Temporada de videoescándalos

El año 2020 no deja de sorprendernos. Atrás han quedado los primeros meses que, si bien no pintaban para dibujar un buen año en materia de crecimiento y desarrollo económico, sí lo hacían en cuanto al combate a la delincuencia a partir de nuevas estrategias puestas en marcha para estrangular financieramente el flujo de dinero a los cárteles de la droga y a otros grupos criminales. Sin embargo, las previsiones sobre el quehacer político del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y los partidos de oposición, a partir del segundo trimestre del año fueron fuertemente sacudidas por la pandemia del coronavirus que ya ha cobrado la vida de más de sesenta mil personas y contaminado a decenas de miles más.

Llegó el virus y hubo necesidad de recomponer todo; rehacer las estrategias políticas del gobierno y la oposición; reorientar los presupuestos de todo el aparato gubernamental; fortalecer los proyectos de investigación médica; apuntalar a los pequeños, medianos y grandes empresarios; reconvertir varios hospitales para recibir a los miles de infectados de covid19; rediseñar las estrategias educativas en todos los niveles para no detener esa actividad sustancial. En fin, todo cambió. La certeza se transformó en incertidumbre al paso de los meses. Por momentos parecía que el reto era llegar vivo al final del día.

Así las cosas, al paso de las semanas la luz al final del túnel en lo referente a la salud pública ha comenzado a brillar débilmente, pero ya se mira. Eso no se puede negar. Sin embargo, la oscuridad se hizo presente cuando menos lo esperábamos, y agosto nos trajo la primera gran temporada de videoescándalos de nuestra clase política.

Las primeras entregas aparecieron en el contexto del proceso judicial que se le sigue al ex director de Petróleos Mexicanos, Emilio Lozoya Austin. Recordemos que este personaje está poniendo en marcha su táctica para obtener beneficios de la Fiscalía General de la República a cambio de proporcionar información que lleve a juicio a la camarilla de panistas y priistas que cometieron actos de corrupción relacionados con la compañía Odebrecht, al financiamiento de la campaña electoral de Enrique Peña Nieto, a la aprobación de las reformas estructurales peñistas y a la conformación del Pacto por México.

En este contexto, el primer video que circuló a principios del mes de agosto muestra a varios miembros del PAN recibiendo bolsas repletas de dinero. Se mira a Rafael Jesús Caraveo, ex secretario técnico de la Comisión de Administración del Senado; también a Guillermo Gutiérrez Badillo, ex secretario particular del gobernador panista de Querétaro, Francisco Domínguez, quien, por cierto, inmediatamente lo removió del cargo. No sabemos si por lo que hizo o porque dejó que lo filmaran.

Los videos vinieron a mostrar la nueva narrativa panista materializada y apuntalada por sus prácticas de corrupción e impunidad: Fraudes electorales, imposición de candidatos, uso patrimonialista del presupuesto, changarrización del trabajo legislativo (la llamada cultura del moche), maridaje con grupos criminales, nepotismo rampante, y un largo etcétera.

A no dudar, luego de la exhibición de panistas y priistas en plena pepena de la billetiza, el presidente López Obrador los tenía maniatados. Parecía que el escenario buscado desde inicios del sexenio al fin había llegado: mostrar desde la 4T las andanzas de corrupción e impunidad de quienes diariamente piden la destitución del presidente. Pero había más, las declaraciones de Lozoya Austin también se llevaban de corbata a los expresidentes Carlos Salinas, Felipe Calderón y Enrique Peña. La mesa estaba puesta. Solo era cuestión de comenzar a cenar y seguir la proyección de la filmografía blanquiazul-tricolor.

Pero, si algo tiene la política mexicana y sus insignes hacedores, es que no pierde su capacidad de reinventarse. Sus prácticas para continuar usando de forma personalísima el patrimonio de todos los mexicanos son infinitas.

En plena condena mediática (la judicial aún no llega), del PAN y el PRI, apareció otra pieza fílmica en busca de la codiciada estatuilla. La lucha cinematográfica por aprehender el futuro político de México dio un giro inesperado.

El periodista Carlos Loret de Mola en el sitio LatinoUS presentó un video donde aparecen a cuadro el hermano de AMLO, Pío López Obrador, y David León Romero. El segundo le entrega un sobre con dinero “para ayudar al movimiento” de Morena. Se dice que en poco más de un año el partido del presidente recibió millón y medio de pesos de esta manera. Es cierto que David León no era funcionario gubernamental, sino consultor externo del gobierno chiapaneco de Manuel Velasco; sin embargo, la entrega de ese dinero fue ilegal, y aún falta conocer con certeza el origen de esos recursos. Por otro lado, de haber sido utilizado en actos de campaña, como ha dicho el presidente de la República, ese dinero debió haber sido reportado al Instituto Nacional Electoral.

Aunque la publicación del video de Pío y David es un duro golpe para los seguidores de López Obrador, Morena y la 4T, no deja de llamar la atención la poca cobertura mediática del suceso (en comparación con los videos de panistas y priistas), así como las reducidas plumas contrarias al gobierno lopezobradorista que dejaron pasar la oportunidad de criticar duramente al mandatario federal.

Los videos de Pío López Obrador recibiendo dinero para la campaña de su  hermano

David León dio dinero de Chiapas a Pío López Obrador para campaña de AMLO,  dice Loret, y exhibe VIDEO | SinEmbargo MX

De cara a los videos exhibidos es de urgente necesidad contestar algunas preguntas: ¿Qué dirán los pillados en las filmaciones? ¿Cargarán con todas las culpas o las repartirán? Además de los involucrados en las filmaciones, ¿quién más sabía de los videos? ¿Qué va a hacer López Obrador, actuará en consecuencia a su discurso de lucha contra la corrupción o dejará pasar esa oportunidad de demostrar que su cruzada anticorrupción va en serio?

Sea como sea, estamos frente a dos posibles salidas: la jurídica, un poco más lejana; y la mediática, en el corto plazo en la arena político-electoral.

Así las cosas, en medio de la pandemia del coronavirus millones de niñas, jóvenes y adolescentes de todos los niveles regresaron a su actividad sustancial: estudiar. Es un regreso diferente: la virtualidad como medio para enseñar y aprender. No hay condiciones para asistir a las aulas. Quizá no las tengamos hasta inicios de 2021. La forma de poner en marcha el nuevo ciclo lectivo es a través de las pantallas de televisión. En el caso de las universidades, serán esas casas de estudio las que determinen la manera de regresar a sus actividades, aunque en principio también será vía remota con sus propios recursos.

Nos parece que con niveles de contagio aún elevados no existía otra manera de regresar a las clases, sin negar que un obstáculo que debemos superar es la brecha tecnológica existente en la sociedad. La mayoría de los hogares cuentan con un televisor, pero no todos tienen internet, dispositivos móviles y teléfonos inteligentes. Por ello, el uso de la tecnología instalada por las cadenas de televisión para las clases vía remota resulta una buena alternativa.

En tanto los gobiernos de los tres niveles enfrentan la pandemia del coronavirus, los estudiantes regresan con la virtualidad escolar, la clase política se esmera en demostrar que los videos de sus adversarios muestran mayor corrupción que los propios, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha subido a nuestro país a su arena electoral en busca de quedarse a vivir cuatro años más en la Casa Blanca.

Lo que queda de 2020 no pinta nada bien.


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