Elecciones 2021

El próximo 6 de junio millones de mexicanos saldrán a depositar su voto en las urnas, y aunque serán menos de la mitad del padrón tendremos la jornada electoral más grande de la historia. El listado nominal definitivo para la cita electoral es de 93 millones 528 mil 473 ciudadanos, la cifra representa un incremento de casi 4 millones de electores con respecto a los comicios presidenciales de 2018.

No obstante, no es un secreto que las elecciones de medio término generan menor interés en la ciudadanía con respecto a las elecciones donde está en juego la presidencia de la República. La diferencia porcentual entre cada cita a las urnas es significativa. Mientras en el año 2000 la participación fue de 63.9%, en 2003 cayó a 41.1%; en 2006 votaron 58.5% del padrón electoral y tres años después solo el 44.6%; en 2012 llegamos a 63.1% y en 2015 caímos a 47.7%; en 2018 rompimos el récord de participación con 63.4%. En promedio, la caía en la votación es de 15 puntos porcentuales. Aunque también es cierto que del 2000 a la fecha la participación en las elecciones intermedias ha ido en aumento. Bajo esta lógica, en las próximas elecciones del 6 de junio acudirán a depositar su voto alrededor del 47% de las personas empadronadas.

La magnitud de las elecciones no solamente se debe a los millones de empadronados, sino a los 20 mil puestos de elección que estarán en juego. Se renovará la Cámara de Diputados federal, las gubernaturas de Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas, así como las alcaldías de la Ciudad de México, los ayuntamientos y sus cabildos y los Congresos locales.

Olga Sánchez Cordero representará a AMLO en Argentina, El Siglo de Torreón
82 políticos han sido asesinados durante este proceso electoral, que ya se perfila como el más sangriento en la historia de México. Exfuncionarios, alcaldes, aspirantes y candidatos locales han sido acribillados por el crimen organizado en varios estados de la República ante las fallidas políticas de seguridad pública y seguridad nacional implementadas por el presidente, Andrés Manuel López Obrador y su secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero.

Por otro lado, los resultados de la jornada moverán cualitativa y cuantitativamente la correlación de fuerzas políticas que hoy están en el poder y seguramente algunas saldrán de él, y otras más que se encuentran en la periferia podrán colocarse en el centro. De las 15 administraciones estatales en juego, el PRI gobierna ocho; el PAN, cuatro; Morena, uno; PRD, uno, y una más por un independiente. Ese rompecabezas necesariamente cambiará. Lo mismo sucederá en el Congreso federal, donde la presencia de Morena y sus aliados seguramente verán reconfigurarse su fuerza y su tamaño.

Las elecciones se dan en un ambiente de elevada confrontación y polarización ciudadana. El proyecto de nación lopezobradorista ha generado respaldo entre el electorado, pero también descalificaciones de varios sectores de la población. Desde la llegada a Palacio Nacional el tabasqueño no solo ha enfrentado los problemas propios de la presidencia de la República, con sus errores y aciertos en el ejercicio del poder, sino también las diversas posiciones políticas y económicas de la oposición aglutinada en partidos políticos, grupos empresariales y ciudadanía en general.

En este contexto de enfrentamiento y descalificaciones cotidianas entre gobierno y oposición, así como el desencanto y desinterés de amplias capas de la sociedad, Morena buscará ampliar su mayoría en San Lázaro para consolidar los cambios propuestos por Andrés Manuel López Obrador en su Cuarta Transformación, mientras la oposición unida en un Frankenstein electoral sin pies ni cabeza y menos principios ideológicos y programáticos comunes, intentará frena el avance de Morena y detener los cambios que seguramente pretende hacer el partido del presidente en la segunda parte del sexenio. Además de frenar el avance de Morena, los partidos de oposición buscarán recuperar varios espacios de poder que perdieron en la aplastante derrota de 2018.

Una de las principales herramientas propagandísticas de la oposición ha sido el llamado al voto útil. Bien a bien no queda claro a qué se refieren con ese llamado, pues a nivel nacional presentan una coalición y en los niveles locales, sean estatales o municipales, ese voto útil no encuentra eco porque las alianzas son de naturaleza diferente a la nacional, incluso hasta contrarias a los postulados aliancistas que se mandan desde la capital de la República hacia los estados. Así, la población queda con poca y confusa información sobre el sentido de su voto que le está pidiendo la oposición.

En ese sentido, la elección de medio término podrá ser definida más por el voto duro que el sufragio útil. Esto lo deducimos por la baja calidad de los candidatos, la pobreza de propuestas y la poca conexión con el electorado, lo que terminará por inclinar la balanza hacia los sufragios seguros de los incondicionales de los partidos, antes de generar nuevas adhesiones o simpatías. Por más alianzas que se realicen, por más sumatorias que se proyecten imaginando el aumento de las votaciones para cada partido, por más publicidad del voto útil, al final del día, las elecciones de junio próximo las decidirán los votantes duros de cada instituto político.

Este escenario termina beneficiando, en la mayoría de los casos, a los partidos políticos que se encuentran en el gobierno sin importar el nivel que sea, así como en los congresos locales y federal. La mejor manera de ganar una elección a partir del voto útil es con buenos candidatos y propuestas serias, pero esto no les interesa a los partidos ni tampoco a la sociedad. Lo que vimos en estas semanas de campañas lo confirma. Esta realidad explica el bajo nivel de las campañas electorales: en el fondo a los partidos políticos que ahora son gobierno les preocupa más no perder el voto duro antes que ganar nuevos electores.

La ruta de campaña planteada por Morena tiene muy claro el camino que quiere recorrer. Primero ganar la mayoría en el Congreso federal, luego, los congresos estatales, le seguirían las presidencias municipales y la presencia en los cabildos y finalmente las gubernaturas. En ese orden van los intereses de Morena, sea solo o con las alianzas partidistas. Todo ello, desde luego, anclado al 68% de supuesta aprobación ciudadana a la presidencia de López Obrador.

La oposición se ha centrado en crear un frente común contra el partido del presidente, su principal apuesta es cerrarle el paso a una mayor presencia en el legislativo federal y los Congresos locales. Por otro lado, la oposición proyecta que con una ligera recuperación de sus espacios en San Lázaro podrá negociar sus votos a favor de la 4T a cambio de apoyo para sus gobiernos locales y sacar adelante algunas de sus propuestas.

Según las encuestas al día de hoy, los resultados del 6 de junio podrán acercarnos no a un mayor despegue, sino a un peligroso atorón por todos lados. Morena seguramente no alcanzará la mayoría absoluta en San Lázaro, lo cual detendrá algunas de sus propuestas a menos que pacte con algunos grupos; sin embargo, a nivel estatal el crecimiento del partido en el poder será suficiente para detener proyectos de gobiernos opositores, con lo cual Morena podrá negociar el avance de sus reformas a nivel nacional a cambio de apoyar los proyectos estatales ajenos a su partido. Mientras, en los estados donde gane el partido del presidente seguramente avanzará con mayor fuerza y sin ceder muchos espacios a la oposición.

Así miramos el panorama una semana antes de la cita electoral. Urnas disputadas, ciudadanos enfrentados y desencantados, oposición débil y desarticulada, gobierno sin un rumbo claro en muchos sentidos. El país navegando de un lado para otro sin poder encontrar la brújula común hacia dónde dirigir al gobierno y a la sociedad civil.

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