El negocio de matar

El negocio de las armas en nuestro país es un entramado que no concluye en el binomio que forma con el tráfico de drogas. En realidad, el armamento que ingresa de manera ilegal a México principalmente por la frontera norte, pero también por el sur, es una muestra clara de la telaraña de corrupción, impunidad y criminalidad que han formado algunos fabricantes, vendedores, traficantes y compradores finales, junto con las autoridades en ambos lados del río Bravo.

Además de entender que el tráfico de armas no está relacionado solo con el negocio de las drogas, se impone tener en claro que detrás del tráfico de armas está el negocio de matar. Los motivos para ello sobran, pero en el fondo la razón fundamental es el dinero. ¿Cuánto vale una vida humana en México? ¿Por cuánto dinero se consigue un arma y se le paga a una persona para que arrebate la vida a otra? El tráfico de armas significa un negocio millonario para quienes participan en el, sean fabricantes, vendedores, traficantes, criminales o autoridades. Frente a las escandalosas cifras del trasiego de armamento, es evidente la existencia de un maridaje entre todos los participantes.

¿De qué tamaño es el negocio de matar? ¿A cuánto asciende el universo del armamento que se compra desde México? ¿Cuántos millones de dólares del mercado de armas termina en manos de las autoridades? ¿Cuántos asesinatos materializan el negocio del dolor? ¿Cuál es la profundidad del subregistro de la venta y compra de armas en México? ¿Existe una manera de acabar con el ingreso de armas ilegales a nuestro país o es mayor el interés de diversos grupos criminales y los gobiernos de ambos lados de la frontera para que esto no termine?

La ruta del negocio de las armas está perfectamente identificada, la manera de actuar de quienes se benefician del dolor y la violencia se tiene ampliamente documentada. Luego entonces, resulta evidente no solo la falta de voluntad política para acabar con el negocio, sino la multiplicidad de intereses para que continúe.

El camino comienza en Estados Unidos, donde la facilidad para vender, comprar y poseer armamento que en México es considerado de uso exclusivo del Ejército, Marina, Armada y Fuerza Aérea ha permitido, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que en los últimos diez años diversos cárteles de las drogas hayan adquirido ilícitamente alrededor de 2.5 millones de armas de grueso calibre, que van desde AK-47, AR-15, granadas de diversos tipos, lanzacohetes, cohetes, lanzagranadas, ametralladoras, fusiles Barret y subametralladoras hasta pistolas FN Herstal, a través de la frontera con la Unión Americana.

Por otro lado, diversos reportes como “La ruta de las armas: estimaciones del tráfico de armas a través de la frontera EU-México”, “Tráfico de armas EU-México” y “Más allá de nuestras fronteras”, elaborados por la Universidad de San Diego, la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos, el Instituto Igarapé de Brasil y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen, dejan en claro el momento que guarda el negocio de matar.

Según la información disponible, la zona fronteriza se ha vuelto tierra fértil para el trasiego de armas. La dinámica de venta, compra y tráfico de armamento ha terminado por delinear la frontera con los trazos del ir y venir de armas ilegales.

En aumento el tráfico de armas hacia nuestro país.

El origen de todo ello es la débil regulación en Estados Unidos para la venta y reventa de armamento entre particulares. Una cosa es comprar un arma en una tienda y dejar registro de ello, y muy otra la ruta que siguen esas armas una vez fuera de los almacenes. Desde hace 15 años expiró la prohibición federal de armas de asalto, que restringía la fabricación, transferencia y posesión de armas semiautomáticas para uso civil, con lo cual, el tipo de armamento que se trafica en México se puede adquirir fácilmente y, posteriormente, continuar su circulación de persona a persona; incluso es posible que la adquisición de esas armas se realice en bazares bajo la llamada modalidad Gun Show (Muestra de Armas), identificada por la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), que permite compras armas ilimitadas sin verificación de antecedentes. Siguiendo las mismas evidencias aportadas por la SRE, tenemos la modalidad de Gun Store (Tienda de Armas), donde los traficantes utilizan prestanombres para realizar las compras, y así asegurar que la verificación de antecedentes criminales no sea un impedimento para adquirir la mercancía. Una tercera opción, es el robo a las armerías. Por el número tan elevado de armas traficadas hacia nuestro país, esta opción impacta de manera menor en el número final. También sabemos que se recurre a las armas ensambladas en nuestro país. Bajo esta modalidad, el tráfico que se realiza es de partes de armas para realizar su armado en México, de esa manera no existe la posibilidad de rastrearlas. No olvidemos que en los estados del sur de la Unión Americana existen más de 8 mil establecimientos que venden armamento.

Además del tráfico ilegal de armamento en nuestro país, este año la venta legal de armas se ha incrementado 35 por ciento, con respecto a 2018. En los primeros seis meses de 2019, la Secretaría de la Defensa (Sedena) registró 30 mil 724 armas legales en México. Según la organización Small Arms Survey, México es el séptimo país en el mundo con más armas de fuego en manos de civiles, con 16.8 millones de unidades.

De 1997, cuando el 15% de los homicidios dolosos en México se cometieron con armas de fuego, el porcentaje se ha ido incrementando hasta alcanzar el 70%.

La compleja vecindad entre México y Estados Unidos poco ayuda a terminar con el problema del tráfico de armas; al contrario, al paso de los años parece que esa realidad se vuelve la condición óptima para incrementar lo movedizo de las arenas que cubren el negocio ilícito de las armas: diferencias en las legislaciones, contubernio de las autoridades, falta de voluntad política, bandas criminales necesitadas de armamento, comerciantes que aprovechan el mercado, porosidad fronteriza que facilita el trasiego de armas y drogas, y amplios recursos económicos que potencian la capacidad financiera para aceitar la corrupción y la impunidad, así como para ampliar el reclutamiento de personas en el crimen organizado.

Todo ello ocasiona que en nuestro país el 85% de las armas que circulan sean ilegales, y más allá de ser armas permitidas o no por la legislación mexicana, hablamos de armas no registradas ante las autoridades. En términos de dinero, se estima que las ganancias producidas por el tráfico de armamento en la República Mexicana asciendan a 127 millones de dólares al año, suficiente dinero para que los grupos criminales aseguren la impunidad necesaria que les permita continuar amasando grandes fortunas con el negocio de matar.


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