Cohete o petardo, la encrucijada morenista

A menos de tres meses de que abandone la presidencia de la República quien ha sido el mandatario más corrupto de la historia contemporánea de México, Enrique Peña Nieto, la mayoría de los ciudadanos deseamos que este tiempo pase lo más rápido posible. Y a partir del 1 de diciembre, algo tendrá que hacer el santón “izquierdista” Andrés Manuel López Obrador para darle una bocanada de aire fresco a este pueblo asfixiado por la alta corrupción de sus gobernantes, por la inseguridad amparada en la impunidad y la desolación económica que no solo ahoga sino mata a millones de paisanos.

Rosario Robles, ex secretaria de la SEDESOL y titular de la SEDATU, quizá no deban preocuparle los señalamientos que le hace la ASF pues los legisladores morenistas y el santón tabasqueño son muy dados a “negociar”, a “perdonar” y al borrón y cuenta nueva.

Hoy, en los estertores de este sexenio ruin en el que gracias a las redes sociales y a muy pocos medios de comunicación profesionales nos hemos enterado de las rapacerías que han cometido tanto gobernadores como integrantes del gabinete presidencial, siguen emergiendo más y más saqueos, como el último detectado en las secretarías de Desarrollo Social y Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, bajo la titularidad, en ambas, de Rosario Robles Berlanga, esa “izquierdista” que quién sabe por qué inconfesables razones fue integrada al primer círculo del depredador mexiquense.

Muy mal comenzaron su papel como senadores morenistas Martí Batres y Ricardo Monreal Ávila, negociando la licencia del senador chiapaneco Manuel Velasco a cambio de 5 diputados verdes. Cualquier parecido con la trata de personas es pura y mera coincidencia.

Ahora fueron 700 millones de pesos los que la Auditoría Superior de la Federación determinó que fueron desviados a empresas fantasmas de diciembre de 2014 a diciembre de 2017, años en que Rosario Robles ocupó los máximos cargos en la SEDESOL y en la SEDATU, por lo que habrá que ver cómo actúa el jerarca tabasqueño y sus huestes morenistas en el Congreso de la Unión, esas huestes que quedaron evidenciadas como corruptas desde las primeras sesiones que tuvieron en la Cámara de Senadores al rechazar en una primera votación otorgar licencia al senador sátrapa chiapaneco Manuel Velasco Coello para que regresara a ocupar su cargo de gobernador de esta entidad y, a las dos horas, volver a votar bajo la influencia del senador morenista Ricardo Monreal Ávila para revertir este resultado y satisfacer al despótico mandatario sureño. En este entuerto, fue más que notoria la intervención del dedo flamígero del tabasqueño quien, se sabe, mantuvo una fuerte relación política con Manuel Velasco Suarez, abuelo del gobernadorcete chiapaneco y también gobernador de esta entidad de 1970 a 1976. A cambio de esa licencia, en un vergonzoso trueque prostibulero, el Partido Verde cedió 5 diputados a la fracción morenista en la Cámara de Diputados.

Así, cuando se pensaba que no podía haber mayor degradación de la política que la que hubo en los tiempos dominantes del prianismo, llegaron los nuevos legisladores de Morena a demostrarnos que siempre hay un espacio para poder ser más sucio, más deleznable y más vil.

Luego de este espectáculo desagradable, miles de ciudadanos manifestaron su indignación en las redes sociales condenando esta acción “legislativa” por lo que mucho cuidado deberán tener las fracciones mayoritarias morenistas de varios estados de la República, como Durango, en donde varios personajes que traen tatuado a sangre y fuego el logotipo del PRI en la frente hoy son flamantes diputados “morenistas” ante el Congreso local de este estado y, por lo que se ve y se sabe, difícilmente se transformarán en paladines de la democracia e impulsores del progreso y bienestar del pueblo duranguense, pues desde antes de que rindieran protesta unos manifestaron sus ambiciones personales de ser candidatos a tal o cual alcaldía y otros corrieron veloces para ponerse a las órdenes de la principal cacique priísta de Gómez Palacio, la alcaldesa corrupta y represora de periodistas Juana Leticia Herrera Ale. 

¿Cómo podrá confiar el pueblo de Durango en semejantes “representantes populares”?

La diputada morenista Sandra Amaya Rosales, primera mujer que ocupa el cargo de Presidenta de la Junta de Gobierno y Coordinación Política en el Congreso de Durango. Con sus propuestas firmes de revocación de mandato, transparencia efectiva y evaluación de gobernantes podría cambiar radicalmente la práctica política en esta entidad norteña.

No es nada fácil la tarea que tienen los diputados morenistas de esta entidad norteña, donde tendrán que definir la designación del Fiscal Anticorrupción y su postura ante el gobierno estatal panista y algunos gobiernos municipales permeados por la corrupción e ineficacia de sus funcionarios que, irremediablemente, están afectando directamente a la ciudadanía en los principales rubros como seguridad, salud, educación, empleo y desarrollo económico.

Recientemente, los informes dados por estas administraciones dejaron mucho qué desear anteponiendo el triunfalismo a la sobriedad y pretendiendo vender a la ciudadanía un espejismo mediático de fantasías y beneficios simplemente inexistentes.

La posición que asuman estos diputados morenistas duranguenses, en conjunto con quienes fueron sus aliados en las pasadas elecciones, el PT, nos hará saber si la Cuarta Transformación de la República, tan cacareada por el santón “izquierdista” López Obrador, va en serio o solo es una frase hueca y desafortunada de mercadotecnia barata.

En base a esto, el electorado, de nueva cuenta, sabrá muy bien por quién votar en los próximos comicios de 2019.


 

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