El gobernador en su laberinto y un presidente bribón

    Fernando Miranda Servín.

    En las redes sociales, en pláticas de café, en las páginas de periódicos y en los portales de internet ciudadanos y analistas políticos coinciden en que el gobernador de Durango, José Aispuro Torres, no debió responder a quienes lo abuchearon estruendosamente durante el evento de la visita del presidente Andrés Manuel López Obrador a Gómez Palacio, Durango, el pasado domingo 16 de junio. “¡¡Ustedes, muchos de los que aquí están, representan intereses oscuros y no tienen la calidad moral para dar la cara!!”, respondió enardecido Aispuro Torres frente a una multitud de más de ocho mil personas congregadas en la Unidad Deportiva de Gómez Palacio, en la colonia Filadelfia.

    El gobernador de Durango, José Aispuro Torres, la mayoría de los pésimos integrantes de su gabinete son un fiel reflejo de su gobierno, por lo que debe hacer cambios de inmediato si es que quiere salvar la segunda mitad de su sexenio.

    Al día siguiente trascendió que quien había orquestado las rechiflas y gritos de desaprobación contra Aispuro Torres, así como el rechazo al proyecto del Metrobús en este municipio habría sido la alcaldesa electa de Gómez Palacio, la priísta recalcitrante “convertida” al morenismo y “purificada” por López Obrador en las elecciones de 2018, en las que obtuvo una diputación federal, Alma Marina Vitela.

    Como se sabe, la provocación al gobernador Aispuro causó efecto y al final de este acto (uno más de los que López Obrador convierte en un auténtico circo romano), el presidente sometió a votación a mano alzada el proyecto del Metrobús para la ciudad de Gómez Palacio, sabiendo de antemano que las huestes morenistas ahí presentes votarían en contra de esta obra que de alguna manera u otra le daría adeptos políticos al mandatario estatal panista. Inmediatamente, el presidente tabasqueño solicitó a los presentes otra votación para definir si el destino del presupuesto del Metrobús cancelado se utilizaría para realizar obras hidráulicas o para terminar el hospital regional. Los ahí presentes optaron por levantar la mano a favor de las obras hidráulicas para tener agua, pudiendo poner en apuros al presidente exigiéndole ambas cosas, ya que estaba en un plan “tan generoso”, pero de manera inverosímil no lo hicieron.

    Con su dedo flamígero, el presidente bribón, Andrés Manuel López Obrador, quien desde 2015 hizo alianza con lo peor del prianismo duranguense, echó abajo el proyecto del Metrobús en Gómez Palacio, que beneficiaría a miles de ciudadanos, e ignoró las voces que clamaban cancelar la construcción de la peligrosa planta química Chemours.

    En medio de todo este espectáculo grotesco, quedaron ignoradas las voces que clamaban justicia por la instalación ilegal de la planta química de la empresa estadounidense Chemours, que violando un amparo federal está siendo construida desde hace dos años en el ejido El Siete, del poblado de Dinamita, en este municipio de Gómez Palacio. Esta empresa pretende producir 65 mil toneladas de cianuro de sodio al año. Pero extrañamente, López Obrador no escuchó esos gritos, a pesar de que retumbaron fuerte en sus oídos: “¡¡Fuera Chemours!! ¡¡Fuera Chemours!!

    Así las cosas, el mandatario nacional no quiso preguntarle a los gomezpalatinos si querían o no que la peligrosa empresa Chemours se instalara en su territorio. Lo que le interesaba a López Obrador era tumbarle al gobernador de Durango el proyecto del Metrobús en Gómez Palacio… y lo hizo con una más de sus acostumbradas votaciones a mano alzada.

