La fantasía obradorista

“Cualquier preponderancia de la fantasía sobre la razón es un grado de locura”.
-Samuel Johnson.

Enea Salgado.

Los datos oficiales no coinciden con los “otros datos” del Presidente Andrés Manuel López Obrador, quien se empeña en decir una y otra vez que “vamos bien”, que “lo peor de la pandemia ya pasó”, y que la recuperación económica del país va viento en popa.

Según reportes del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), en 2019 se registraron 34 mil 600 homicidios dolosos; en 2020, se reportaron poco más de 31 mil asesinatos en todo el territorio nacional, un promedio mensual de 2 mil 850 personas asesinadas. Casi 3 mil personas asesinadas al mes en nuestro país. La tragedia nacional que vivimos no se detiene ahí, el pasado 21 de octubre, en Palacio Nacional, Alfonso Durazo se despidió de su cargo como titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), presentando su último informe: homicidios dolosos y feminicidios mantienen una tendencia al alza. Los feminicidios se incrementaron casi en un 10% en comparación con 2019. Así el balance de la desastrosa gestión de Durazo, quien deja una estela de sangre y violencia incontenible por todo el país para ir tras la gubernatura de Sonora.

En los dos primeros años de gobierno obradorista se ha superado la cifra de asesinatos registrados en el mismo periodo de las pasadas administraciones de Peña Nieto y Calderón. Entre 2019 y 2020 se han reportado poco más de 69 mil homicidios dolosos en México.

El 2020, el segundo año del sexenio de López Obrador, cerró como el año más letal del que se tenga memoria en la historia moderna en nuestro país. No hay cifras alegres ni “otros datos” que puedan ocultar la barbarie, el baño de sangre y la espiral de violencia en la que vivimos.

Los datos duros no tienen cabida en el lenguaje presidencial, AMLO ha optado por desacreditar la información oficial que difunde su propio gobierno. Las investigaciones periodísticas basadas en datos oficiales no merecen ni una pizca de su reconocimiento, cada reportaje que exhibe actos de corrupción en su administración recibe su descrédito y su burla. El Presidente no refuta la información, simple y sencillamente ataca al mensajero.

Los datos duros pulverizan el holograma de un país inventado por el presidente López Obrador y sus “asesores”.

En el país que se ha inventado Andrés Manuel, la corrupción no existe por decreto. Las masacres, la tortura y las violaciones a los derechos humanos desaparecieron. El nepotismo, el influyentismo y el amiguismo son lacras de la política que solo existen en los gobiernos neoliberales. Los sobornos se convirtieron en “aportaciones”, el ataque a la prensa crítica desde el atril presidencial no es un abuso del poder, es “una réplica”.

Pero la realidad, la terca realidad, su más incisiva e implacable adversaria, sale todos los días a derrumbarle su fantasía, a arrinconarlo mientras se victimiza y ofrece su resentimiento como catalizador a sus seguidores, a sus propagandistas oficiales y al “pueblo bueno”, ávido de verdad y justicia. Mientras su discurso demagógico crece ante la falta de buenos resultados, mientras despotrica contra gobiernos del pasado y pelea contra molinos de viento, mientras se envuelve con el manto del mártir que llegó al poder por mandato divino para construir una patria nueva… la realidad lo rebasa.

Y la realidad es que, de diciembre de 2018 a julio de 2020, la Fiscalía General de la República (FGR) recibió 522 denuncias por presuntos actos de tortura en contra de servidores públicos civiles y militares, según una nota del portal de noticias Animal Político basada en datos oficiales. En promedio, de acuerdo con el reporte de la FGR, sin contar los últimos cuatro meses, se han reportado 25 nuevos casos de tortura al mes a nivel federal en el actual sexenio.

La realidad es que el Departamento de Justicia de Estados Unidos reveló recientemente que la compañía holandesa Vitol pagó millones de dólares en sobornos a funcionarios de Pemex del gobierno de Peña Nieto y López Obrador a cambio de retener y obtener nuevos contratos.

La realidad es que gracias al reportaje del periodista Mario Gutiérrez Vega, presentado por la plataforma de noticias Latinus, nos enteramos que Pemex otorgó contratos millonarios a una prima hermana del Presidente. Según la investigación, Felipa Obrador Olán no solo obtuvo contratos con la petrolera, pues la Secretaría de Energía (SENER), el Instituto Mexicano del Petróleo y el ISSSTE, entre otras dependencias federales de la actual administración, también dieron contratos sin licitar y sin concurso a la prima del mandatario.

La realidad es que, según la última auditoría realizada por el Órgano Interno de Control de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), esta revela un desvío de poco más de 100 millones de pesos de recursos públicos, monto que se suma a los 50.8 millones de pesos desviados del ya extinto Fondo para el Deporte de Alto Rendimiento (Fodepar) durante el primer trimestre de 2019. Pero la titular de la Comisión, Ana Gabriela Guevara, goza del cobijo del Presidente y de la “implacable” secretaria Irma Sandoval.

La realidad es que la gran mayoría de los “superdelegados” de AMLO, sin rendir cuentas, renunciaron al cargo para contender por las gubernaturas de sus estados. Casi una veintena de ellos tienen denuncias por nepotismo y desvío de recursos públicos, y uno de ellos enfrenta una denuncia por abuso sexual. Tres de ellos: el diputado federal Juan Carlos Loera, de Chihuahua; Pablo Amílcar Sandoval, de Guerrero; y Aldo Ruíz, de Aguascalientes, promocionan su imagen a través de espectaculares presuntamente pagados por empresas editoriales que publicitan revistas o libros y en cuya portada está el rostro de los hoy candidatos a gobernadores en dichos estados. Prácticas añejas y tramposas conocidas, las cuales son disculpadas por quienes afirman ser los “protagonistas del cambio verdadero”.

La realidad es que por la crisis sanitaria y económica que vivimos, más de un millón de micro, pequeñas y medianas empresas cerraron y bajó en 4.1 millones el personal ocupado en pequeños negocios, según un informe reciente del INEGI.

La corrupción y la impunidad siguen gozando de cabal salud en México, por más que el Presidente saque su pañuelo blanco en sus conferencias matutinas anunciando su fin. La realidad que ofrecen los datos duros es inflexible con el hombre que vive en el país que se inventó. Ni la más alta y sólida popularidad entre sus gobernados puede impedir que la realidad le desmonte su fantasía.

(elmananerodiario.com)


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