Fernando Miranda Servín.

Bastó que llegaran al poder para que los integrantes de las dos últimas generaciones de panistas del estado de Durango entraran en un acelerado proceso de putrefacción que hoy irremediablemente los tiene en la vitrina pública del escarnio y en el inminente camino hacia sus casas.

La aventura de este clan panista con fuertes inclinaciones delictivas comenzó en 2016 con su llegada a la gubernatura y especialmente al municipio de Durango, en donde sus más destacados miembros ocuparon cargos relevantes en algunas direcciones y en el Cabildo, todos bajo las órdenes del ex alcalde saqueador emecista y actual senador morenista José Ramón Enríquez Herrera.

La primera tarea de esta élite perniciosa fue la de despedir de manera injustificada a cientos de empleados municipales y cohabitar con buena parte de la estructura corrupta priísta que había gobernado el trienio anterior con el ex alcalde Esteban Villegas Villarreal, actual diputado local.

Así, las nocivas huestes panistas comandadas por el impresentable ex alcalde José Ramón Enríquez Herrera garantizaron la impunidad de sus antecesores priístas, ocultando durante todo su trienio las auditorías que practicaron y que daban cuenta de los desmesurados saqueos que cometieron los principales colaboradores cercanos del ex alcalde Esteban Villegas Villarreal.

Jorge-Salum-del-Palacio-alcalde-de-Durango
La pobre actuación de Jorge Salum, “El Alcalde Gris” de Durango, es uno de los factores que provocará el derrumbe del PAN en esta entidad norteña.

Entre los panistas destacados que formaron parte activa del gobierno del ex alcalde saqueador José Ramón Enríquez Herrera se encontraban en primer término la ex Secretaria del Ayuntamiento y ex regidora Claudia Hernández Espino; la eterna síndico Luz María Garibay; la regidora Minka Hernández Campuzano; el regidor Fernando Rocha Amaro, y los renegados Luis Galindo y Carlos Segovia, que renunciaron al PAN para convertirse en emecistas.

Hoy, con la llegada de Jorge Salum a la alcaldía de Durango la historia de impunidad se repite y buena parte de este gremio panista delincuencial encubre los saqueos cometidos por sus antecesores y por ellos mismos.

Una de las tantas cerezas podridas del pastel fétido de la corrupción con las que se atragantó este goloso grupo de cleptócratas es el contrato millonario de las luminarias, que sigue dando de qué hablar pues ahora también ha manchado de materia pestilente a los de por sí desprestigiados diputados locales del partido Morena, que en el Congreso ya comenzaron a hacer maromas para librar de responsabilidades a su nuevo compañero, el depredador presupuestal José Ramón Enríquez Herrera, quien, en los hechos, fue el principal promotor del contrato de las luminarias, con el que se pretendía descalabrar a los contribuyentes duranguenses con al menos 800 millones de pesos. Recientemente, los diputados locales morenistas exhortaron al alcalde de Durango, Jorge Salum, a que solicitara a los funcionarios de su gobierno que participaron en el escándalo de las luminarias que se separaran de sus cargos mientras la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción realiza las investigaciones; sin embargo, esta misma petición no se la hicieron al ex alcalde y actual senador morenista José Ramón Enríquez Herrera, quien presentó ante el Congreso local la iniciativa para solicitar autorización para que el municipio de Durango celebrara el contrato fraudulento de las luminarias.

PAG-4-2
El diputado local panista, José Antonio Ochoa Rodríguez, entregándole a la diputada morenista una cartera de huevos. Éste fue su primer acto por el que comenzó a ganarse el repudio popular.
PAG-4-3
Tuit del diputado José Antonio Ochoa Rodríguez, la “carta fuerte del PAN” para la alcaldía de Durango, en el que anuncia la entrega de su segundo informe de actividades legislativas al alcalde Jorge Salum, faltándole el respeto a los ciudadanos que votaron por él. Este personaje, políticamente hablando, ya es un cadáver viviente por el que la ciudadanía difícilmente volvería a votar.

En medio de este desastre panista, otro protagonista que este partido pretende apuntalar como candidato a la alcaldía de Durango, el diputado local José Antonio Ochoa Rodríguez, a la hora de las definiciones resultó ser un personaje mediocre, sin recursos políticos y mucho menos intelectuales. Criticado a nivel nacional por su desafortunada agresión a la diputada morenista Sandra Amaya, a quien de manera ofensiva le entregó en el Congreso una cartera de huevos haciendo alusión al hecho de no haber cumplido su palabra de respetar un acuerdo para ceder la presidencia de la Junta de Coordinación Política al Partido Acción Nacional en el último tramo de esta legislatura, José Antonio Ochoa el pasado 13 de agosto anunció en los medios locales la entrega de su segundo informe de actividades al alcalde Jorge Salum del Palacio, ignorando al electorado que votó por él. Esta falta de tacto político es la que en unos cuantos meses ha terminado con su carrera y sus aspiraciones pues la ciudadanía duranguense cada día está más atenta en las acciones y omisiones que cometen quienes quieren representarla.

Ahora, sin cuadros políticos de reciente formación y con la mayoría de sus perfiles ya totalmente desacreditados, el PAN duranguense solo espera que comience el proceso de las elecciones intermedias de 2021 para comenzar a preparar sus maletas y en 2022 retirarse en definitiva de la escena política para volver a ser lo que siempre fueron: comparsas del gobierno estatal en turno.


COMPARTIR