Primer informe de gobierno. El vaso medio lleno

Si bien son nueve meses los que lleva Andrés Manuel López Obrador al frente de la presidencia de la República, ya se cumplió un año desde que el Congreso de la Unión quedó en manos de Morena, el tabasqueño ganó las elecciones, y Enrique Peña Nieto “escapó” de Los Pinos; esas situaciones propiciaron que desde septiembre de 2018 las riendas de la política y la economía nacionales las lleve López Obrador y el gobierno de la Cuarta Transformación.

Partiendo de esta situación, hoy por hoy podemos afirmar que los problemas heredados por esta administración y que no se han podido solucionar ya forman parte de su catálogo. La manera con la que el gobierno lopezobradorista enfrenta los problemas generados en las administraciones pasadas, más los ocasionados por la 4T, determinan la forma con que la ciudadanía sufre la falta de resultados ante problemas viejos y nuevos.

El informe de gobierno es un mensaje político, un mensaje donde queda de manifiesto la postura del gobierno frente a los quehaceres nacionales. Y aunque no debe ser visto como un recuento de los hechos y los pendientes, sí debe estar anclado a las andanzas y vicisitudes cotidianas. Se impone dejar en claro el futuro que se pretende construir, tomando en cuenta no solo el lugar de donde venimos y el puerto al que queremos arribar, sino las estrategias para lograrlo. Por lo tanto, el informe de gobierno no debe reducirse a un ejercicio de verbalización de buenas intenciones y futuros imaginados y maquillados de realidades inalcanzables; por el contrario, tiene que contener certezas sobre un futuro donde podamos tener un México mejor, y no lamentarnos por no contar con un México perfecto.

Bajo esta lógica podemos tomar tres ejes de arranque: la inseguridad y violencia, el combate a la corrupción y la impunidad, y el crecimiento y desarrollo económico. Los tres tópicos fueron las tres principales exigencias ciudadanas al entonces candidato presidencial de la coalición Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador.

El presidente López Obrador no deja de hacer comentarios muy desafortunados en sus lamentables conferencias mañaneras. Recientemente manifestó que médicos, enfermeras y ciudadanos deben comprar medicamentos cuando un paciente los requiera de urgencia en algún hospital público, cuando es obligación de su gobierno abastecer de medicinas y equipo médico a todos los hospitales del país.

El reto era mayúsculo, el candidato lo hizo suyo y fue su bandera electoral. En todos los rincones a los que llegaba prometía lo mismo: las cosas van a cambiar aplicando una fórmula simple: ganar la presidencia. Más de treinta millones de mexicanos depositaron su confianza en el proyecto y el candidato llegó a Palacio Nacional.

Además de las principales exigencias, en el camino fueron apareciendo varios procesos coyunturales indisolubles al ejercicio gubernamental: la lucha contra el huachicol, la migración centroamericana y las amenazas arancelarias de Donald Trump, el inicio de los enfrentamientos intestinos en el partido gobernante, y los escenarios externos como la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

Al abordar primeramente las exigencias ciudadanas nos encontramos que el combate a la violencia y la inseguridad ha sido un completo fracaso. La economía nacional se tambalea, y las estrategias para incentivarla no dan los resultados esperados. El combate a la corrupción y la impunidad son las exigencias mejor resueltas hasta el momento. Respecto a los casos coyunturales, unos se han atendido favorablemente y muchos otros no.

En cuanto a la economía habrá poco que informar y muchísimo menos que festejar. Prácticamente este año no hemos crecido, la proyección para el segundo semestre de 2019 y todo el 2020 no es halagüeña, la recesión económica por causas externas e internas se encuentra a la vuelta de la esquina. Aun así, aparecen elementos interesantes para no ver el vaso medio vacío: los niveles de endeudamiento público experimentados en administraciones anteriores muestran una reducción significativa, el gobierno de la 4T prácticamente lleva un año evitando contratar más deuda. El salario mínimo creció 16% y casi 100% en las zonas fronterizas. La inversión extranjera directa (IED) aumentó 1.5% en comparación con el mismo periodo de 2018. No han aumentado las cargas impositivas ni tampoco se han creado nuevos impuestos. El tipo de cambio, aunque ha tenido altibajos, se ha mantenido estable, lo mismo que la inflación.

A diferencia de otras administraciones en las que se presumían los datos macroeconómicos positivos aunque no terminaran de reflejarse en los bolsillos de la población, en este gobierno, aunque los indicadores macroeconómicos están lejos de ser los más exitosos, una parte de la población recibe a través de diversos programas sociales apoyos económicos que incrementan los ingresos de los hogares.

La inseguridad y la violencia no solo no disminuyen, sino que varios meses se han calificado como los más violentos de los últimos veinte años. Para enfrentar estos problemas se creó la Guardia Nacional, que se traduce en continuar militarizando el combate a la delincuencia, que tan pobres resultados ha generado. La exigencia ciudadana fue un cambio en la estrategia y lo puesto en marcha fue todo lo contrario, además de prometernos que los primeros resultados positivos los veríamos en seis meses. Mientras tanto, las carnicerías en las que se han convertido las calles de nuestro país continúan generando una realidad dantesca que cotidianamente inunda los espacios informativos, normalizando la violencia.

En el combate a la corrupción y la impunidad es donde la 4T sale mejor librada. Se pasó del discurso mañanero de “hubo mucha corrupción en los gobiernos anteriores”, sin que a nadie se le tocara con el pétalo de una indagatoria o con un juicio sobre las presuntas prácticas de corrupción, a las primeras investigaciones y procesos para llevar ante las autoridades correspondientes a quienes hubiesen cometido algún tipo de delito en el ejercicio de la función pública. Hoy se encuentra tras las rejas llevando su proceso judicial, la ex secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, por su presunta participación en el magafraude llamado La Estafa Maestra. Asimismo, está prófugo de la justicia por una orden de aprehensión el ex director de Petróleos Mexicanos, Emilio Lozoya, y también se encuentra detenido el abogado Juan Collado, inmiscuido en millonarios fraudes. Faltan otros personajes de igual o mayor calibre delictivo que la ciudadanía sin lugar a dudas quiere ver tras las rejas, pero lo anterior ya es un avance alentador.

Sin duda, de cara al primer informe de gobierno, el mayor logro de Andrés Manuel López Obrador son los programas sociales. De ellos, uno de los más exitosos es el de Jóvenes Construyendo el Futuro, donde mujeres y hombres pueden acceder a un empleo durante seis meses y hasta un año, y recibir un salario de poco más de tres mil pesos mensuales, con la posibilidad de ser contratados por los empleadores al final de ese periodo, además de todos los programas dirigidos a sectores vulnerables de la sociedad.

Es innegable que estos programas deben ser perfeccionados pues de alguna manera u otra han sido contaminados por diversas practicas corruptas.

Andrés Manuel López Obrador ha llegado a su primer informe de gobierno con el apoyo de 7 de cada 10 mexicanos, y solamente 6 por ciento de quienes votaron por él cambiarían de decisión si las elecciones fueran el día de hoy. Al tiempo veremos si lo que es bueno para la popularidad de AMLO es bueno para México.

A querer o no, el informe de gobierno debe estar a la altura de un jefe de Estado, no de un líder partidista, y menos de un gobernante empecinado en hablar de adversarios conservadores versus ciudadanos que sí quieren la transformación del país. Al final no importa si el vaso se mira medio lleno o medio vacío, lo importante es que lo sigamos llenando y todos podamos beber de el.


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