RENOVARSE O MORIR

Sergio O. Delgado Soto.

A dos años como gobernador en funciones de José Rosas Aispuro Torres, el desencanto con su administración está socialmente muy extendido, tanto que es frecuente escuchar decir de su gobierno, parafraseando a Denise Dresser, que es uno más de cuotas y de cuates, y así ni para cuándo dejar de ser “el Chiapas del norte”.

En el ámbito cultural, por ejemplo, el de Tamazula nos quedó también a deber a quienes tenemos años demandando el saneamiento y la democratización del Instituto de Cultura del Estado (ICED), una misión imposible mientras los gobernadores sigan resolviendo el problema del poder, ahí, por la vía del dedazo, y las más de las veces con criterios más políticos que morales y profesionales. Por eso y no por otra razón Durango está en el sótano del desarrollo cultural del país.

¿Qué hacer para terminar con la improvisación en la estructuración del poder en el ICED? En lo inmediato, aprovechar el descrédito de gobiernos prianistas como el de Durango y la fuerte presencia de MORENA en el Congreso local para reformar la ley estatal del ramo a fin de que sea la comunidad artística y cultural de la entidad la que, racional y democráticamente, asuma y resuelva el problema del poder en el Instituto.

¿De qué manera conseguir eso y terminar con la improvisación? Mediante la exigencia a quienes aspiren a dirigir el instituto de un par de cartas credenciales: 1) la elaboración de un diagnóstico, lo más amplio y actualizado posible, del estado que guarda la dependencia y, derivado de esto, 2) la presentación de un programa de trabajo para 6 años inspirado en el imperativo de fortalecer y desarrollar un campo, el del arte y la cultura, en el que nuestro estado tiene un gran potencial.

¿Ante quién o quiénes debatirían los aspirantes? Por supuesto que ante la comunidad artística y cultural de la entidad reunida en asamblea en un escenario lo más adecuado posible (el teatro Ricardo Castro, por ejemplo), comunidad que a mano alzada o mediante el voto libre y secreto resolvería la contienda. En un contexto así, el titular del Ejecutivo estatal haría lo que su par en la ciudad de México: tomarle la protesta al candidato ganador y a su equipo de trabajo.

Toda una decepción resultó Socorro Soto Alanís como directora del ICED, pues, a la fecha, sigue sin informar a la ciudadanía el estado en que encontró este instituto y mucho menos ha presentado su proyecto de política cultural que saque a Durango de los últimos lugares a nivel nacional que siempre ha ocupado en este rubro.

Debo decir que eso se lo planteamos, recién creada, a la Comisión de Cultura del Congreso estatal en abril de 2011 unos cuantos inconformes con la degeneración burocrática del ICED, en un documento elaborado por este servidor y firmado, entre otros, por Socorro Soto Alanís, hoy directora general del Instituto. De nada sirvió este pronunciamiento porque la mencionada comisión, presidida entonces por la maestra Elia María Morelos, priísta de pies a cabeza, le dio -válgase la expresión- una salida torera a nuestra petición, y como los diputados supuestamente de oposición al entonces partido oficial, entre ellos uno del PAN y otro del PRD, no dijeron ni pío sobre este asunto, las cosas en el ICED fueron de mal en peor, que es lo que descubrió la propia Socorro al encabezar, ahí, la Comisión de Entrega-Recepción (¿o Decepción?) de la administración, Comisión que no hizo públicos los detalles que el caso requería, sobre todo por respeto a quienes somos los paganos de los abusos de poder y la corrupción en el sector público: los ciudadanos.

El ICED, como también el IMAC, no tienen más opción que renovarse o morir, y la opción de renovarse pasaría, como lo apuntamos renglones arriba, eliminando, vía una reforma a la ley del ramo, el dedazo de los titulares del Ejecutivo (estatal y municipal) en la designación de sus autoridades, que entonces sí podrían ser fieles a su compromiso con la sociedad y no, como es ahora, con quien les dio la chamba. Se acabarían festivales “culturales” como el Revueltas que, como bien se lo dijo el difunto ex Secretario de Cultura del gobierno federal, Rafael de Tovar y de Teresa, al entonces director general del ICED, Rubén Ontiveros Rentería, no deben ser confundidos con ferias o palenques. Y se lo dijo por haber traído a ese festival, pagándole varios millones de pesos -se dice que 8-, a un cantante español, Alejandro Sanz, que sigue estando de moda, pero por su cara bonita, no por su voz, que está no para cantar sino para llorar.

Daniel Hernández Vela, de director comercial de Funerales Hernández a director del Festival Revueltas y del “Centro del Conocimiento y las Artes”. Servidor público despótico que ha vetado a artistas y promotores culturales locales.

Uno esperaba que con el gobierno de Aispuro, por el que muchos votamos el 5 de junio de 2016 para sacar de lo público todo lo que oliera a PRI, festivales como el mencionado ajustarían su propósito y su contenido a lo que establece la ley que lo creó, promulgada en el Periódico Oficial del gobierno estatal el domingo 7 de junio de 2009, y en el que muy claramente se dice que un festival como el Revueltas “tiene como finalidad impulsar el conocimiento y promoción de cada una de las regiones del Estado, siendo también un vehículo que fortalece el sentido de pertenencia y el orgullo de los habitantes del Estado”. Esto quiere decir que un festival como el aquí comentado debe celebrarse y cerrarse exhibiendo en las plazas, parques, alamedas, auditorios, teatros y calles de la entidad todo lo bueno que en ese terreno tiene nuestra patria chica y que es nuestro atractivo turístico. Seguir cerrando el Revueltas con un espectáculo musical a cargo de intérpretes foráneos, nacionales y extranjeros, a los que les pagamos, no miles, millones de pesos, es contravenir el espíritu de la ley que lo creó y lo que asoma por el regaño de Tovar y de Teresa a Rubén Ontiveros, regaño que, por lo visto, no le significó nada a las actuales autoridades del ICED, que en el Revueltas de 2017 no tuvieron empacho en pagar por las actuaciones de quienes lo cerraron en una presentación al aire libre, Ana Bárbara y Edith Márquez, ¡4 millones 125 mil doscientos pesos! Y como este par de estrellitas no son nada en comparación con quien va a cerrar el Revueltas de este año, Plácido Domingo, la pregunta se impone:

 

Más de 4 millones de pesos pagó el ICED el año pasado a dos cantantes que para nada se ajustaban a los preceptos establecidos en la ley que rige al Festival Revueltas.
20 millones de pesos nos costará a los contribuyentes el Festival Revueltas 2018. 40 días de despilfarros y el resto del año la miseria cultural en los 39 municipios del estado.

¿en cuánto nos va a salir ese lujo en un Durango en el que muchos batallamos, ya no digamos para vivir bien, sino simplemente para sobrevivir? Una cosa es Juan Domínguez, señores funcionarios, y otra cosa es no nos chi… flen. 


 

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