Recién llegado a la presidencia de la República, una de las primeras medidas que tomó Andrés Manuel López Obrador y sus huestes legislativas fue recortar drásticamente el presupuesto en el sector Salud, específicamente en los Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad, a los que dejaron de entregarles la friolera de más de 4 mil millones de pesos, afectando principalmente a mujeres y niños con cáncer, dando muestras de que la salud de los mexicanos no era una prioridad para el mandatario “izquierdista” y su “Cuarta Transformación”, que al igual que los regímenes neoliberales pareciera querer colapsar este sector intencionalmente para entregárselo en bandeja de plata a la iniciativa privada.

Pusilánimes, los representantes del gobierno federal lopezobradorista se durmieron en los laureles de su triunfo electoral y descuidaron los procesos legales para abastecer en tiempo y forma los medicamentos, equipos e insumos que este delicado sector requiere para su eficaz funcionamiento, y la debacle por la escasez de estos productos que se venía dando desde el sexenio pasado, se acentuó aún más por la irresponsabilidad del flamante gobierno “izquierdista” entrante.

Ante este panorama, la élite cuatrotera echó a andar de manera improvisada el Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI), sustituyendo al antiguo Seguro Popular, con un mar de lagunas legales que fueron prácticamente avasalladas por la llegada de la pandemia del coronavirus (COVID19), que sorprendió al sector Salud en uno de los peores momentos de su historia, tanto por el abandono en el que se encuentra como por la grave crisis de dirigencia que padece.

En medio de este cuadro por demás aterrador, desde finales de diciembre de 2019 y principios de enero de 2020, cuando ya se sabía lo ocurrido en Wuhan, China, el presidente López Obrador minimizaba el impacto inminente y la peligrosidad del contagioso virus, alentando a la ciudadanía a continuar con sus actividades de manera normal, poniendo el detestable ejemplo de seguir realizando sus interminables giras proselitistas a lo largo y ancho del territorio nacional.

No sabemos hasta el momento qué tanto ha perjudicado la actitud irracional del mandatario tabasqueño, lo que sí sabemos es que la pandemia del coronavirus vino a desnudar aún más las graves carencias y la falta de liderazgo que existen en el sector Salud, un sector que ahora, en sus dos instituciones claves, el IMSS y el ISSSTE, está siendo severamente castigado porque los anteriores gobiernos neoliberales y el actual de “izquierda” no quisieron invertirle recursos suficientes para hacerlo de primer nivel, pues bajo su política mezquina la atención a las mayorías no les es redituable.

Quizá ahora, ante la pandemia del COVID19 y los centenares de médicos, enfermeras, camilleros y demás personal hospitalario contagiados y fallecidos por no tener la más mínima protección ni protocolos para actuar en estos casos, nuestros gobernantes entiendan lo importante que es contar con un sistema de salud pública poderoso financieramente y confiable en el actuar de sus directivos.

Una de las lecciones que nos está dejando el COVID19 es que cuando los representantes de las instituciones del Estado fallan, los primeros perjudicados son la ciudadanía y los trabajadores de esas instituciones, que son los auténticos generadores de la riqueza nacional. Sin éstos, tanto el gobierno como los empresarios se derrumban.

Por lo anterior, ha sido lamentable que en medio de la pandemia el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, contradiga su trillado lema de campaña: “Primero los pobres”, y le otorgue marcada preferencia a un personaje que se ha caracterizado por su ruindad al mantener trabajando a los empleados de su consorcio nacional llamado Elektra, sin importarle para nada que corran el inminente riesgo de contagiarse del COVID19: Ricardo Salinas Pliego, quien el pasado 30 de marzo, de acuerdo a información documentada publicada por el semanario Proceso, fue beneficiado por la Secretaría de Educación Pública con un contrato que asciende a los 969 millones de pesos para su empresa Seguros Azteca Daños, luego de que tres días antes habría sufrido pérdidas millonarias en un negocio que tiene en los Estados Unidos. Cabe señalar que el titular de la SEP, Esteban Moctezuma Barragán, durante los 17 años previos a su incorporación al gobierno de la 4T presidió la Fundación Azteca, que pertenece al consorcio de Salinas Pliego. El contrato comprende el periodo que va del miércoles 1 de abril de 2020 al 30 de junio de 2021. La empresa Seguros Azteca Daños no envió preguntas a la dependencia a través de la plataforma Compranet, y tampoco asistió ninguno de sus representantes a la junta de aclaraciones celebrada el 19 de marzo. Durante esta junta, otras seis aseguradoras hicieron 227 preguntas técnicas y legales a la SEP, pero tanto el secretario de esta dependencia, Esteban Moctezuma, como el presidente López Obrador, ya sabían de antemano quién sería el ganador de la licitación.

