2019: el año de las movilizaciones

2019 será recordado como el año de las movilizaciones ciudadanas.

Un año que cierra una década de ires y venires, de avances y retrocesos en sociedad y gobierno; de arribo al poder de proyectos democráticos, pero también de golpes de Estado orquestados por quienes se aferran a las viejas formas. En ello subyacen las razones que explican el asalto a las calles, parques y banquetas que llevaron a cabo ciudadanas y ciudadanos en los cuatro puntos cardinales del planeta.

Dejamos atrás una década que en sus albores parecía enfilarse hacia la consolidación de derechos y espacios conquistados por la población, pero que al final se desmoronaron y, por otro lado, asistimos permanentemente a tocar puertas cerradas al diálogo y a la diversidad, que asestaron duros golpes a las legítimas exigencias sociales. Ya sea en Hong Kong, en España, en Colombia, en Francia, en Chile, en Venezuela o Bolivia, aunque de naturaleza diferente, las movilizaciones tuvieron un común denominador: la exigencia para construir un mundo donde se profundice el reparto equitativo de recursos y oportunidades que permitan el desarrollo incluyente de la población en general. Un mundo donde no siempre pierdan los mismos; aún mejor, un mundo donde ganemos todos.

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Los chalecos amarillos en Francia.
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Protestas en Chile.

Sin distingo, todas y cada una de las movilizaciones recibieron en un primer momento la represión de los poderes político, económico, mediático y militar, y al final muchas de ellas obtuvieron algo de lo que buscaban, como consecuencia de la conciencia social sobre el sentido, necesidad y dirección de moverse para terminar con el hambre, la miseria y la opresión.

En América Latina las movilizaciones se dieron en países con gobiernos de derecha o de izquierda, la naturaleza de las autoridades no necesariamente marcó el inicio de las revueltas. En Chile, aparentemente, la gente salió a las calles por el aumento a la tarifa del transporte público; sin embargo, inmediatamente la población se encargó de aclarar las razones de las protestas: la indignación por un modelo económico, político, militar y policial establecido bajo la dictadura de Augusto Pinochet y mantenido con pequeñas variaciones por los sucesivos gobiernos de izquierda y derecha. La respuesta del presidente Sebastián Piñera fue la represión político-militar. El mazo y la descalificación.

Una situación similar se vivió en Colombia, donde las difíciles condiciones económicas y el rechazo de algunas políticas del presidente, Iván Duque Márquez, fueron la puntilla para que la gente se desbordara por varias ciudades del país sudamericano. Hasta antes de las revueltas, la sociedad colombiana, con algunas diferencias, parecía caminar en paz. Los reclamos ciudadanos nos recordaron que la “tranquilidad” pende de unos alfileres.

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En Ecuador las revueltas van de la mano de la economía y la política financiera. El gobierno de Lenín Moreno tuvo la pésima idea de acceder a un crédito de 4 mil 209 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional (FMI), aceptando condiciones económicas-financieras-comerciales desfavorables para la población, a saber: reformas tributarias para reducir el déficit fiscal; el despido de miles de burócratas; la eliminación de mil 300 millones de dólares de subsidio a los combustibles que disparó su precio 123%; la reducción de aranceles a la importación de productos informáticos; una disminución de los salarios de los contratos temporales en el sector público e incrementos de 10% en precios referenciales para el comercio al por mayor de productos básicos como arroz, huevo y papa. Como era de esperarse, la población se manifestó en contra del regreso a políticas económicas que en el pasado empobrecieron al país y permitieron el enriquecimiento de la clase potentada ecuatoriana.

Las movilizaciones en Bolivia fueron una mezcla del mal manejo poselectoral del presidente, Evo Morales, de las ansias golpistas de la derecha apoyada por las fuerzas militares y el rechazo de las políticas sociales por parte de sectores conservadores. Aquí las razones se alejaron de condiciones económicas desfavorables como las que se vivieron en otras naciones, pues Bolivia presenta un crecimiento del 6% anual. Una de las palancas que catapultaron enfrentamientos violentos fue la discriminación practicada por la población blanca que tuvo como respuesta las manifestaciones indígenas. El final de la historia fue la salida del poder de Evo Morales y su exilio en México y Argentina.

