Gómez Palacio, Durango.– Disculpe Serenísima Majestad Juana Primera, que este torpe vasallo de a pie se dirija a Usted, un personaje ilustre que tuvo a bien bendecir estas tierras con su nacimiento; que trajo paz, dulzura y esperanza a este feudo fincado en yermos, donde recibió las aguas lustrales, convirtiendo ese día en cortinas de luces erguidas con juegos pirotécnicos estos eriazos por la dicha incontinente de sus padres, benefactores de sí mismos y señores del dominio gomezpalatino, quienes la prepararon en modales, buenas costumbres y, sobre todo, en cómo administrar las riquezas propias, pero más las ajenas.

Así que, para Usted, fue prioritario desdeñar la escuela para enfocarse en aprender cuanto antes la administración de negocios –propios y ajenos-, que la volvieron ducha en el arte de hacer crecer las empresas familiares, como aquella minúscula fábrica lavadora de quesos establecida en la laboriosa colonia Santa Rosa.

Que no haya recibido la elemental educación académica no le impidió que dispusiera del patrimonio de este feudo, del que tomó varios terrenos improductivos a los que pronto dio uso.

Cómo no recordar cuando las finanzas de este territorio cayeron en sus manos por primera vez, “tomó de aquí para ponerlo allá” (como relataron solo algunas crónicas de la época), alegre y chabacanamente sin tomar en cuenta las etiquetas del dinero, pero los habitantes del reino de GP reconocen que lo hizo por el bien del territorio y la dicha de todos nosotros.

Que no haya pisado un salón de clases, ni tampoco haya tomado cursos a distancia, no le impidió rodearse de las asesorías de personas eruditas para bien gobernarnos, de doctos firmes en la convicción de servirse sin remilgo alguno del dinero que los plebeyos aportamos a la tesorería del feudo, convirtiéndose en nuevos caballeros del dinero bajo su protección.

Así que, someter en dos periodos a este municipio no ha sido problema, por el contrario, el vulgo aplaude el sacrificio que han hecho su padre y luego Usted, por dignificar estos trozos de terrenos yermos repletos de plebe indigna de tan noble casta como la suya, que solo ha traído lustre a estos parajes indignos de tan noble, ejemplar, honesta y serena familia bajada de las montañas.

Sus reinados, al igual que el de su padre, han traído luz, alegría, pleno empleo a los vasallos del reino, pero también reglas de ética en la corte que Usted eruditamente preside aconsejada por el grupo de letrados que la envuelven y le sugieren lo mejor para los súbditos del feudo, felices, mil veces felices, porque haya expulsado del trono a las casas innobles de los RM y CC que se apoderaron por 9 años de la silla del reino, saqueando lo que su tata, Usted y su tutelado, “El Notario de Oro”, construyeron para la plebe a la que Usted tanto ama, a la que para servirlos, hasta de rodillas lo hace.

Empleos por miles, calles rectas, tersas por donde las carretas de comerciantes, alfareros, panaderos, eruditos, circulan sin contratiempos y sobresaltos, aún bajo las lluvias atípicas que se presentan cada septiembre, según asentaron los antiguos en los memoriales del señorío –dicen sus edictos y los libelos de los amanuenses que cobran mes tras mes del peculio del reino-, que hacen de este territorio, el lugar ideal para que los nuevos burgueses traigan sus capitales para edificar los nuevos talleres de manufactura, casas comerciales con la última moda, abran nuevas tierras labrantías, ¡claro! siempre y cuando no afecten las aguas grises de su dominio y que reparte generosamente con algunos fieles súbditos que hacen prosperar las áridas tierras de esta hacienda.

Que las intrigas en el reino crecen, es algo inevitable, sobre todo porque Usted ha presidido con sapiencia los destinos del feudo, enriqueciendo a toda la corte que la adula, a los hidalgos que, sin mediar mesura alguna, reciben emolumentos en proporción directa al grado de intimidad con vuestra Majestad.

Por eso el Oficial Mayor tiene atribuciones que ningún edicto ampara; basta que Usted lo diga, lo asiente, lo permita; con ello es suficiente, sapiente señora.

Qué decir del Síndico, al que mandó a conocer en otras tierras museos de futbol, playas de moda de otros reinos al otro lado del océano Atlántico, propios de la realeza y su finura; y, sí, sé que se arriesgó a las hablillas del populacho, Emperatriz Juana I, porque, a decir verdad, la masa no alcanza a comprender la importancia de esos periplos para los hombres de la corte, quienes regresan con nuevos consejos para Usted, en cómo emplear mejor el patrimonio del feudo, incluso con nuevos campos de inversión descubiertos para su clan y quienes la rodean, sin interés alguno, más allá que el servir a la plebe, que ahora hasta pretende opinar acerca de las cuestiones públicas del reino que Usted preside.

Que las habladurías se incrementan y penetran en cada una de las chozas del pueblo, es normal, sobre todo cuando los siervos no se cultivan, así que hablan por hablar; por ello, bien hace Usted Majestad Juana Primera en contar con la parvada de calígrafos que escriben los pasquines que anuncian las buenas nuevas que existen en el reino gomezpalatino; benditos sean esos almogávares de la pluma, de la imprenta que nos hacen conocer los avances del gobierno bajo su mando, aunque sólo sean ficticios.

Que el feudo brille se lo debemos a su sapiencia, cultura, y sobre todo a las administraciones tan transparentes que han dejado ver las riquezas acumuladas a costa de los lacayos ciudadanos.

