¿Y si el presidente se contamina?

No tengo la menor idea de lo que piense el presidente sobre la realidad que nos derrumba.

No tengo la menor idea de si sigue con eso de los abrazos, las reuniones y visitas donde la gente se junte y le tome fotografías y le salude de besos; no tengo la menor idea si piensa que es un súper hombre y que no se contagiará de coronavirus. No tengo la más remota idea de si piensa que él lo puede todo solo y que en general las declaraciones derrotan a la realidad, porque nos habla de que terminamos con la política de los neoliberales pero la Bolsa de Valores se cae y se estrella en los pies del líder del cambio, y la realidad es que el dólar sube y sube y el peso baja y baja, que tenemos ya una real crisis económica ocultada por los discursos mañaneros que nos pierden en pendejadas operadas por los nuevos chayoteros del sistema.

La verdad es que no pensamos que el presidente piense que refugiándose en el ranchito de La Chingada podrá eludir la contaminación del coronavirus y que él podrá resistir para salvar al país, pero la verdad es que a lo mejor no todos hemos pensado en lo que pasaría si el presidente se contamina y llegara a morir, no es que lo deseáramos, no, no piensen mal porque no van a acertar, no piensen que lo deseamos, no creemos ser tan pentontos ni ser tan perversos. Creemos que el presidente no puede continuar con su política de culpar a todos y de todo a los fifís y conservadores, menos cuando estos andan a su lado, cuando los grandes capitalistas son sus beneficiarios usando los fondos y recursos públicos para hacer sus negocios privados, que no nos vengan con cuentos. Nos agrada que se apoye y ayude a los miembros del infeliciaje nacional, es a lo que se comprometió y creo que lo cumple, pero en lo demás anda como dándonos atole con el dedo y como tocándose la bolsa para darnos una cachetada.

Claro que entendemos que las clases medias ahora están profundamente enojadas y encabronadas en su contra, que no le perdonan sus actos que se encaminan a joderles más, mucho más de lo que siempre los han jodido; pensamos en que por mucho que algunos amigos y colaboradores del presidente nos aseguren que los estudios no indican ese conflicto contra las clases medias y de ellas contra el gobierno, pues es una cosa latente y si no lo ven o hacen como que no lo ven, pensando en que así no existe, pues allá ellos. Por esas razones siempre se joden en política y estallan los conflictos sin que los mandos lo entiendan.

El presidente debería pensar en que se puede contagiar, no es sencillo eliminar esa posibilidad, menos cuando él mismo desacata las recomendaciones sobre su seguridad. El pueblo sabio no lo puede evitar, no tiene cómo evitar el contagio si anda entre las muchedumbres porque ni aislados podríamos asegurar que está lejano el no contagio en un conflicto de pandemia, como el que enfrentamos, sin saber bien a bien cómo lo podremos hacer ni tener la seguridad de que contamos con los elementos para combatirlo.

El presidente Andrés Manuel López Obrador, en riesgo de sufrir un revés, no solo por el coronavirus sino también por la falta de resultados concretos en sus políticas económica y de desarrollo social, que no impactan positivamente los bolsillos de la ciudadanía.

Si hay una posibilidad real, muy real de que el presidente se pueda contagiar, pues este tendría que comenzar a ver quién o quiénes pueden asumir, en una crisis así, su función y su puesto sin que se genere una lucha interna entre las pandillas que componen los grupos en Morena, porque si de algo estamos ciertos es que ya no hay luchas ideológicas, sino luchas por puestos y presupuestos, y que esto sí genera conflictos y problemas.

El presidente se ha encargado de evitar que, por ejemplo, se vean en esa posibilidad de apoyarle en una crisis sus afectos más queridos: sus hijos, que andan en “lunas de miel” y alejados de su entorno; su esposa, mujer inteligente, alejada por convicción propia de esas tareas y dedicada a la investigación histórica; sus cuates del neoliberalismo, los ricos ricos que le han acompañado y apoyado, pues andan en sus negocios y no tienen la confianza del infeliciaje para apoyarlo en una situación como la planteada; y los mandos paramilitares, pues tampoco pueden asumir esas tareas porque se han ocupado en otras cuestiones, así que lo más probable es que veamos conflictos entre tribus y mafias del poder que construyen o destruyen el “partido” que no lo es, ese “partido” que se encuentra en una tremenda crisis de formación y de convicción ideológica, porque está sumido en una lucha por el poder para conquistar los puestos y presupuestos que les permitan a esas tribus y mafias sobrevivir y conquistar posiciones.

Si en las actuales condiciones en que solamente nos afectan los tiempos y realidades del exterior y no los graves problemas internos hay miedo y conflictos, pues ya nos imaginamos si la realidad nos toma por sorpresa y los principales mandos del gobierno se ven afectados por la contaminación. No hay forma de pensar si se tienen condiciones para afrontar la crisis, nadie sabe cómo asegurar el valor de AMLO y de protegerlo para que no se contamine si sigue en sus giras y acercándose a las masas pensando en que se deben dar besos, saludos y abrazos, y estar libre de cualquier contaminación que le saque de la jugada; y cuando un pueblo pierde a su líder en el cual ha depositado su confianza hay una seria crisis, tal como lo hemos visto en otros sitios cuando pierden a los “caudillos”, porque no hay condiciones para que se gobierne por medio de un partido y de una concepción política ideológica, porque la organización de masas anda en las luchas internas de pandillas y tribus, peleando los puestos y presupuestos, no garantizando el poder y el gobierno.


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