Johnny Laboriel, el rebelde del rock

De la redacción de raza cero.

 

Corría el año de 1958 cuando Juan José Laboriel López, nacido en el Distrito Federal el 9 de julio de 1942, de padres hondureños y con apenas 16 años, se integraba al grupo de rock and roll llamado Los Rebeldes del Rock. Quizá Juan José Laboriel López no se imaginaba en ese momento que con el nombre artístico de Johnny Laboriel formaría parte de la cultura contemporánea de nuestro país al ser uno de los pioneros de este género musical que, proveniente de los Estados Unidos de Norteamérica, provocaría un enorme revuelo social en México.

Comenzaba la década de los años sesentas, en la que dominaban la escena musical artistas de enorme prestigio internacional, como Agustín Lara, José Alfredo Jiménez, Álvaro Carrillo, María Grever, Consuelo Velázquez y otros más de estilos mesurados, pero no por ello ajenos a las persecuciones de las damas de La Vela Perpetua y a las condenas por los rancios esquemas sociales impuestos.

En este contexto irrumpe el rock and roll en medio de la efervescencia política de bastos sectores de la sociedad que buscaban afanosamente implementar un verdadero régimen democrático que consolidara realmente las conquistas sociales consagradas en la Constitución de 1917.

Así pues, el rock and roll fue para muchos un instrumento más de protesta ante el poder establecido. Pero en México había pocos creadores de este género por lo que los intérpretes y músicos nacionales, al copiar los temas estadounidenses, tenían el enorme reto de superar las versiones originales grabadas en el vecino país del norte. De esta manera surgieron los covers en idioma español, que en las voces de intérpretes de la talla de Enrique Guzmán, Angélica María, César Costa y Alberto Vázquez se convirtieron en grandes éxitos en toda Latinoamérica.

Y Johnny Laboriel fue quizá el mejor ejemplo de esto ya que como vocalista de Los Rebeldes del Rock grabó en 1960 el popular tema titulado Hiedra venenosa, de Jerry Leiber, originalmente interpretado por The Coasters. La versión ejecutada por Johnny Laboriel con Los Rebeldes del Rock es considerada por muchos críticos musicales como la mejor que se haya grabado hasta el momento, inclusive superior a la que en ese mismo año grabó la banda inglesa The Rolling Stones.

Luego vendría una cascada de canciones que Johnny Laboriel colocaría en los primeros lugares de audiencia en la radio y televisión de todos los países del continente americano, como Rock del angelito, Muévanse todos, Melodía de amor, Siluetas, Corre Sansón corre, Cuando florezcan los manzanos, Danny Boy, entre otras, con las que vendería millones de discos.

 

“A mi no me trajo la cigüeña, me trajo El Pato Lucas”, se burlaba de sí mismo el gran Johnny Laboriel.

 

Con toda la fama del mundo y mucho dinero a su disposición, Johnny Laboriel cayó en los vicios del alcohol y las drogas, adicciones que logró superar gracias a su fuerza de voluntad manteniéndose sobrio los últimos veinte años de su vida. Sin embargo, el cáncer de próstata comenzó a minar su salud hasta provocarle la muerte el 18 de septiembre de 2013, a los 71 años de edad.

Tres semanas antes de fallecer recibió una llamada por error del papá de Vincent Van Rock, guitarrista y vocalista líder del grupo Los Rebel Cats:

“Mi papá tenía guardado el teléfono de Johnny Laboriel desde hace muchos años y por error una vez le marcó y se dio cuenta que le estaba contestando el verdadero Johnny, entonces se le ocurrió de inmediato invitarlo a participar en nuestro disco”, comentó Vincent. “Y a pesar de que no nos conocía, Johnny Laboriel aceptó grabar una canción con nosotros”, agregó el músico.

Fue así como el enorme Johnny Laboriel, ícono del rock mexicano, en un gesto de sencillez y humildad grabó su última canción, titulada No hagas caso a tus papás, acompañado por un grupo de jóvenes rockeros prácticamente desconocidos. Así era Johnny Laboriel, el rebelde del rock.

LA HIEDRA VENENOSA. JOHNNY LABORIEL CON LOS REBELDES DEL ROCK

 

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