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Europa no fue la excepción. En Francia fueron miles quienes abarrotaron las calles de París, Marsella, Montpellier, Nantes y Lyon para rechazar la reforma del sistema de pensiones impulsada por el presidente, Emmanuel Macron, cuyo objetivo es eliminar los 42 regímenes especiales que existen actualmente y otorgan privilegios a ciertas categorías profesionales. El gobierno pretende sustituir ese sistema con un esquema único de puntos en el que todos los trabajadores accedan a los mismos derechos a la hora de jubilarse, además de aumentar la edad de retiro de 62 a 64 años. Como respuesta, la población convocó a una huelga generalizada que afectó el servicio ferroviario, las escuelas, hospitales y refinerías. Sin duda, las movilizaciones de este año han sido las mayores desde que la población tomó las calles en 2010 para rechazar la reforma de las pensiones del presidente Nicolas Sarkozy.

En Argel, capital de Argelia, las fuerzas de seguridad hicieron gala de su poder para reprimir a la población que rechazó la candidatura de Abdelaziz Bouteflika para un quinto mandato al frente del país. Las movilizaciones han sido las más grandes manifestaciones desde hace 20 años; Bouteflika fue electo por primera vez en 1999 y desde 2013 existen dudas sobre su capacidad para gobernar debido al derrame cerebral que sufrió y que lo ha mantenido alejado de la vida pública. Recordemos que desde hace varios años en Argelia están prohibidas las marchas antigubernamentales, y a pesar de ello la gente ha salido a las calles a manifestar su malestar.

Hong Kong no se quedó atrás en las protestas. La lucha permanente por contar con una democracia más desarrollada fue el resorte que impulsó a la gente a salir a las calles. Las protestas comenzaron hace más de seis meses contra un proyecto de ley, finalmente retirado, que habría permitido extradiciones a China continental, donde los tribunales están controlados por el Partido Comunista. En Hong Kong se rechaza la intromisión de Beijing en las libertades prometidas a la ex colonia británica cuando regresó al dominio chino en 1997. En 2014, el consejo legislativo no aprobó un verdadero sufragio universal y ello fue percibido como un intento de aumentar el control de Beijing sobre la designación del gobernante local. La gente en las calles es una muestra clara de la tensión permanente entre Hong Kong y China.

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En Cataluña los aires independentistas han impulsado las movilizaciones en Barcelona. Luego de la sentencia dictada por el Tribunal Supremo para condenar a los principales líderes independentistas a una pena de 9 a 13 años de prisión, la respuesta de apoyo e indignación catalana no se hizo esperar. Miles abarrotaron las calles. El griterío se escuchó por doquier. Al final se vivió caos y destrucción en varias ciudades. Por lo observado durante este año, las ansias de secesión catalana no pararán en 2020; por el contrario, todo parece indicar que en el siguiente año esa será una agenda permanente que el gobierno español deberá resolver.

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Las manifestaciones que tuvieron el ingrediente más común en el mundo, fueron las movilizaciones de mujeres para rechazar la violencia machista-patriarcal y exigir su derecho a decidir sobre su cuerpo, acceder a condiciones dignas de salubridad para interrumpir un embarazo, obtener empleos bajo las mismas condiciones que los hombres, acceder a una vida libre de violencia y acabar con la histórica desigualdad de género, entre otros derechos que consideran impostergables.

No deja de llamar la atención que mientras en varias partes del mundo la sociedad salió a las calles, en México, a diferencia de lo sucedido en años anteriores, las movilizaciones en contra del gobierno, aunque han existido, han sido de menor calado a las vividas en sexenios pasados.

Por vía de mientras, la sociedad en 2019 dejó en claro que no está dispuesta a continuar viviendo bajo sistemas creados y mantenidos por los dueños del poder y del dinero en beneficio de quienes más tienen, y en detrimento de amplias capas desfavorecidas de la población.

PAG-2
En 2019 salió muy mal librado el gobierno lopezobradorista en su aventura “diplomática” en Bolivia, cuyo gobierno interino rompió relaciones con nuestro país por las actitudes injerencistas del mandatario tabasqueño en esa nación.

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