Que los peculios del reino se han destinado a engordar las bolsas de los caballeros de la corte que Usted tiene bajo su cargo, es sin duda una apropiación del todo merecida, qué importa que los servicios más esenciales del feudo se queden sin construir en tanto sus tesoros y el de la familia real crecen exponencialmente por la entrega y sacrificio de administrar el feudo.

Si Usted se ha apoderado de terrenos urbanos y rurales ajenos para volverlos productivos, eso es loable.

Que los convierte en bodegas, es de aplaudir; el pueblo no entiende que toda su Casa Real y su estirpe tienen que almacenar diversas mercancías que serán repartidas entre los otros feudos y burgos anunciando la bonanza de esta comarca, pero, sobre todo, el poderío con el que dispone de bienes que no son suyos.

Sé que Usted sufre porque los habitantes del reino no cuentan con servicios básicos como agua, drenaje y seguridad pública de manera suficiente; más a sabiendas que este feudo es el más rico de toda la provincia duranguense, con todo, su preocupación es tanta que tiene que inventarnos distractores como los peligros de que media ciudad se hunda en dolinas.

Sí, lo sé: es por nuestro bien, mientras con sus pensamientos inteligentes encuentra las formas de aumentar el bienestar del pueblo al que tanto adora, al que, para servirlo, hasta de rodillas lo hace, y ante nadie más.

Pero la plebe no la entiende del todo Serenísima Majestad; los siervos de esta monarquía no piensan que tiene que cultivar lealtades en su corte de recaudadores, asesores, aduladores, cuatreros (disculpe el atrevimiento), cortesanos, bufones, leguleyos y propagandistas de los medios; que todo eso cuesta dinero, propiedades, peculios. La plebe no razona que Usted tiene que disponer de donde haya, aunque no le pertenezca; el pueblo no entiende de los remordimientos de conciencia que por las noches o en sus ratos de meditación la acosan; por lo que tiene que echar mano de los medicamentos, remedios y actos de fe que tiene a la mano o los que sus fieles cortesanos le acercan hasta sus aposentos o sitios de meditación.

Así que los plebeyos, conscientes del arduo trabajo que desempeña administrando los bienes ajenos y propios, tenemos decidido no incomodarla con peticiones que alteren el entorno en que Usted vive y que además nos comparte con discursos del mundo de ensueño que ve desde cada uno de los sitios que pisa o imagina ver con los informes que le rinden todos esos caballeros probos quienes la rodean.

Por eso, sus pregones llenan de buenas nuevas el territorio que ha tomado como suyo -y que es suyo por derecho propio-, anunciando los grandes avances para detener a los delincuentes comunes, la construcción del drenaje e introducción del agua potable que tanto anhelan los vasallos; porque ellos no entienden de tiempos, ni del derecho que la asiste para disponer de los recursos económicos del virreinato, así que todo lo quieren ipso facto, Serenísima Majestad Juana Herrera I, Virreina de Gómez Palacio.

En fin, Majestad, hace bien en no tomar en cuenta esas vocecillas de vasallos mostrencos que osan retar la línea real de dignificación que Usted y su padre –con el que sigue hablando, a pesar de que ya está con el altísimo, para que la aconseje y consuele-, han impuesto en los periodos que han tenido a bien sacrificarse para gobernarnos, incluso el golpearnos buscando que nos enmendemos en nuestras exigencias.

Cómo olvidar cuando su padre -ya con el altísimo-, golpeó a aquellos colonos de la Flores Magón que pedían agua.

O Usted misma con los pueblos de Dinamita-El 7, que quieren impedir que se instale una fábrica de muerte que persigue producir 65 mil toneladas de veneno de cianuro de sodio.

Los grupos de vasallos mostrencos no entienden que, si nos golpea con la policía, es por el bien del reino, del feudo, para que Usted siga consagrándose en representarnos, oh, Serenísima Majestad Juana I.

Quiero aprovechar que aun ahora son épocas de fiestas en que adoramos al creador, por eso me atreví a escribirle Majestad; y quiero decirle en esta Carta Primera, que con su estirpe se levantaron las alegrías de este pueblo. Ustedes nos enseñaron como ser felices en grande. Por ello organizaron Ferias Nacionales, en las que se gastaron en estos 2 años de reinado 60 millones de pesos, mientras en eso que llaman cultura y educación no se invirtió un centavo.

Pero sabemos, Excelentísima Majestad Juana I, que no fue porque Usted no haya pisado escuela alguna, fue para evitarnos los sufrimientos innecesarios que trae el conocimiento, la comprensión, el razonamiento.

En fin, Majestad Juana Primera de Gómez Palacio, por el momento quiero dejar estos renglones hasta aquí, porque estoy enterado de las innumerables ocupaciones que lleva para administrar mejor el reino; aunque dicen las habladurías que al leer más de dos hojas la cabeza amenaza con estallarle, pero ya sabe cómo son las habladurías de los siervos y de aquellos caballeros doctos que aspiran a ocupar, algún día, esa silla que solo Usted y su familia llenan a cabalidad.

Y antes de firmar esta misiva quiero decirle, Majestad, que ahora ya en las calles y rincones del reino se apuesta a que Usted no será candidata para seguir gobernando el feudo, como consecuencia de números que circulan en la provincia y que dicen que únicamente el 18.3% de los siervos quieren seguir apoyándola con su partido reinvolucionario institucional (PRI), y que ahora la plebe apuntala con el 55.6% a un grupo llamado MORENA.

Por mi parte le pido, Majestad, que no ceje en ser candidata, aunque el run-run del populacho apunta en echarla del Palacio de la rúa Madero con todo y los millones de pesos que Usted reparta como regalos por todo el feudo, convirtiéndola en la María Antonieta de esta comarca destronada por los votos de vasallos ingratos. 


 

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