El sexo como premio o castigo: la mayor fuente de tensión en las parejas

Iván Gil.

La insatisfacción sexual en el seno de la pareja es una fuente constante de conflicto que, cuando se cronifica, genera un inevitable distanciamiento y sufrimiento, hasta el punto de llegar a provocar la separación. Esta fue la causa del divorcio de la famosa usuaria de la red social Reddit que compartió un archivo de Excel en el que su marido fue anotando metódicamente las supuestas razones por las que ella se negaba a mantener relaciones sexuales.

“Estoy intentando ver la película (15 minutos más tarde se quedó dormida)”; “no me siento muy bien”; “estoy demasiado cansada”. En definitiva, mantuvieron un promedio de tres relaciones al mes, como estadísticamente demostró el frustrado marido: motivo más que suficiente, argumentó, para acabar con su matrimonio. Sin duda, el sexo es uno de los pilares del matrimonio y, en mayor o menor medida, todos los terapeutas sexuales destacan que la falta de deseo o correspondencia genera tensiones difíciles de resolver.

Para el sexólogo Roberto Sanz, terapeuta y docente en el máster de la Fundación Sexpol, las causas que llevan a la falta de interés por el sexo son muy numerosas: “desde la monotonía y los problemas de tiempo y espacio, hasta el estrés o los cambios físicos”. En este sentido, los patrones socioculturales suelen pesar más en la mujer que, al estar educada para ser madre, tiende a perder antes el deseo una vez que cumple con su función reproductiva. Aunque en las últimas décadas se ha evolucionado y la liberación sexual de la mujer se ha dejado notar en este aspecto, todavía existen diferencias palpables en cómo viven este problema ellos y ellas.

El sexo como premio o castigo

En el caso de los hombres, apunta Sanz, “hay menos comprensión, y cuando pierden el deseo siempre buscan excusas externas (culpabilizando al estrés laboral o a la incorrecta actitud de su propia pareja), mientras que las mujeres son más dadas a buscar causas internas autoculpabilizándose, por ejemplo, por la pérdida de belleza”.

El paso del tiempo es otro de los factores que más juegan en contra de la sexualidad en el matrimonio, ya no sólo por motivos biológicos, sino “porque la pareja deja de ser algo hormonal para convertirse en algo más social”, apunta Raúl Padilla, sexólogo y terapeuta en el gabinete de psicología Psicantropía. Es decir, el amor deja de ser una cuestión sólo física.

Como causa de esta “desnaturalización”, el sexo, o más bien la falta de el, puede utilizarse como chantaje. “En ocasiones, el objetivo de las relaciones sexuales deja de ser el mero placer para convertirlas en un premio o un castigo”. Cuando uno de los dos miembros de la pareja está enfadado por algo, reacciona deliberadamente evitando mantener relaciones sexuales, por lo que lo que está haciendo es castigar. Una estrategia que, tradicionalmente, han utilizado las mujeres para enfrentarse a sus cónyuges pues, “debido a que fueron más educadas en la procreación que en el deseo, les es más fácil reprimirse sexualmente”.

Cómo evitar la cronificación del problema

El problema, según añade Padilla, es que en la mayoría de las ocasiones no se verbaliza cuál es el motivo del enfado o por qué se está contrariado. “Hasta que se solucione no va a haber sexo, pero como no se sabe qué es lo que falla o qué se ha hecho mal, no puede resolverse, y entonces el problema se cronifica”, advierte el terapeuta. Si a esto se le añade que vivimos en una sociedad monógama, en la que se censura el sexo fuera del matrimonio, entonces la falta de sexo puede derivar en una separación, como pudo ser el caso del sexcelling al que se alude al comienzo del artículo.

Para evitar estas situaciones, que provocan muchas más rupturas matrimoniales de lo que comúnmente se cree, como bien saben los sexólogos, la solución pasa por “mantener viva la llama del amor a lo largo del tiempo. Hay que trabajar la relación de pareja en el día a día, no puede darse todo por ganado, sino que hay que seguir conquistando al otro diariamente”. Un esfuerzo que, además, debe ir acompañado de una buena comunicación, lo más importante para Padilla.

La madurez emocional es otro de los factores que marcan la diferencia entre las parejas sexualmente satisfechas y las que no lo son, lo cual no tiene por qué ir ligado a la edad biológica, así como la implicación y la verdadera voluntad de construir un matrimonio feliz. Si se cumplen estos requisitos, entonces será más sencillo buscar ayuda profesional cuando se presentan dificultades en la vida sexual, si no es así será más fácil que por miedo o vergüenza se opte por el pernicioso inmovilismo o por una despreocupación que, a la larga, enconará aún más el conflicto.

(elconfidencial.com)


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