El Presidente de la nulidad

Luis Cárdenas.

Los datos en Palacio vaticinan eso que lo tiene al borde de una ira que ya no Intenta o no puede disimular en sus mañaneras: Morena perderá muchas posiciones.

“Nunca intentes ganar por la fuerza lo que puede ser ganado por la mentira”, Maquiavelo.

López Obrador no puede ser tan ingenuo. Aquello de que “su pecho no es bodega” no es más que la frase trillada de un viejo político que en el fondo siempre miente y manipula. Nuestro presidente es un autócrata, es un hombre totalitario, es un ser de mecha corta y explosivo, rencoroso, lleno de complejos no resueltos… Pero nuestro presidente no es tonto, ni un pelo.

El presidente sabe que su movimiento está perdiendo simpatías, su crueldad frente a lo ocurrido en el Metro de la Ciudad de México al negarse a visitar la zona de conflicto y “dar vuelta a la página” mostró su pequeñez política pero, aún más, su alejamiento del pueblo al que tanto dice pertenecer.

El presidente López Obrador, un mandatario desesperado que utiliza al corrupto titular de la Fiscalía General de la República, Alejandro Gertz Manero, para golpear a los candidatos opositores que podrían ganar elecciones a los candidatos del partido oficialista, Morena.

Los datos que le han mostrado en Palacio Nacional, en los cuartos de guerra permanentes por el proceso electoral, vaticinan eso que lo tiene al borde de una ira tocada que ya no intenta o no puede disimular en sus mañaneras: Morena y su movimiento perderán muchas posiciones, el 6 de junio será un día negro para la 4T.

Nuevo León, por ejemplo, es ya una derrota segura, no hay forma de levantar a Clara Luz Flores ni con ofrendas a la madre tierra, ni siquiera con la FGR presionando a los punteros con acusaciones a modo y sin fundamento ni competencia pues, en estricto sentido de derecho, la investigación corresponde a la fiscalía local y no a la federal, pero los dichos de López Obrador esconden algo peor y mucho más profundo que un simple berrinche.

Adrián de la Garza y Samuel García, los candidatos punteros en las encuestas de Nuevo León.

El presidente ha contaminado todo el proceso electoral, nadie puede negar, ni él mismo, que está interviniendo en la elección y la consecuencia de ello, bajo complejos argumentos jurídicos, sería la posibilidad de anular muchas elecciones por inequidad en la contienda.

El camino, evidentemente, no es fácil, pero aunque el presidente viva ensimismado en el pasado sabe muy bien que ya no son los tiempos del fraude ordenado desde Palacio, que Manuel Bartlett no puede volver a tirar el sistema y que los mapaches, las urnas embarazadas y demás nostalgias viven solamente en su cabeza.

Entonces, le queda un solo camino: buscar la nulidad de las elecciones donde la diferencia entre el primer y segundo lugar sea de menos de cinco puntos y, claro, armar narrativas de fraudes imaginarios tal como lo hizo Trump para buscar, dado su propio estropicio, la repetición de las votaciones donde pierda.

En el caso de Nuevo León, ya se baraja incluso a una nueva candidata para la “segunda vuelta” y se han encendido focos rojos para Michoacán, Campeche, Baja California Sur y al menos cinco alcaldías de la Ciudad de México que pueden terminar en derrotas muy cerradas.

Es un fraude al estilo de la 4T, mucho peor que los anteriores.

DE COLOFÓN

Si piensan que el chivo expiatorio del desastre en el Metro se llama Miguel Ángel Mancera puede ser que se les caiga otro tren. ¿Cómo va la popularidad de la Jefa?

(eluniversal.com.mx)


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