La polarización como estrategia

    Arturo Rodríguez García.

    Dos años después de los comicios que llevaron a López Obrador a la Presidencia, el país está partido en dos. La polarización y el encono son atizados por el propio mandatario quien, desde su tribuna mañanera, juzga, pontifica, descalifica… Analistas políticos consultados por Proceso exponen cómo ello responde a una estrategia política –similar a la que utilizan presidentes de derecha en otras naciones– para ejercer el poder sin contrapesos.

    Ciudad de México (Proceso).- A dos años de la elección que llevó a Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia, las instituciones, conceptos e inclusive personalidades asociadas a la consolidación democrática están sometidas a presión. Todos los días, desde la tribuna presidencial, la polémica se impone y despierta múltiples reacciones que, sea a través de declaraciones, pronunciamientos o redes sociales, profundizan la polarización.

    Pocos escapan: órganos con autonomía constitucional, creados como garantes de derechos políticos –como los institutos Nacional Electoral o el Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI)–; organizaciones ciudadanas especializadas lo mismo en derechos humanos que en medio ambiente o estudios de corrupción; magnates, empresas, cámaras y organismos empresariales; partidos políticos; medios de comunicación y hasta organismos multilaterales han sido tildados por el mandatario de “conservadores”, “neoliberales” y adversarios de “la transformación” (Proceso 2275).

    Del otro lado las reacciones pueden suponer, entre otras cosas, interés electoral, como en el caso del dirigente panista, Marko Cortés, quien llevó el tema a la OEA; acusaciones de manipular a las masas contra gobernadores de oposición, como lo hizo el jalisciense Enrique Alfaro; y promover la idea de que debe renunciar, como hizo el Frente Nacional Antiamlo.

    El momento es reflejo de una polarización, real y grave, cuyo catalizador fue la campaña sucia contra López Obrador en 2006 (“un peligro para México”), profundizada con el paso de los años y exponencial a partir de 2018, sostiene Antonio Salgado, maestro de Filosofía en la Universidad de Edimburgo.

    Divide y vencerás, parece ser la máxima que está aplicando el presidente “izquierdista” Andrés Manuel López Obrador, quien a más de dos años y medio de gobierno solo ha entregado cuentas negativas a los 30 millones de electores que votaron por él y a la ciudadanía en general.

    En entrevista, Salgado ubica el proceso polarizador como el uso de un manual que han seguido líderes de derecha a partir de 2016, con la campaña del estadunidense Donald Trump y con Boris Johnson en el Reino Unido.

    “La idea es dividir a la sociedad en dos bandos, y que eso sea suficiente para llevar a un candidato al poder. Una vez en el poder hay que mantenerse en campaña. Es una estrategia para evitar rendir cuentas, la argumentación y la evaluación bajo criterios racionales.

    “El político que llega al poder se convierte en candidato eterno, un gobernante y candidato que debe mantener el mismo nivel de polarización para blindarse de ser juzgado o criticado. El gobernante en campaña permanente es previsto en el manual de polarización y López Obrador lo replica”, dice el entrevistado.

    Salgado indica que la polarización creada en 2006 para evitar que López Obrador llegara a la Presidencia fue aprovechada en 2018, pero a la inversa. Y entre los resultados está la formación de grupos de fanáticos a favor o en contra del presidente.

    “Son fanáticos para los que ya no existe posibilidad de argumentación, de crítica o juicio; se convirtieron en fieles que apoyan a un partido o un proyecto, más como aficionados futboleros que electores racionales”.

    Lo que el entrevistado observa como un manual de polarización ha sido empleado principalmente por líderes identificados con la derecha, mientras que en el caso de México es ejecutado por un presidente que se define de izquierda, convirtiéndolo quizás en un caso único en el mundo. Y aunque no existe evidencia de proximidad con Steve Bannon, ex asesor de Donald Trump en la Casa Blanca y creador del manual aplicado en otros países, “los elementos son idénticos, una calca”, advierte Antonio Salgado.

    (proceso.com.mx).


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