En sus conferencias mañaneras el mandatario tabaqueño siempre niega los señalamientos de corrupción e ineptitud que ciudadanos críticos y medios de comunicación hacen en contra de su gobierno. Mientras tanto, el mes de marzo pasado fue el más cruento en la historia de nuestro país con 2,585 homicidios dolosos.

De este tamaño es la corrupción que practica el mandatario nacional, quien recientemente empeñó nuestra soberanía petrolera con la aparente negociación “exitosa” que realizó en la OPEP, al negarse a disminuir nuestra producción petrolera 350 mil barriles de petróleo diarios, durante los meses de mayo y junio, para estabilizar a la alza el precio de este combustible, medida que de antemano ya habían establecido los integrantes de éste organismo internacional. Luego de la negativa del gobierno lopezobradorista, que se aferró a disminuir la producción solamente 100 mil barriles de petróleo diarios, el presidente norteamericano Donald Trump ofreció al mandatario cuatrotero cubrir la cuota restante de 250 mil barriles de petróleo, para salvar el acuerdo establecido por la OPEP, hecho que López Obrador aceptó de inmediato.

Al día siguiente de este suceso, el 9 de abril, el presidente estadounidense reveló en rueda de prensa el acuerdo al que había llegado con el presidente López Obrador, manifestando que “Estados Unidos ayudará a México y ellos nos pagarán algún día, cuando estén preparados”.

Así las cosas, y evidenciado el burdo trato tras bambalinas, a espaldas del pueblo mexicano, el presidente López Obrador hasta el momento no ha revelado en qué consistió ese acuerdo y cómo le pagaremos al gobierno estadounidense esos 15 millones 250 mil barriles de petróleo que “gustosamente” nos prestó.

Es obvio que el gobierno cuatrotero de López Obrador quiere evitar a toda costa el aumento de los precios de las gasolinas en el país, pues sabe que su desempeño para enfrentar la crisis de la pandemia del COVID19 ha sido mediocre y los pequeños y medianos empresarios que están colapsando ya han comenzado a exigir su renuncia ante su negativa de entregar recursos de manera inmediata a la población en general, recursos que ascienden a cientos de miles de millones de pesos que el mandatario “izquierdista” tiene retenidos, tanto de los subejercicios presupuestales que ha tenido como de partidas secretas y de los fideicomisos federales que recientemente expropió.

Para nadie es un secreto que esas enormes cantidades de dinero serán utilizadas por las huestes lopezobradoristas para comprar votos en las elecciones de 2021 y 2022, por lo que salvar a los pequeños y medianos empresarios del país no es precisamente una de las prioridades del principal huésped del Palacio Nacional.

Es en este contexto de corrupción, insolvencia moral y abierta connivencia con el crimen organizado que López Obrador se ganó el apodo de “El Cacas” en una de las más importantes redes sociales del mundo: Twitter, un apodo ganado a pulso, cuyo hashtag, lejos de languidecer, cada día es utilizado con más frecuencia por los cientos de miles de usuarios de este importante foro cibernético, en el que todos los días hacen referencias de las acciones desaseadas del político sureño.

Esta es la penosa realidad política que vivimos, una realidad que podemos revertir si efectivamente se lleva a cabo en 2022 la votación de Revocación de mandato prometida por López Obrador  y ya establecida en nuestra Constitución Política; en esa fecha los electores tendremos la oportunidad de mandar a su casa a este personaje pues, lejos de ser el izquierdista que esperábamos, resultó ser un viejo resabio de lo peor del populismo priísta.


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