El secretario feliz

    Fernando Miranda Servín.

    El 15 de septiembre de 2016, unas horas antes de integrarse al gobierno estatal de Durango como secretario de Desarrollo Económico, el Ing. Ramón Tomás Dávila Flores todavía ostentaba el cargo de director ejecutivo en México de la conocida minera depredadora canadiense Firts Majestic Silver Corporation. Sin ninguna experiencia en el servicio público, y mucho menos en el ramo de desarrollo económico, Ramón Tomás Dávila Flores llega a ese alto cargo más por pago de cuotas electoreras que por capacidades profesionales reales.

    De inmediato, Dávila Flores organiza una burda red de corrupción alrededor de la promoción económica del estado y, aprovechando el acceso a información privilegiada, se hace socio principal de compañías inmobiliarias para construir plazas comerciales en el sur de la ciudad de Durango, como Central Plaza, un consorcio que de antemano resultó “casualmente” beneficiado en su plusvalía por la remodelación ecocida del Boulevard Domingo Arrieta.

    Ing. Ramón Tomás Dávila Flores, secretario de Desarrollo Económico del gobierno del estado de Durango, su economía personal es la única que ha tenido un desarrollo óptimo en esta entidad.

    Pero este funcionario de marras no solo realiza este tipo de negocios al amparo del poder, también ha sido el promotor número uno del peligroso proyecto de la planta química estadounidense Chemours, que violando un amparo federal continúa construyéndose en Gómez Palacio con la intención de producir 65 mil toneladas de cianuro de sodio al año, componente que es fundamental para la extracción de oro y plata. Como se sabe, la minera canadiense Firts Majestic Silver Corporation, de la que Ramón Tomás Dávila Flores fue director ejecutivo, durante este sexenio ha sido beneficiada con varias concesiones para explotar minas en Durango.

    Ahora, ante las demandas legales que han interpuesto los pobladores gomezpalatinos para impedir la instalación de la planta Chemours, Dávila Flores y los representantes de esta empresa han puesto a trabajar a un equipo de “especialistas” para convencer a los afectados de que retiren sus demandas, ofreciéndoles fuertes dádivas.

    Por todos los medios el titular de la SEDECO, Ramón Dávila Flores, pretende desactivar las demandas legales que impiden la instalación de la planta química Chemours, que produciría 65 mil toneladas de cianuro de sodio al año, en Gómez Palacio.

    Una de las anomalías más escandalosas en esta secretaría de Desarrollo Económico es el desfalco de 7.9 millones de pesos destinados a la creación de nuevas tecnologías a través de la modalidad de startup (proyectos de empresas emergentes), en alianza con la compañía privada iLab. En tres meses, iLab y la SEDECO desarrollaron un producto “milagro” prácticamente inservible: una banda “para ayudar a dormir”, cuando lo que les quita el sueño a los duranguenses es la falta de trabajo.

    Uno de los proyectos que sí tenía potencial para ser patrocinado por esta secretaría y la empresa mencionada, de acuerdo a fuentes internas de esta dependencia, es el Medidor de azúcares reductores totales para el agave mezcalero, realizado por jóvenes investigadores de la compañía Agavart. Se trata de una tecnología pionera en la producción sustentable de agave en Durango, “pero el proyecto fue robado con el consentimiento del secretario Ramón Dávila pues la documentación y planos del proyecto fueron entregados a un particular ajeno a la compañía iLab que tramitó la patente, misma que le fue otorgada, por lo que los jóvenes que desarrollaron esta tecnología quedaron legalmente imposibilitados para comercializarla”, denuncian las fuentes.

    Así las cosas, éste secretario de Desarrollo Económico del gobierno estatal de Durango solo se ha dedicado a pasear por toda Europa, Asia y Canadá (su país favorito), con un nutrido séquito de aduladores que muy caro le está costando al pueblo de Durango. El argumento clásico para justificar estos viajes es el de “promocionar a la entidad para atraer inversiones extranjeras”, un esquema ya sumamente trillado por los pésimos resultados que ha tenido desde el sexenio anterior. Hoy, las estadísticas de la Secretaría de Economía del gobierno federal son duras e indican que en los últimos dos años el flujo de Inversión Extranjera Directa ha caído un 73% en Durango, y a nivel nacional el Crecimiento Económico de esta entidad norteña ha decrecido en los últimos dos años a -1.8%, ocupando los últimos lugares de desarrollo económico en el país.

    De acuerdo al INEGI, Durango ocupa uno de los últimos lugares a nivel nacional en cuanto a crecimiento económico.

    En el colmo de la ineptitud y corrupción de este funcionario del gobierno “del cambio”, todos los eventos de gala que esta dependencia organiza para “empresarios” y amigos del secretario Ramón Tomás Dávila Flores, son atendidos por la empresa Dávila Gourmet que, por supuesto, entrega facturas infladas y totalmente desproporcionadas. ¿Y de quién creen, apreciados lectores, que es propiedad esta empresa de banquetes palaciegos? Pues sí, del mismo Ramón Tomás Dávila Flores.

    Ya en la víspera de los últimos cambios que el gobernador José Aispuro Torres realizó en su gabinete en diciembre del año pasado, se mencionó en los corrillos políticos la posible salida de este secretario por los nulos resultados positivos que ha obtenido; hoy, quizá sea el momento de que el mandatario estatal duranguense considere seriamente esa posibilidad, a reserva de que este barco llamado Durango termine por hundirse en la segunda mitad de su sexenio.


     

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