¿Cómo saldremos de la crisis del COVID-19?

La pregunta que flota en el aire es ¿cómo saldremos de la crisis sanitaria y económica producida por la pandemia del coronavirus? Es un hecho que se está gestando una profunda recesión a la que el Fondo Monetario Internacional ya denomina como “El Gran Confinamiento”, y acepta que será mayor a la Gran Depresión de 1929.

Frente al complejo futuro que nos alcanzará, se impone echar un vistazo por el retrovisor de la historia para revisar las dos grandes crisis de los últimos cien años: la de 1929 y la de 2008, y saber cuáles fueron las estrategias puestas en marcha para salir de aquellos hoyos, y cuáles podríamos repetir o dejar en el cajón, para salir mejor librados del actual atolladero. Esto, sin olvidar que ambas crisis tuvieron una naturaleza diferente entre ellas, con respecto a la que estamos viviendo en estos momentos.

La crisis del 29 tiene sus cimientos en varios componentes, a saber:

a) La malograda “diplomacia del dólar”, mediante la cual el gobierno de Estados Unidos trató de invadir naciones latinoamericanas con los dólares sobrantes, acompañados de los marines estadunidenses para que los países aceptaran las inversiones del vecino del norte.

b) La fallida política de 1920, cuando los republicanos regresaron al poder con Warren C. Harding, quien afirmaba querer “menos gobierno en los negocios y más negocios en el gobierno”.

c) El aumento en 64% de la producción industrial de Estados Unidos que desbordó la capacidad de consumo de la población, a pesar de las excesivas facilidades de crédito.

d) La especulación en el mercado de valores que generó la sobrevaloración de las acciones.

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Para hacer frente a la crisis el presidente, Herbert C. Hoover, pidió a los empresarios que se comprometieran a no reducir su fuerza de trabajo ni los salarios; además, el Congreso aprobó la Ley Arancelaria Smoot-Hawley que elevó los impuestos a productos importados. A pesar de ello, en 1933 el desempleo llegó a 25%, miles de familias y negocios no pagaron sus préstamos y muchos bancos quebraron.

Sin duda, la estrategia que dio los mejores frutos fue el New Deal de Frankling Delano, quien centró sus esfuerzos en brindar apoyo a los desempleados, revitalizar la industria y la agricultura, y establecer un programa de obra pública nunca antes visto en la Unión Americana. Con ello, la “Administración para el Progreso de las Obras” convirtió al gobierno federal en el empleador más grande de la nación. La apuesta de generar empleo y repartir las riquezas con base en la política del Estado de Bienestar fueron las dos piezas angulares para establecer las bases del crecimiento y desarrollo económico de los siguientes años.

How Racism And Nativism Enabled The New Deal

Al darle la vuelta a la página, irrumpió la crisis de crisis de 2008, la cual tuvo como motores fundamentales:

a) La crisis de la deuda soberana europea.

b) El freno de las economías china y estadounidense, y la crisis del euro.

c) Los vaivenes en los precios del petróleo y las materias primas.

d) El estancamiento del sector inmobiliario norteamericano.

e) La ruptura de la burbuja tecnológica (Punto-com) en 2000.

f) La avaricia e incompetencia de los dueños del dinero y la banca que concedieron préstamos imprudentes.

g) La sangría financiera producida por los paraísos fiscales. Por esto, en su momento se consideró que la crisis no era coyuntural, sino sistémica.

Para hacer frente a esta nueva crisis económica, el gobierno del presidente Barack Obama puso en marcha las leyes de Reinversión y Recuperación; de Creación de Empleo y Reautorización del Seguro de Desempleo, y la de Estímulo Económico, además de ampliar la regulación del sistema financiero y crear entidades para proteger a los consumidores de crédito. Fueron cuatro años los que tardó la economía global en regresar a las condiciones económicas anteriores al 2008.

Es importante no olvidar que entre cada una de las crisis mencionadas transcurrieron 80 años, pero que de la última que tuvimos a la actual tan solo pasaron 12 años. Lo que nos muestra que las estrategias puestas en marcha en 2009 no fueron suficientes para fortalecer el sistema económico y evitar nuevos descalabros.

¿Dónde estábamos parados cuando llegó la pandemia del coronavirus? En una sociedad global con profunda desigualdad económica; en un creciente proteccionismo comercial y fragilidad financiera; con agitación social en varios rincones del planeta; los capitales refugiados en los rendimientos provenientes de las rentas; grandes hoyos contables en varios países, y una crisis petrolera desde finales de 2019. Además, a muchas naciones les llegó la pandemia luego de cinco años de crecimiento económico reducido.

