Las renuncias de la 4T

El ejercicio de gobierno conlleva dos realidades inseparables de su actividad: el propio desgaste de gobernar y las renuncias de varios integrantes del equipo gobernante. De esta realidad no se ha escapado la presidencia de Andrés Manuel López Obrador y su Cuarta Transformación. Por un lado, es evidente el desgaste por encabezar el poder Ejecutivo federal en tanto no han logrado cumplir el cúmulo de promesas ofrecidas en la campaña electoral a los votantes; y por otro, la desbandada de secretarios, subsecretarios, comisionados, presidentes de organismos y directores. Los nombres y las razones; las reacciones y los reacomodos; la huida y la llegada, los comentamos en seguida.

Son varias las trincheras donde hemos visto cambios en el gabinete presidencial, las razones van desde asuntos personales, renuncias pedidas por el presidente o secretarios de Estado, hasta el desacuerdo con las políticas de esta administración, los proyectos prioritarios y la asignación de recursos.

Josefa González Blanco, fue removida como secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales por retrasar la salida de un vuelo comercial con el pretexto de esperar al presidente de la República. Carlos Urzúa, salió de la secretaría de Hacienda y Crédito Público denunciando la injerencia de grupos privilegiados y poco versados en las políticas hacendarias, pero apoyados por el mismo López Obrador. Esto fue, sin duda, un duro golpe para la 4T. Por su parte, Javier Jiménez Espriú abandonó la secretaría de Comunicaciones y Transportes por no estar de acuerdo con la decisión de asignarle al Ejército Mexicano y a la Marina Armada el control de las aduanas; también se argumentó que los proyectos del Tren Maya y el aeropuerto de Santa Lucía se le habían ido de sus manos. Víctor Manuel Toledo decidió bajarse del barco y salir de la secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, luego de realizar fuertes críticas al gobierno federal, aunque se dijo que el verdadero motivo era de salud.

Germán Martínez dejó la dirección del Instituto Mexicano del Seguro Social argumentando que los recursos asignados al IMSS complicaban su operación y la posibilidad de cumplir adecuadamente con sus obligaciones. Por su parte, Tonatiuh Guillén dejó el Instituto Nacional de Migración por no compartir la política migratoria puesta en marcha por la 4T, como respuesta a la presión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para detener a como diera lugar el paso de personas migrantes por nuestro país rumbo a la Unión Americana. El uso de la Guardia Nacional como muro militar para detener a los centroamericanos derramó el vaso de la paciencia del encargado de Migración.

Simón Levy-Dabbah abandonó la subsecretaría de Planeación y Política Turística de la Secretaría de Turismo, por motivos personales, aunque sabemos que se encontraba en desacuerdo por el bajo presupuesto asignado para cumplir sus labores. Jaime Cárdenas García, quien estaba al frente del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, renunció a su encargo argumentando que existían altos niveles de corrupción y fuertes intereses personales que volvían imposible su trabajo. Guillermo García Alcocer abandonó la Comisión Reguladora de Energía porque no compartía la visión de los nuevos miembros del equipo de trabajo. Por su parte, Mónica Maccise Duayhe salió del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación tras el escándalo por su intento de realizar un foro sobre racismo y clasismo en México, donde se había invitado a participar al influencer Chumel Torres. Las fuertes críticas en las redes sociales por esa invitación desencadenaron su salida.

Por ineptos, por no estar de acuerdo con las políticas del presidente López Obrador o por pugnas internas, muchos integrantes del gabinete del gobierno federal han presentado sus renuncias o han sido destituidos. Por el momento, rumbo a la mitad del sexenio, las cosas siguen igual o peor en el país.

Mara Gómez Pérez renunció a la dirección de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, por considerar que la dependencia estaba perdiendo su “vocación humanista”, que estaba siendo pervertida y que la impartición de justicia había sido reemplazada por una fórmula clientelar, centrada en el reparto de recursos económicos para cubrir la incapacidad del gobierno para llegar a la verdad de los casos que se atendían. Asa Ebba Christina Laurell dejó la subsecretaria de Integración y Desarrollo de la Secretaría de Salud, por tener irreconciliables diferencias con el secretario de Salud, Jorge Alcocer. Quien fuera el presidente de la Comisión Especial de Atención a Víctimas, Jaime Rochín, simplemente se retiró diciendo que su ciclo en este gobierno había concluido. En lo que respecta a Candelaria Ochoa, quien estaba al frente de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, se ha dicho que fue la titular de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quien le solicitó la renuncia en medio de una crisis de violencia de género y los reclamos de organizaciones sociales por la supuesta falta de acciones dentro de la comisión. Finalmente, Eunice Rendón renunció a la Secretaría Ejecutiva adjunta del Sistema Nacional de Seguridad Pública, por no encontrar puntos de acuerdo con el resto de la jerarquía encargada del combate a la delincuencia.

A no dudar, la lista de abandonos del proyecto lopezobradorista es larga, y más si atendemos que llevan en el poder menos de dos años. No obstante, nos parece que tampoco es momento de encender las alarmas porque no existe una situación para salir corriendo. Es decir, los acomodos en los equipos de gobierno nunca dejan de sucederse, en todo caso, se impone al interior de la 4T llevar a cabo una seria reflexión para encontrar las razones de fondo que han generado las sustituciones en el gabinete, porque desde luego, la gente que hoy está al frente de varias dependencias no fueron elegidas en un primer momento para conformar el gobierno; luego entonces, el mismo presidente de la República no los consideraba como los más aptos para desempeñar el papel donde ahora se encuentran. Esperemos que las sustituciones que hemos tenido terminen por generar mejores condiciones de vida para la población. Al tiempo.

En tanto, mientras se mueven las aguas al interior del gobierno de Andrés Manuel López Obrador con miras también a la elección intermedia y a la cita de 2024, el Frente Nacional Anti AMLO (FRENAAA) se apostó en el Zócalo capitalino luego de conseguir que le permitieran pasar e instalar sus casas de campaña frente a Palacio Nacional. Desde luego que cualquier manifestación social debe contar con la garantía gubernamental para llevar a cabo sus reclamos sin importar la tendencia que tenga. Nos parece que eso no está a discusión. Lo que debe llamar a la reflexión es la estrechez de sus demandas, las cuales se encuentran centradas en la renuncia del jefe del Ejecutivo por considerar que no ha gobernado como los miembros del movimiento quisieran, así como el reducido número de participantes en sus manifestaciones.

En tanto FRENAAA siga insistiendo solamente en la renuncia del presidente sin presentar una agenda política medianamente estructurada como opción a la agenda de la 4T, sus reclamos no encontrarán tierra fértil para florecer. Además, no debemos olvidar la narrativa violenta y clasista mediante la cual presentan sus exigencias.


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