Acá entre nos, “La casa del patrón”

 

 

 

Me preguntan que cuál es mi plato favorito y mi respuesta es siempre la misma: el hondo, porque le cabe más comida.

Agradezco los comentarios que me hicieron llegar por redes sociales, como a mi whatssap, felicitándome por esta forma de hablar sobre el servicio en los diferentes lugares de comida de nuestra entidad, y coincido plenamente con ustedes; de antemano, el compromiso de esta nueva responsabilidad es hablar sin tapujos, como se hace en este periódico en los diferentes temas que publica.

Siempre me han llamado la atención las “casonas” que están ubicadas en el centro histórico, cuando veo una puerta abierta y puedo entrar a verlas mi imaginación comienza a volar y a pensar sobre quiénes vivirían ahí, cómo estarían los muebles, cuántas personas estarían al servicio de la familia; en la cocina qué tantos utensilios utilizaban, en qué cocinaban, a qué hora comenzaban con la preparación de alimentos, los “bailongos” que se han de haber hecho ahí… ¡¡uuuy!! Un buen de cosas que pienso. ¿A qué viene todo esto?, se ha de preguntar. Bueno, pues a que Durango se caracteriza precisamente por sus majestuosas “casonas” de cantera con bellísimas fuentes y portales grandes y fuertes; una de ellas es la que está ubicada en la calle Zaragoza, entre la calle principal y la de Negrete, y hasta hace poco tiempo se llamaba “El Claustro de San Agustín”, lugar donde realicé varios Desfiles de Modas, así como la entrega de reconocimientos y diplomas por la clausura de algunos de mis cursos, como también algún cumpleaños como lo fue el de mi gran amigo Alonso Estrada, por lo que al entrar ahí después de un largo tiempo me trajo grandes recuerdos.

Este sitio ya cambió de nombre y hoy se le conoce como “La Casa del Patrón”, lugar donde se hacen conferencias, ruedas de prensa, baby shower, cumpleaños, etc. Y por cierto, en este lugar alguien dijo recientemente que estaba tan segura de lo que decía porque tenía “los pelos de la mano en la burra”.

A pesar de que es muy céntrica, la casa da para sentirse cómodo, tal vez es porque no tiene área de estacionamiento y el lugar luce casi vacío. Mucha gente no ha de saber que es un restaurante, ya que al voltear al interior lo único que se ve son plantas y la fuente que está en medio del patio; aparte, el lugar al entrar se siente demasiado frio, ya sea por la cantera o tal vez por los grandes espacios, o por la gran fuente que tiene, pero más que nada ha de ser también por el color blanco de sus exteriores e interiores, y como sabemos ese color no es nada cálido. Aquí se sirven solo desayunos, al entrar no hay nadie que te reciba, la atención la da solamente una chica, la cual es muy atenta, cordial y servicial, y siempre llega a la mesa con una gran sonrisa, pero desafortunadamente no tiene una capacitación para dar el servicio (la cámara de restaurantes, turismo estatal o municipal deberían de exigir a todo establecimiento que cuente con el servicio de alimentos y bebidas que a su equipo de meseros les dé un pequeño curso de capacitación, pero lamentablemente no es así, y los responsables de estos lugares creen que el ser meseros solo consiste en llevar el menú, servir y retirar los alimentos, cobrar la cuenta y esperar la propina). 

Sigo con mi experiencia… al entra a los baños y querer lavarme las manos… ¡¡ups!! ¡¡El despachador de jabón líquido esta al revés!! O sea que al momento de hacer presión para que salga el jabón directo a tus manos, ¡¡sale hacia arriba!! 

  • La musicalización es buena pero no para esa hora de la mañana en la que uno necesita música que lo llene de energía y no de “flojerita”. Esa musicalización matutina es más apropiada para la hora de la comida.
  • Los alimentos casi fríos, las tortillas mal guisadas y “tibias”, no se antojaban, ¡¡y una de las yemas de los blanquillos rota!! Parecería que no tienen un chef en la cocina o mínimo un responsable que esté revisando la calidad de los alimentos que sirven. Eso me llamó la atención.
  • Los alimentos, aún con este detalle, son buenos, muy “caseros”, la fruta es de temporada y en muy buen estado, no así el jugo de zanahoria que pedí… ¡¡parecía el bagaje de la zanahoria!!
  • La decoración es bonita pero mal distribuida y mal acomodada, eso también influye y no invita a quedarse más que para lo necesario.
  • La encargada que debería fungir como “capitán de meseros” no se acerca ni para darte los buenos días.
  • Eso sí, al momento de pedir la cuenta te regalan un pequeño postre de limón con galleta, no entendí el para qué, aunque sí es práctico por si decides llevarlo.

Tengo en mi lista varios lugares por visitar, así que pronto les contaré mis experiencias. ¡¡A todos ustedes de nuevo gracias por sus comentarios y sugerencias!!


 

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