¿Cómo saldremos de esta crisis? ¿Cuál es el escenario de los próximos doce meses? ¿Qué tipo de recesión viviremos luego de tener dos trimestres consecutivos de caída del Producto Interno Bruto (PIB)? Sin duda, el tiempo que duren las medidas de confinamiento juega un papel decisivo a la hora de determinar cuándo acabará la caída y comenzará la recuperación.

El futuro económico puede tener forma de V, lo que significa que la caída sea pronunciada con una salida también pronunciada para regresar al punto inicial. En este escenario, las predicciones de S&P suponen una caída del PIB global del 2.4% en 2020, seguida de un crecimiento del 5.9% en 2021. Para lograr esto, los bancos centrales necesitarían fortalecer y ampliar los paquetes económicos de ayuda.

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Comportamiento en “V”.

Otro escenario de salida puede ser dibujado con la letra U. Lo que significa que podamos recuperar algo de lo perdido, pero a una tasa menor, además de mantenernos con un crecimiento bajo un poco más de tiempo.

Los dos escenarios restantes se pueden dibujar con las letras L y W. En el primer caso, tras una caída la economía se mantiene a un ritmo mucho menor, sin recuperarse, lo que vuelve permanente el nuevo nivel de crecimiento. La letra W dibuja la dinámica de caída y retorno al menos durante cuatro momentos donde entramos y salimos de la crisis.

Muy probablemente en los meses siguientes miles de empresas comenzaran a batallar para cubrir sus gastos, probablemente despedirán a miles de trabajadores y veremos una reducción significativa en el pago de impuestos. Por su parte, varios gobiernos, luego del enorme gasto público para enfrentar la pandemia, pondrán en marcha medidas de austeridad. En conjunto, todo esto generará una reducción significativa en la calidad de vida de millones de habitantes en el planeta, que nos llevará varios años revertir.

No solo sucederá esto, sino que los planes y las proyecciones pensadas a partir de las estrategias puestas en marcha, ni siquiera podrán establecerse en el mediano plazo, porque la inmediatez transformada por la pandemia está obligando a la sociedad a reinventarse cada día. A querer o no, no sabemos con certeza la cara que tendrá la humanidad luego de vencer al coronavirus, es decir, es más profunda la incertidumbre que el riesgo que debemos jugar para salir adelante.

Sin duda, la nueva realidad deberá ser diferente a la vivida hasta este momento, y que nos ha colocado en esta complejidad sanitaria y económica. Exigirá de nosotros un cambio de mentalidad que nos permita pensar cómo invertir nuestro tiempo en lugar de gastarlo, de qué manera podemos potenciar nuestros recursos humanos y materiales para construir una mejor sociedad, y cuál será la cara de las nuevas relaciones económicas, políticas y sociales. Si al menos no conseguimos eso, no habremos librado con éxito la dificultad del momento por el que pasamos.

No importa cómo salgamos de la pandemia y sus duras consecuencias, sea como sea saldremos vivos y obligados a reconstruir.

Mientras tanto, la semana pasada de nueva cuenta el presidente Andrés Manuel López Obrador arremetió contra algunos periodistas y medios de comunicación que él considera no hacen bien su trabajo. Les asestó: que no son profesionales, ni independientes y faltos de ética. Lo que tenemos, remató, “es un periodismo cercano al poder, sobre todo al poder económico, y muy distante del pueblo, que no ha entendido que vivimos nuevos tiempos y que deben reconocer lo bien hecho por el gobierno”. Si bien dio nombres de medios y periodistas, al final terminó en la generalización de los periodistas en nuestro país.

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Nos parece que en estos momentos de urgencia sanitaria a consecuencia de la pandemia del COVID-19, debemos centrarnos en lo importante, es decir, garantizar la libertad de expresión. Es urgente que bajo ningún mensaje gubernamental se haga un guiño a la censura. López Obrador tiene todo el derecho de tener filias y fobias con respecto al ejercicio periodístico, y le pueden gustar o no las diversas líneas editoriales de medios de comunicación, pero el presidente de la República tiene la obligación de hacer lo necesario para que se cumpla la ley y el periodismo en nuestro país se ejerza con libertad y seguridad, más allá de que estemos de acuerdo o no con las plumas que lo practican.


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