Tongolele

De la redacción de razacero.

Yolanda Ivonne Montes Farrington, conocida en el mundo de la cinematografía como Tongolele, nació un 3 de enero de 1932, en Washington, Estados Unidos. Aunque en su familia existe sangre francesa, española, italiana, sueca y thaitiana, fue esta última la que gobernó en sus venas para hacerse de una carrera de bailarina exótica en nuestro país.

Desde niña, Yolanda Ivonne descubrió su pasión por la danza y trabajó en el Ballet Internacional de San Francisco (California) como parte de una revista tahitiana.

Llegó a México en 1947, a la edad de 15 años, y fue contratada como bailarina por Américo Mancini, famoso empresario teatral de la época. Debutó con gran éxito en el famoso cabaret Tívoli, de la Ciudad de México.

Se dice mucho sobre el origen de su sobrenombre, pero lo cierto es que ella misma lo eligió adaptándolo después de considerar una larga lista de opciones, mitad africano y mitad tahitiano.

Su entrada al medio del espectáculo nacional fue todo un suceso pues puso a temblar a la Liga de la Decencia y a las autoridades eclesiásticas de ese tiempo.

Con su danza, marcó el nacimiento de las bailarinas exóticas en la capital del país y en la Época de Oro del Cine Mexicano.

En una etapa en la que los sectores sociales que se decían pudorosos protestaban por la más mínima muestra de erotismo, Tongolele causó conmoción con sus movimientos sensuales y sus minúsculos vestuarios que enseñaban el ombligo para deleite de los caballeros y envida de las mujeres por su perfecta silueta. En este contexto, llegó a tener acérrimos defensores como los escritores e intelectuales Carlos Monsiváis, Luis Spota y Octavio Paz.

Pensar en Tongolele, es sinónimo de cadencia, de ritmos estilos tahitiano, caribeño y africano, es evocar las noches de cabaret, de deslumbrantes y diminutos trajes en lentejuelas y plumas de colores en aquellas revistas musicales de teatros que quizá ya no existan hoy en día, pero que hicieron las delicias de hombres que acudían a ellos solo para ver los movimientos abrasadores de las caderas de esta singular vedette.

Tongolele ha sido una bailarina fuera de escándalos, tanto en su vida artística y privada, aun habiéndose presentado en centros nocturnos donde el público en su mayoría eran hombres que la admiraban y cortejaban. 

Yolanda Montes Tongolele, aunque fue rumbera de esa época, nunca perteneció al clan de esas cadenciosas mujeres cubanas como María Antonieta Pons, Ninón Sevilla y Rosa Carmina, o de las mexicanas Lilia Prado, Evangelina Elizondo y Elsa Aguirre, que en algunas escenas de sus películas bailaron rumba de manera impecable. Yolanda Montes creó un estilo único afro-cubano, y por mucho tiempo se pensó que era cubana pues estuvo casada por más de 40 años con su bongoncero, el cubano Joaquín González, “El Mago del Tambor”.

Tongolele es una de las sobrevivientes de esa inolvidable época del ritmo tropical.

Con casi 30 películas en su vida desde 1947 hasta 2012, dos trabajos en la pantalla chica e innumerables reconocimientos, a sus 86 años la extraordinaria bailarina del mechón blanco y ojos azules es una leyenda viviente de la historia del cine y el espectáculo, tanto de México como de toda Latinoamérica.


 

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