    Es indudable que el gobernador Aispuro Torres se merecía muchas de las rechiflas y abucheos que recibió en Gómez Palacio por parte de ciudadanos que han sido afectados por sus acciones y omisiones, como las del caso Chemours, que ha dejado hasta la fecha un saldo de cientos de personas agredidas y otras encarceladas por oponerse a este peligroso proyecto, pero también es incuestionable que quienes pusieron en esta penosa situación de vulnerabilidad al mandatario duranguense fueron sus mismos asesores políticos (si es que los tiene), que debieron ser encabezados por ese Secretario General de Gobierno corrupto, Adrián Alanís Quiñones, quien se ha caracterizado más por hacer jugosos negocios personales y familiares en las secretarías estatales que por cumplir eficientemente con sus funciones. A este servidor público le correspondía preparar al gobernador duranguense para enfrentar satisfactoriamente cualquier crisis que se le presentara, tomando en cuenta los escenarios carperos que ha montado el presidente López Obrador para poner en aprietos a otros mandatarios estatales.

    El corrupto Secretario General de Gobierno del estado de Durango, Adrián Alanís Quiñones, más ocupado en sus negocios personales y familiares al amparo del poder, no asesoró debidamente al gobernador Aispuro Torres, ni hizo las diligencias políticas necesarias para evitar que el mandatario estatal fuera vapuleado públicamente durante la visita de López Obrador a Gómez Palacio.

    Otros personajes también tienen responsabilidad en esa parte de abucheos no planeados en Gómez Palacio, como el secretario de Desarrollo Económico, Ramón Dávila Flores, un ejecutivo minero sin ninguna preparación en este rubro, cuya ineficiencia mantiene a esta entidad en los últimos lugares del ramo a nivel nacional; el secretario de Salud, Dr. Sergio González Romero, que tiene a este sector en el total desastre; el titular de Educación, Rubén Calderón Luján, pusilánime y apático a más no poder; Arturo Salazar Moncayo, secretario de Obras Públicas fuertemente criticado por su opacidad; Rosario Castro Lozano, una “coordinadora de gabinete” ornamental y Raquel Leila Arreola, secretaria de la Contraloría encubridora de corruptelas.

    ¿Cuántas auténticas mentadas de madre (de las no orquestadas por Marina Vitela) de las que recibió el gobernador Aispuro Torres en Gómez Palacio le tocan a todos y cada uno de los pésimos integrantes de su gabinete?

    La priísta “morenista” y alcaldesa electa de Gómez Palacio, Marina Vitela, de la misma forma tan eficaz con la que orquestó los abucheos en contra del gobernador Aispuro Torres, deberá auditar y castigar a la alcaldesa saqueadora Juana Herrera; de lo contrario, en la próxima visita de López Obrador será ella quien reciba las rechiflas, éstas sí auténticas, del pueblo gomezpalatino.

    Luego de este desaguisado, quizá sea el momento para que este gobernador en su laberinto recomponga su equipo de colaboradores, si es que realmente quiere sacar adelante al pueblo de Durango y salvar la segunda mitad de su administración. Por lo demás, ya es bien sabido en esta entidad norteña que desde el año 2015 López Obrador hizo alianza con lo peor de la mafia del poder priísta que gobernó esta entidad el sexenio pasado, de otra manera no se puede explicar que la alcaldesa electa de Gómez Palacio sea la priísta recalcitrante Marina Vitela, hoy flamante “morenista”, o que el ex candidato a la alcaldía de Durango haya sido otro priísta de hueso colorado, Otniel García Navarro, y que buena parte de los diputados corruptos “morenistas” del Congreso hayan sido hasta apenas hace un par de años connotados priístas y panistas. ¿Y los auténticos fundadores de Morena en Durango? Esos no tuvieron dinero para comprarle la franquicia de su partido a López Obrador y se quedaron como esos perros que suelen merodear las carnicerías, solamente observando la repartición del jugoso festín.

    López Obrador, con todo y su delirio mesiánico y su dedo flamígero, es un bribón más; pero un bribón peligroso que con sus encuestas y votaciones a mano alzada no solo perjudica los intereses de grupos opositores corruptos igual que él, sino también los legítimos intereses de la ciudadanía, que nada tiene que ver con las disputas que se dan en esas esferas de poder.


     

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