Carta al arzobispo

    Durango, Dgo., a 15 de julio de 2014.

    Sr. Héctor  González Martínez, Arzobispo de Durango.
    A los ciudadanos de Durango y especialmente a la comunidad cultural.

     

    Presentes:

    Ante la posibilidad de la destitución del personal de la pinacoteca virreinal de la Catedral de Durango, mencionada recientemente por usted, como si la Catedral fuera su casa y los Amigos de Catedral sus sirvientes, con el debido respeto que su alba investidura se merece, me veo en la necesidad de comunicarle lo siguiente:

    A título de ciudadano que ama a su ciudad, sus costumbres, su fe, y especialmente su gran patrimonio cultural, tanto arquitectónico como artístico, le manifiesto que de acuerdo al canon usted ya no es arzobispo de Durango, pero vamos a suponer que sí lo fuera:

    No creo que usted tenga la autoridad de disponer de nuestro patrimonio como lo pueda hacer una persona que cambia de domicilio y desmonta sus parafernales, muebles y creaciones artísticas, para llevárselos a su nueva casa. La santa madre Catedral NO ES SU CASA, se le ha prestado para que ahí ejerza su noble profesión, que es la difusión de la palabra de Dios.

    No creo que usted tenga la autoridad legal para destituir a los Amigos de Catedral, que tanto han contribuido, incluso económicamente, para la obtención de la riqueza pictórica y escultórica, así como de orfebrería que actualmente alberga nuestra santa madre Catedral.

    No debe de cometer otro error más, como los que nos tiene acostumbrados (¿o molestos?), algunos francamente chistosos si no fueran tan trágicos, en todo caso muy disfrutables en las charlas de café.

    Por ejemplo, hace algunos años alguien tuvo la ocurrencia de “regalarle” un reloj “retro” con todo y musiquita para substituir al centenario que se encuentra in situ y que lo único que necesitaba era cuerda y limpieza; desde luego, usted ni cuenta se dio del negocio que se estaba haciendo con estas “ocurrencias”. Quien esto escribe hizo una crítica muy sarcástica, pero que en algo sirvió para que semejante engendro cronológico no se encaramara en la centenaria torre catedralicia.

    Después usted declaró, y fue publicado en los medios de comunicación: “en Durango no hay pedófilos, lo que hay son mujeres que se les arriman a los sacerdotes como moscas a la miel”. En mi calidad de ginecólogo y por lo tanto feminista (honoris causa), escribí y fue publicado en la revista Contralíneas (los demás no se animaron a publicarlo) el siguiente texto:

    Santo varón de troyano nombre,/de albas y misogínicas investiduras,/defensor de pedófilos,/dime a dónde irán nuestras esposas,/novias, o parejas a buscar un paño de/lágrimas a sus múltiples penas,/ante el riesgo de que tus huestes/las confundan con viles moscas/que van tras de la miel (¿?)/de tus sa-cerdotes.

    Otro muy comentado (inclusive mundialmente), que además se dijo que pudo haberle costado demasiado, fue cuando declaró: “No sé qué le buscan al Chapo, si vive aquí cerquita en Guanaceví” ¡Tan a gustote que vivía aquí don Joaquín…!

    Y fíjese usted don Héctor lo que ha pasado después. Del Chapo ni para qué ocuparnos, por el gran respeto que inspira. No, lo que a mi me tiene sumamente preocupado es lo que pueda pasarle a su amigo, el Padre Nor. Imagínese: un sacerdote que fue abusado sexualmente por el sa-cerdote Maciel siendo seminarista, alumno de Maciel, acaba de solicitarle a su santidad el Papa Francisco que destituya a Norberto de su puesto como Arzobispo Primado de México, por  encubrir a los pedófilos. Recuérdese, usando terminología suya: “Tanto peca el que mata la vaca como quien le estira la pata”.

    No, don Héctor, usted debe ocupar su energía, que por cierto, gracias a Dios le sobra, para defender a su cuate, antes de que Francisco lo destituya. Y por favor deje usted en paz a nuestros amigos, los Amigos de Catedral, y deje en paz nuestro patrimonio. Le recomiendo que lea el evangelio de Judas (¿apócrifo?) para que entienda desde cuándo la humanidad ha padecido de ésta plaga (¿bíblica?), donde el Iscariote, refiriéndose a los sacerdotes, dice… (Algunos) sacrifican a sus propios hijos (*)… algunos duermen con hombres; algunos se ven envueltos en (asesinatos); algunos cometen una multitud de pecados y hechos fuera de la ley…

    (*)Recuérdese al sa-cerdote Maciel.

     

    Atte.

    Dr. Salvador Salas Ceniceros

    Email: drsalas_ 22@hotmail.com

    COMPARTIR