complaciente” y partícipe de estos y otros actos igual de ignominiosos.

Y mientras la clase política delincuencial vive su auge, el pueblo padece la pobreza de siempre, solo que ahora más agudizada con esas “reformas estructurales” que solo han beneficiado a unos cuantos. El desempleo crece y la inflación no se detiene por esos arbitrarios “gasolinazos” y las “variaciones financieras” que siempre favorecen de más a la moneda estadounidense.

El conflicto magisterial parece ser eterno pues ya de sobra sabemos que la “reforma educativa” no es tal sino una mera reforma laboral para someter a los maestros e ir adelgazando la nómina de este sector. Y los costos económicos y en vidas humanas que este problema ha generado ya son incalculables por la ineficiencia de quien maneja la política interna de nuestro país.

La violencia del crimen organizado, la mayoría de las veces solapada o fomentada por el mismo gobierno federal, cada día crece.

La total falta de transparencia de nuestros gobernantes raya en el cinismo y nos hemos convertido en testigos mudos de los robos que cometen, de las compras de propiedades millonarias que hacen en el extranjero y de la impunidad de la que disfrutan una vez que dejan sus cargos.

Lo peor de todo esto es que la derecha y la “izquierda” son lo mismo, aunque no lo acepte el santón Andrés Manuel López Obrador, quien en la pasada contienda electoral no paró de decir que “la única diferencia entre el PRI y el PAN es que unos son ladrones y los otros son rateros”.

Hoy, sin temor a equivocarnos, podemos decir que la única diferencia entre la “izquierda” y la derecha es que unos roban menos y los otros roban más, dependiendo, por supuesto, de los cargos que ocupen. Como ejemplo de las ladronerías de la “izquierda”, esa “izquierda” morenista de la que tanto se ufana López Obrador de ser “honesta”, tenemos a ese jefe delegacional de Tláhuac, Rigoberto Salgado Vázquez, recientemente señalado en varios medios de comunicación por haber construido un lujoso restaurante con recursos financieros y humanos de esa delegación.

La ingobernabilidad impera en Tláhuac con el corrupto jefe delegacional Rigoberto Salgado Vázquez, cercano e incondicional del santón “izquierdista” Andrés Manuel López Obrador.
La ingobernabilidad impera en Tláhuac con el corrupto jefe delegacional Rigoberto Salgado Vázquez, cercano e incondicional del santón “izquierdista” Andrés Manuel López Obrador.

Y como este bribón hay otros jefes delegacionales morenistas igual o más corruptos, como el de Xochimilco, Avelino Méndez Rangel, y el de Cuauhtémoc, Ricardo Monreal.

Por fortuna, la ciudadanía cada vez está más despierta, dispuesta a defender sus derechos y a hacer efectivo su poder de elección, como lo ha manifestado en los últimos procesos electorales en los que ha desechado de manera tajante a las opciones políticas que la han reprimido y le han metido las manos en los bolsillos.

Sin duda alguna falta mucho por hacer, pero el camino cada día se acorta más para deshacernos de esa pesada carga que nos ha representado la partidocracia y muchos de sus políticos delincuentes.

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